La jerarquía católica: campeona de la reacción y la xenofobia, por Agustín Canales


obispofachaEn nuestro comunicado de 14 de noviembre, sobre los atentados en París, alertábamos  de que estos atentados van a reforzar las corrientes xenófobas y racistas que alarmantemente se extienden por el continente europeo, a la vez que van a servir de justificación a los gobiernos para reforzar la represión y cercenar los derechos civiles”.

Pues bien, uno de los sectores que están echando leña al fuego, que están promoviendo esas corrientes y, por ende, ayudando a poner una alfombra roja al recorte de libertades y a la represión son los prebostes de la Iglesia católica española.

El señor J. Ignacio Munilla, a la sazón Obispo de San Sebastián, utilizó abyectamente la tragedia y el dolor para apuntalar la ideología excluyente y xenófoba de su secta. Así, saltó cual resorte horas después de conocerse los atentados para apoyar las ignominiosas palabras de su cristiano colega, Antonio Cañizares. Se podía leer en su twitter que El cardenal Cañizares fue injuriado por alertarnos del peligro. ¡Cuántas lecciones nos da la historia!”, y lo remata cínicamente con al hashtag “#PrayForPeace” (“oración por la paz”). 

¿Y qué decía el señor Cañizares? A mediados de octubre se preguntaba retóricamente, en relación con la llamada crisis de los refugiados, “¿Qué nos está pasando en Europa?” y si esta “invasión” de inmigrantes y refugiados “¿es todo trigo limpio o viene con mucha mezcla?”. Y respondía que los “perseguidos” son “muy pocos”, que no se puede “dejar pasar todo” porque estas personas son “realmente el caballo de Troya dentro de las sociedades europeas y, en concreto, la española” (los subrayados son nuestros), mostrando su preocupación por el destino de Europa si se acepta esta “mezcla”.

El mismo mensaje han trasladado, después de los atentados, los dirigentes de extrema derecha o filofascistas europeos como la francesa Marine Le Pen (calcado al del páter) o el Ministro de Asuntos Europeos polaco, K. Szymanski. La primera decía: “Nuestros temores y nuestras advertencias sobre la posible presencia yihadista entre los inmigrantes que alcanzan nuestro país son por lo tanto una realidad desgraciadamente concretada en estos sangrientos atentados”. Y ha solicitado “el cese inmediato de toda acogida de ‘inmigrantes’ (incluye refugiados) en Francia. Y el segundo: “La decisión de la UE, que nosotros criticamos, para la reubicación de refugiados e inmigrantes tiene carácter vinculante. Tras los trágicos acontecimiento no vemos posibilidades políticas de aplicarlos”.

Unos y otros identifican inmigración con terrorismo; criminalizan a los inmigrantes. Esta coincidencia no es casual sino causal. La historia de la Iglesia católica, es la historia de la reacción. Lo marca el ADN de su ideología, común en muchos aspectos con los sectores reaccionarios de la sociedad, en cada momento, y con la extrema derecha actual. Así, les ha llevado históricamente a ir de la mano del conservadurismo social, de la reacción política de cada época histórica. Y cuando en un determinado momento surgió el fascismo fue en comunión con él. Recordemos, por ejemplo, al Papa Pio XII. E, incluso, las buenas relaciones del actual mundanal representante de Cristo, y sus colegas argentinos, con Videla (porque consideraban que un fracaso del régimen “llevaría, con mucha probabilidad, al marxismo”). En España, lamentablemente, sabemos mucho de eso. De nuevo ahora, en el siglo XXI, en momentos de crisis en que el capital quiere poner grilletes y mordaza al trabajo, enemigo peligroso de unos y otros, vemos cómo andan por el mismo camino.

La curia de la Iglesia Católica participa con gusto en el mezquino juego de la burguesía de dividir y enfrentar a los trabajadores, a los pueblos, a las razas, para debilitarlos y ayudar a sojuzgarlos bajo la bota de los esclavistas modernos, quitarles sus conquistas, derechos y libertades, que tantas décadas de lucha, sudor, sangre y muertes han costado.

Por otro lado, cuando un animal está herido se vuelve agresivo. Así le pasa a la jerarquía eclesiástica. Su Iglesia (que de ecclesïa, “Asamblea”, le queda solo el nombre) en medio de una sociedad cada vez más laica, en el sentido de menos creyente, desprestigiada (el primus inter pares se esfuerzo por revertirlo), con sonados y numerosos casos de pederastia y corrupción, con hechos que contradicen palmariamente su doctrina; su iglesia, decimos, ve carcomerse el trono de madera sobre el que sientan sus católicas, apostólicas y romanas posaderas. ¡Y es que solo faltaba que viniera la competencia! No queremos (piensan en el fondo) musulmanes que nos invaden y son un peligro para nuestros valores cristianos, nuestras tradicionales y milenarias creencias, nuestra civilización cristiana occidental. ¡Hay que combatirlo! Y hacen un llamamiento a los nuevos cruzados, a los Hollande, Cameron, Rajoy y cía, que braman por la guerra (santa) en Siria.

En el citado comunicado, Republicanos hacíamos un “llamamiento a los sectores populares para combatir la tendencia a criminalizar a los inmigrantes y oponerse resueltamente a las políticas represivas cuyo único objetivo es impedir y amordazar la protesta popular”.

Ello pasa por combatir estos mensajes calumniosos, xenófobos y racistas de la jerarquía católica española que alientan los movimientos y elementos fascistas y de extrema derecha y a los gobernantes del capital a iniciar nuevas guerras de rapiña y recortar libertades.

¡Vade retro Satanás!