La batalla de El Soto: análisis político de una crisis local, por J.P. Galindo


Acaba de terminar una batalla política de calado aun difícilmente calculable por la proximidad temporal de los hechos. Durante un mes y once días el gobierno de Móstoles ha desafiado a su propio pueblo, mostrándose decidido a imponer un macrofestival en una de las zonas verdes más representativas, históricas y peculiares de nuestra ciudad, debiendo finalmente reconocer su derrota frente al movimiento vecinal.

Y es que la primera particularidad de este enfrentamiento es que quien ha doblado el brazo al gobierno no ha sido ni la oposición ni los aliados de la Alcaldesa y Concejal de Festejos, sino el movimiento vecinal y las fuerzas políticas alternativas (Ecologistas en Acción y SOMOS, fundamentalmente) quienes, lejos de hacer política de despachos y elegantes juegos de equilibrios, hemos estado trabajando en estrecho contacto para alcanzar este objetivo. La maniobra de las Asociaciones de Vecinos de abandonar los órganos de participación vecinal del Ayuntamiento ha sido clave en este proceso (y no ha quedado sin consecuencias, como veremos) así como las tareas de agitación informativa en calles, barrios y en el propio Parque Natural que llevamos a cabo desde  principios del mes de julio.

La segunda cuestión es que las fuerzas “del cambio” que se presentaron a las elecciones municipales justificando el “asalto a las instituciones” como necesario para forzar la regeneración de la política corrompida, y que en Móstoles pasaron de dar apoyo exterior al gobierno a coaligarse con las viejas fuerzas de la “casta” del PSOE y los “ladrillo boys” de IUCM sólo un año después de las elecciones, han quedado tras esta batalla tocadas de gravedad. Su estrategia política, su juego de despachos y alianzas, se ha demostrado impotente a la hora de doblegar la voluntad de su socio preferente. Pero además todo su potencial político y humano no ha sido movilizado para esta justa causa (su prioridad era el trabajo institucional) restando al movimiento de una masa crítica que podría haber desatascado la situación mucho antes (lo que no obstante, no les impide presentarse ahora como los grandes vencedores del conflicto)

El tercer factor es una consecuencia; y es que esta batalla ha dejado más heridas de las que se observan a simple vista. En el proceso ha salido a la luz un oscuro juego de alianzas en el que se han usado medios de comunicación como verdaderos torpederos contra el tejido asociativo, señalando al portavoz de las Asociaciones de Vecinos Coordinadas por una infracción cometida hace casi diez años (la venganza por el abandono de los órganos participativos del Ayuntamiento) se han puesto de relieve actitudes inaceptables en ciertos elementos de la política institucional y se ha desatado todo un intento de “guerra sucia” desde nuestras propias cloacas institucionales con el objetivo de imponer la voluntad del PSOE contra todos. El comunicado en el que el gobierno reconoce su derrota es un documento inédito, del que se trasluce la premura y la rabia de su redacción, desde donde no se duda en afirmar que ha soportado “acusaciones e insinuaciones injuriosas” y en amenazar veladamente con una posible cancelación del festival al decir que se espera “que pueda celebrarse en otra ubicación” una vez descartado el uso del Parque Natural del Soto. La profundidad de esas heridas aún es desconocida.

Por último, mientras los aliados del gobierno tratan de reconstruir puentes y volver a la normalidad dando por acabada la guerra tras esta batalla, quienes hemos estado al pie del cañón aún debemos ser cautos. El festival aún no se ha reubicado, ni en el tiempo ni en el espacio después de este giro de los acontecimientos, con lo que la amenaza  continúa latente. Las Asociaciones de Vecinos siguen fuera de los órganos municipales, las acusaciones y ataques lanzados desde posiciones de poder aún no han sido rectificadas y, quizás lo más importante, el tejido social extra institucional puede haber reencontrado el camino de agitación y protesta vecinal abandonado hace décadas. Si así fuera, el futuro de la democracia real y participativa podría estar más cercano de lo que a muchos les gustaría. Nuestro trabajo es conseguirlo.

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