Semana Santísima (o como los políticos persiguen la zanahoria de la religión), por Miguel Angel Sanchez-Izdo


(abril de 2017) Sí, soy ateo. Orgulloso de ello. Vengo de una familia que cree en uno de los muchos dioses que existen en el imaginario de los seres humanos: el de los cristianos. Yo fui educado en esa tradición. Seguí los dos ritos iniciáticos “normales”: bautizo y comunión. Un buen día decidí, tras muchas horas de lectura y reflexión que, como dice W. Allen, creía mas en el aire acondicionado que en Dios. El aire acondicionado también me falló por su gran contribución al cambio climático. Pasé entonces a una nueva fase, también descrita magnificamente por Woody Allen: “fui del cristianismo al narcisismo”. Estoy seguro de que he ganado mucho con el cambio de Dios.

Esta introducción sirve para que todos aquellos que no compartan mi reflexión de hoy puedan tener un buen argumento para despreciarla (como si eso hiciera falta en los tiempos que corren): “se opone a la religión y por eso la ataca con lo que puede”. ¡Qué Dios los perdone!
Estamos en plena Semana Santa y resurge la fe de millones de personas por la fiesta y la hipocresía. Si todos los que salen con sus mejores galas a dejarse ver en procesiones fueran a la Iglesia y reclamaran de esta comportamientos que dignifiquen a Jesucristo y no a sus cargos (¡cómo se parece la Iglesia a la política!, ¿será por qué Jesucristo no dejaba de ser un político?) mejor concepto tendríamos los ateos de esa institución que, actualmente, agrupa a parte de lo mas dañino de la sociedad (misóginos, pederastashomófobos, integristas, …) y que pretende un monopolio de la moral y lo correcto.

Mi intención no es cargar contra la Iglesia. Esta entrada habla, muy en el fondo, de política y políticos. Mas de estos últimos cuando corren a escoltar las procesiones religiosas. La raíz es este tweet de Noelia Posse, Concejala del Ayuntamiento de Móstoles en el que dice representar a los ciudadanos.

En primer lugar, la Constitución española en su artículo 16.3 establece que: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones“. En este artículo se establece la aconfesionalidad del Estado y se deja abierta la puerta a cooperar con todas las confesiones religiosas. Cooperar.
En segundo lugar, una de las acepciones de representar en la RAE es: “Sustituir a alguien o hacer sus veces, desempeñar su función o la de una entidad, empresa, etc“. Es decir, si nos atenemos al significado, nuestra Concejala estaba sustituyendo a alguien. Evidentemente es falso. Todo aquel que quiere estar “acompañando” la procesión está presente, no necesita ser representado.
Entonces, ¿qué hacen representantes políticos en procesiones religiosas católicas -no he visto a ninguno sacarse fotos en sinagogas o mezquitas-? Tengo varias ocurrencias:
  • (1) Hacerse la foto para darse publicidad. Son políticos, es decir, necesitan que el público los reconozca e incluso empatice con ellos -“es uno de los nuestros”-. Y, si soy malicioso en este caso puedo hasta jugar con el hecho de que el PSOE de Móstoles esta dividido: tenemos a un alcalde foráneo, David Lucas, que apoya a Susana Diaz y sus barones (aunque hace no mucho apoya a PdrSnchz) y a una Concejala, Noelia Posse, que apoya al “rebelde” Pedro Sanchez.
  • (2) No se atreven a decir: “hasta aquí hemos llegado, vivimos en un Estado que según la Constitución es aconfesional y que aspira a ser laico. Separemos de una vez Estado y Religión”.
  • (3) Miedo, mucho miedo a que el Partido Popular pueda criticar este acto de autoafirmación en las leyes y convicciones, y saque provecho hurgando en la herida (el texto inicial ponía mierda pero podría herir sensibilidades de manera innecesaria).
  • (4) Manteniendo la vinculación que fija el eslogan: #PPsoe, a grandes rasgos son la misma cosa (aunque uno tiene muchos complejos y el otro mucho morro).
  • (5) No hayan reflexionado sobre el asunto.
El Estado español se empeña en seguir atado a la Iglesia, a la que mantiene sus privilegios económicos y jurídicos, concede honores como entregar medallas a Vírgenes o hacer ondear banderas a media asta en Semana Santa. Esta relación de malsana dependencia hace que cada vez que pienso en el futuro de este país solo pueda ver oscurantismo que todo lo impregnarlo. Una España de capirotes y mantillas.
Karl Marx decía que “la Religión es el opio del pueblo“. Vivimos en una sociedad politoxicómana, con un alto grado de inmadurez que impide desintoxicarse -o, incluso, reconocer las adicciones-. No aspiro a ver el final de las religiones, me conformo con que los políticos estén a la altura y den pasos firmes hacia una sociedad laica. La religión, como la droga, es un asunto privado.