El Mus castizo


Hay una regla no escrita en el juego del mus según la cual se puede (y se debe) «picar» al adversario durante la partida mediante la exageración, la burla y la ironía respecto a sus fallos y nuestros aciertos, sin que el otro tenga derecho a enfadarse seriamente. Una vez terminada la partida, todo lo dicho queda olvidado (hasta la siguiente), y los cotrincantes vuelven a ser tan amigos como antes.

La política ha tomado algunos «vicios» del juego de cartas pero no todas sus virtudes. Por ejemplo el noble arte del «faroleo» se ha hecho ya tan crónico en las campañas electorales que pocos son los inocentes que esperan que alguna promesa electoral termine realizada.

Y entre nuestros «musolariak» políticos, hay una alumna aventajada en los vicios del naipe; doña Isabel Díaz Ayuso que, emparejada con el también jugón Miguel Ángel Rodríguez, hacen juego día sí y día también gracias a su dominio del farol, la fantasmada y el órdago.

El último ejemplo lo tenemos en las subvenciones al transporte público. El Gobierno de España (PSOE-Ps) anunció hace un mes una serie de medidas de ahorro energético entre las que se contaba una reducción del precio del billete de renfe. Ayuso y sus palmeros salieron en tropel a criticar y ridiculizar la propuesta; «chequevotos», lo llamaron, y el Consejero de Transportes llegó a mostrar su preocupación por la saturación del transporte público por culpa de la medida. La exageración, la burla y el drama impostado propio del juego de azar cuando el oponente sorprende con un lance arriesgado.

Ahora ha llegado el turno de Ayuso y juega sus cartas anunciando una subvención aún mayor para todos los abonos de transporte de la Comunidad (metro, autobús y renfe), es decir, un «envido más» que roza el órdago. Poco importan ya las críticas y las mofas de hace un mes por hacer lo mismo, hoy toca dar argumentos muy serios sobre las bondades de la medida que ayer se criticaba.

El Consejero de Transportes no ha dicho nada (que sepamos) sobre la saturación que puede provocar su órdago. Pero, a diferencia del mus, en esta partida las apuestas no son «piedras» sino miles de millones públicos.

Móstoles informa