La memoria democrática de Granada exige aclarar la desaparición de los libros de enterramientos de 1931 a 1939


LA ASOCIACIÓN GRANADINA PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA LAMENTA EL SILENCIO EN TORNO A ESTE EPISODIO

Detalle de la tapia del cementerio de Granada donde fueron asesinadas por el franquismo miles de personas.

Piezas clave para la investigación y para la reparación moral a las víctimas del franquismo, nunca se ha investigado quién dio la orden y cómo se hicieron desaparecer unos documentos oficiales del cementerio sobre los que existe deber de custodia.

Miles de víctimas del franquismo fueron sepultadas en fosas y mantener su memoria no es una tarea fácil. Menos aún en Granada capital, donde desaparecieron los libros de enterramientos del cementerio de esa época. Los libros de ‘los muertos de la guerra’, como algún empleado municipal llamaba aún, hace pocos años, a esos documentos. En concreto no están los libros que recogían enterramientos entre 1931 y 1939, desde el inicio de la II República hasta el final de la guerra civil.

Esos libros estuvieron localizados y fueron consultados. Lo hizo en su día Molina Fajardo, que lo reflejó en su obra ‘Los últimos días de García Lorca’, y también el hispanista Ian Gibson. Pero en algún momento entre el final de la dictadura de Franco y los primeros años de la democracia se hicieron desaparecer. Ese momento coincidiría con la destrucción de otros documentos oficiales con datos que reflejaban la represión: en el entonces Gobierno Civil una inundación acabó con esa información oficial y en la cárcel provincial, un incendio los destruyó y solo dejó fichas, pero no expedientes.

“Se destruyeron vestigios del terror que hubo en Granada”, explica en una conversación con El Independiente de Granada Rafael Gil Bracero, presidente de la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica y destacado investigador, que se ha topado con ese silencio y que se pregunta cómo hasta ahora no se ha propuesto una comisión de investigación en el Ayuntamiento de Granada que arroje luz sobre lo sucedido.

Granada, opina, ha sido “cainita” con los archivos del franquismo; y “ese cainismo frustra al investigador”. Gil Bracero recuerda que a poco más de cien kilómetros, en Málaga, donde se ha “respetado” esa fuente documental, se han podido recuperar los restos de 2.400 represaliados. En Granada, sin embargo, los investigadores han debido acudir a otra fuente, el Registro Civil, donde en la década de los ochenta aun se estaban asentando los datos de las víctimas. Hasta entonces, sus familias no habían tenido “valor” de ir a formalizar ese trámite, lo que reafirma la idea del doble dolor que vivieron los familiares, no solo por la pérdida y el escarnio al que fueron sometidos.

La desaparición de esos datos oficiales impide localizar en el cementerio de San José de Granada los lugares donde se habilitaron las fosas. En las tapias del cementerio fueron fusiladas alrededor de 4.000 personas. Y a las fosas de ese cementerio probablemente llegaron también los restos de otras víctimas que eran encontradas en caminos de pueblos del Área Metropolitana.

Gil Bracero apunta un dato: en el caso de Pinochet, con 30 casos se sacó adelante un crimen de lesa humanidad.

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Detalle del memorial a las víctimas del franquismo. A.V.CASASOLA
Detalle del memorial a las víctimas del franquismo. A.V.CASASOLA

“Los libros de enterramiento son sagrados en un ayuntamiento”, recuerda Gil Bracero, que fue alcalde de Pulianas. Un secretario debe velar por el cumplimiento fiel de la normativa. “¿Cómo es posible que desaparezcan?”, se pregunta añadiendo un dato: en el archivo municipal se conservan libros del siglo XIX, pero esos no.

En las últimas cuatro décadas se han producido cambios importantes: la gestión del cementerio pasó a manos de Emucesa -donde tampoco consta esa documentación- y el camposanto fue ampliado. ¿Se sacaron los restos de las fosas existentes para trasladarlos a otro lugar o incinerarlos? ¿Se construyó parte de la ampliación sobre fosas de víctimas del franquismo?

Son preguntas que quedan sin responder.

Esta insólita situación quedó reflejada cuando el ahora exmagistrado Baltasar Garzón activó, en la Audiencia Nacional, la mayor investigación sobre desaparecidos durante el franquismo, una causa finalmente cerrada sin avances. En el marco de la investigación judicial el Ayuntamiento de Granada alegó que no tenía información sobre las fosas y los únicos datos que aportó fueron los de medio centenar de víctimas que, según aclaró entonces -2008- el gobierno municipal del PP, fueron recogidos a partir de 1939.

Primer 1 de noviembre con memorial 

La inauguración del memorial a las víctimas del franquismo el pasado verano ha dignficado la memoria de víctimas que fueron condenadas al olvido. Se levanta junto a la tapia del cementerio que, en uno de sus patios, sí que conserva un recuerdo para los ‘caídos por la patria’, “perfectamente señalados mientras otros permanecían tirados por cunetas o enterrados bajo tierra”. Este 1 de noviembre tendrán un lugar para su digna memoria. Son días muy señalados, de mucho respeto hacia los muertos.

El presidente de la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica insiste en que no puede entenderse que tras cuarenta años de democracia nadie en el Ayuntamiento haya reparado en la falta de esa documentación ni ordenado la más mínima diligencia para averiguar.

Al respecto, Gil Bracero apunta que no se trata de “venganzas ni juicios”, es el derecho a conocer y a investigar. Y evitar que, si no existe la fuente, alguien tenga la tentación de decir que no ocurrió nunca.

Independiente de Granada