ALEMANIA. Con Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht por las calles de Berlín, videos y artículos


Miles de personas se unieron a los miembros del partido alemán «Die Linke» en su marcha por Berlín para conmemorar el 101º aniversario de las ejecuciones de los líderes comunistas Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht en 1919.

Los participantes marcharon a lo largo de la calle Frankfurter Allee portando banderas rojas y pancartas mientras coreaban eslóganes hasta llegar al cementerio central de Friedrichsfelde, donde depositaron claveles rojos y coronas junto a las tumbas de Luxemburg y Liebknecht.

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Espada y llama de la revolución, su nombre quedará grabado en los siglos como el de una de las más grandiosas e insignes figuras del socialismo internacional

Rosa Luxemburgo, en su casa en Berlín en 1907. Wikipedia 

 Josefina L. Martínez.  15 de Enero de 2017
Mehring dijo una vez que Luxemburgo era “la más genial discípula de Carlos Marx”. Brillante teórica marxista y polemista aguda, como agitadora de masas lograba conmover a grandes auditorios obreros. Uno de sus lemas favoritos era “primero, la acción”, estaba dotada de una fuerza de voluntad arrolladora. Una mujer que rompió con todos los estereotipos que en la época se esperaban de ella, vivió intensamente su vida personal y política. 

Era muy pequeña cuando su familia se muda desde la localidad campesina de Zamosc hacia Varsovia, donde transcurre su niñez. Rozalia sufrió una enfermedad de la cadera, mal diagnosticada, que la deja convaleciente durante un año y le produce una leve renguera que dura toda su vida. Perteneciente a una familia de comerciantes, siente en carne propia el peso de la discriminación, como judía y como polaca en la Polonia rusificada.Empezó a militar a los 15 años. Según su biógrafo, varios dirigentes socialistas fueron condenados a morir en la horca, algo que impactó en la joven estudianteLa actividad militante de Rosa comienza a los 15 años, cuando se integra al movimiento socialista. Según su biógrafo P. Nettl, tenía esa edad cuando varios dirigentes socialistas fueron condenados a morir en la horca, algo que impactó profundamente en la joven estudiante. “En su último año de escuela era conocida como políticamente activa y se la juzgaba indisciplinada. En consecuencia, no le concedieron la medalla de oro por aprovechamiento académico, a la que era acreedora por sus méritos escolares. Pero la alumna más sobresaliente en los exámenes finales no solo era un problema en las aulas; para entonces era, de seguro, un miembro regular de las células subsistentes del Partido Revolucionario Proletariado”.Alertada de que había entrado en el foco de la policía, Rosa emprende una huida clandestina hacia Zúrich, donde se convierte en dirigente del movimiento socialista polaco en el exilio. Allí conoce a Leo Jogiches, quien será amante y compañero personal de Rosa durante muchos años, y su camarada hasta al final.Después de graduarse como Doctora en Ciencias Políticas -algo inusual para una mujer en ese entonces-, finalmente decide trasladarse a Alemania para integrarse en el SPD, el centro político de la Segunda Internacional. Allí conoce a Clara Zetkin, con quien sella una amistad que dura toda la vida.La batalla por las ideas

En Berlín desde 1898, Rosa se propone medir sus armas teóricas con uno de los integrantes de la vieja guardia socialista, Eduard Bernstein, quien había comenzado una revisión profunda del marxismo. Según él, el capitalismo había logrado superar sus crisis y la socialdemocracia podía cosechar victorias en el marco de una democracia parlamentaria que parecía ensancharse crecientemente, sin revoluciones ni lucha de clases. El “debate Bernstein” sumó muchas plumas, sin embargo, fue Rosa Luxemburgo quien desplegó la refutación más aguda en el folleto “Reforma o Revolución”.

La Revolución Rusa de 1905, la primera gran explosión social en Europa después de la derrota de la Comuna de París, fue sentida como una bocanada de aire fresco por Luxemburgo. Escribió artículos y recorrió mítines como vocera de la experiencia rusa en Alemania, hasta que logra introducirse de forma clandestina en Varsovia para participar de forma directa en los acontecimientos. Es el “momento en que la evolución se transforma en revolución”, escribe Rosa. “Estamos viendo la Revolución Rusa, y seríamos unos asnos si no aprendiéramos de ella”.

La Revolución Rusa de 1905  fue sentida como una bocanada de aire fresco. «Seríamos unos asnos si no aprendiéramos de ella», decía

La Revolución de 1905  abrió importantes debates que dividieron a la socialdemocracia. En esta cuestión, Rosa Luxemburgo coincidía con Trotsky y Lenin frente a los mencheviques, defendiendo que la clase trabajadora tenía que jugar un papel protagónico en la futura Revolución Rusa, enfrentada a la burguesía liberal. El debate sobre la huelga política de masas atravesó a la socialdemocracia europea en los años que siguieron. El ala más conservadora de los dirigentes sindicales en Alemania negaba la necesidad de la huelga general mientras que el “centro” del partido la consideraba como una herramienta únicamente defensiva, válida para defender el derecho al sufragio universal. Rosa Luxemburgo cuestiona el conservadurismo y el gradualismo de esa posición en su folleto “Huelga de masas, partido y sindicatos”, escrito desde Finlandia en 1906. Este debate reaparece hacia 1910, cuando Luxemburgo polemiza directamente con su anterior aliado, Karl Kautsky.

Socialismo o regresión a la barbarie

La agitación contra la Primera Guerra Mundial es un momento crucial en su vida, un combate contra la defección histórica de la socialdemocracia alemana que apoya a su propia burguesía, en contra de los compromisos asumidos por todos los Congresos socialistas internacionales.

En su biografía, Paul Frölich señala que cuando Rosa se entera de la votación del bloque de diputados del SPD, cae por un momento en una profunda desesperación. Pero, como mujer de acción que era, rápidamente responde. El mismo día que se votaban los créditos de guerra, en su casa se reunían Mehring, Karski y otros militantes. Clara Zetkin envía su apoyo y poco después se suma Liebcknecht. Juntos editan la revista La Internacional y fundan el grupo Spartacus.

En 1916 Rosa Luxemburgo publica “El folleto de Junius”, escrito durante su estadía en una de las tantas prisiones que se han transformado en residencia casi permanente. En este trabajo plantea una crítica implacable a la socialdemocracia y la necesidad de una nueva Internacional. Retomando una frase de Engels, Luxemburgo afirma que si no se avanza hacia el socialismo solo queda la barbarie. “En este momento basta mirar a nuestro alrededor para comprender qué significa la regresión a la barbarie en la sociedad capitalista. Esta guerra mundial es una regresión a la barbarie.”

En mayo de 1916, Spartacus encabeza un mitin del 1 de mayo contra la guerra, donde Liebknecht es arrestado, pero su condena a prisión provoca movilizaciones masivas. Se anuncia un tiempo nuevo.

1917: atreverse a la revolución

Retomando una frase de EngelsLuxemburgo afirma que si no se avanza hacia el socialismo solo queda la barbarie

La revolución rusa de 1917 encontró en Rosa Luxemburgo una firme defensora. Sin dejar de plantear sus diferencias y críticas sobre el derecho a la autodeterminación o acerca de la relación entre la asamblea constituyente y los mecanismos de la democracia obrera –sobre esta última cuestión cambia de posición después de salir de la cárcel en 1918–, Luxemburgo escribe que “los bolcheviques representaron todo el honor y la capacidad revolucionaria de que carecía la socialdemocracia occidental. Su Insurrección de Octubre no sólo salvó realmente la Revolución Rusa; también salvó el honor del socialismo internacional.”

Cuando la sacudida de la revolución rusa impacta directamente en Alemania en 1918 con el surgimiento de consejos obreros, la caída del káiser y la proclamación de la República, Rosa aguarda impaciente la posibilidad de participar directamente de ese gran momento de la historia.

El Gobierno queda en manos de los dirigentes de la socialdemocracia más conservadora, Noske y Ebert, dirigentes del PSD –este partido se había escindido con la ruptura de los socialdemócratas independientes, el USPD–. En noviembre de ese año, el gobierno socialdemócrata llega a un pacto con el Estado mayor militar y los Freikorps para liquidar el alzamiento de los obreros y las organizaciones revolucionarias. Rosa y sus camaradas, fundadores de la Liga Espartaco, núcleo inicial del Partido Comunista Alemán desde diciembre de 1918, son duramente perseguidos.

El 15 de enero, un grupo de soldados detuvieron a Karl Liebknecht y a Rosa Luxemburgo cerca de las nueve de la noche. Rosa «llenó una pequeña valija y tomó algunos libros”, pensando que se trataba de otra temporada en la cárcel. Enterado del arresto, el gobierno de Noske dejó a Rosa y a Karl en manos de los enfurecidos Freikorps –cuerpo paramilitar de exveteranos del ejército del Kaiser–. Se organizó una puesta en escena: al salir de las puertas del Hotel Eden, los dirigentes Espartaquistas fueron golpeados en la cabeza con la culata de un rifle, arrastrados y rematados a tiros. El cuerpo de Rosa fue tirado al río desde el puente de Landwehr a sus sombrías aguas. Fue encontrado tres meses después.

Un año antes, en una carta desde la prisión dirigida a Sophie Liebknecht, en la víspera del 24 de diciembre de 1917, Rosa escribía con un profundo optimismo sobre la vida: «Es mi tercera navidad tras las rejas, pero no lo tome a tragedia. Yo estoy tan tranquila y serena como siempre. (…) Ahí estoy yo acostada, quieta y sola, envuelta en estos múltiples paños negros de las tinieblas, del aburrimiento, del cautiverio en invierno (…) y en ese momento late mi corazón con una felicidad interna indefinible y desconocida. (…) Yo creo que el secreto no es otra cosa más que la vida misma: la profunda penumbra de la noche es tan bella y suave como el terciopelo, si una sabe mirarla.”

Clara Zetkin, tal vez quien más la conocía, escribió sobre su gran amiga y camarada Rosa Luxemburgo, compartiendo ese optimismo después de su muerte: “En el espíritu de Rosa Luxemburgo el ideal socialista era una pasión avasalladora que todo lo arrollaba; una pasión, a la par, del cerebro y del corazón, que la devoraba y la acuciaba a crear. La única ambición grande y pura de esta mujer sin par, la obra de toda su vida, fue la de preparar la revolución que había de dejar el paso franco al socialismo. El poder vivir la revolución y tomar parte en sus batallas, era para ella la suprema dicha (…) Rosa puso al servicio del socialismo todo lo que era, todo lo que valía, su persona y su vida. La ofrenda de su vida, a la idea, no la hizo tan sólo el día de su muerte; se la había dado ya trozo a trozo, en cada minuto de su existencia de lucha y de trabajo. Por esto podía legítimamente exigir también de los demás que lo entregaran todo, su vida incluso, en aras del socialismo. Rosa Luxemburgosimboliza la espada y la llama de la revolución, y su nombre quedará grabado en los siglos como el de una de las más grandiosas e insignes figuras del socialismo internacional”.


Josefina L. Martínez es historiadora y periodista. Pertenece a la redacción de La Izquierda Diario y es miembro del Colectivo Burbuja.

 

¡El enemigo principal está en el propio país!

 Foto: Facsímil del volante original que se distribuyó en mayo de 1915 en Alemania.
(mayo de 1915) [1] Karl Liebknecht
Lo que se venía esperando a diario durante los últimos diez meses, desde la invasión de Austria a Serbia, se ha cumplido: Hay guerra con Italia.
Las masas populares en los países beligerantes han empezado a liberarse de las redes oficiales de mentiras. El pueblo alemán también ha acrecentado su esclarecimiento de las causas y objetivos de la guerra mundial, sobre quién es el responsable directo de su estallido. Las ilusiones locas acerca de los «objetivos sagrados» de la guerra han retrocedido cada vez más, el entusiasmo por la guerra ha disminuido, la voluntad de una paz rápida ha crecido con fuerza en todos lados, ¡incluso en el ejército!

 

1911: Utopías pacifistas(en .pdf)
1918: La Revolución Rusa(en .pdf)
1918: Contra la pena capital(en .pdf)
1951: Qué es la economía?(en .pdf)

EN EL ANIVERSARIO DE SU ASESINATO

VIDEO: PROGRAMA DE LA LIGA ESPARTAQUISTA

 

Escuela de Cuadros. Vida  y pensamiento de Rosa Luxemburgo

El asesinato de Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht, contado por la bolchevique Elisabeta Yakovlevna Drabkina… mas Dossier

Elisaveta Yakovlevna Drabkina, hija de la bolchevique Feodosia Drabkin (“Natasha”) y de Iakov Drabkin, quien, con el seudónimo “Sergei Gusev”, luego sería Presidente del Comité Militar Revolucionario del Soviet de Petrogrado, tuvo una vida íntimamente ligada al Partido Bolchevique y a la Revolución Rusa.

Liga Espartaco

Rosa Luxemburgo (1871-1919)
Promotora de la huelga general como arma de combate clasista, opositora sin tregua a la I Guerra Mundial y crítica de Lenin y los bolcheviques. Separose del Social-Democracia alemana para fundar la Liga Espartaquista y luego el Partido Comunista alemán.

Karl Liebknecht (1871-1919)
Miembro de la socialdemocracia alemana desde 1900. Fue el único parlamentario del SPD que se opuso  a votar los créditos de guerra. Expulsado del partido y encarcelado por su oposición a la guerra fue. Junto a Rosa Luxemburgo creó el grupo Espartaco y el 1° de enero de 1919 creó el Partido Comunista.

Franz Mehring (1846 – 1919)
Miembro del ala izquierda del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD).  Luchó contra el revisionismo en la II Internacional. Durante la I Guerra Mundial atacó la política de cooperación del SPD con el gobierno y se asoció con Rosa Luxemburgo para crear la Liga Espartaco.

Clara Zetkin (1857 – 1933)
Feminista y comunista alemana.  Miembra del comité ejecutivo del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD). Amiga y colaboradora de Rosa Luxemburgo, abandonó el SPD y militó en la Liga Espartaco, que devendría el Partido Comunista Alemán (KPD). Representó al KPD en el Reichstag hasta el putsch nazi.

Heinrich Laufenberg
Comunista alemán, participe de la Revolución Alemana de 1918, y uno de los primeros en desarrollar el concepto de «bolchevismo nacional». También conocido por el seudónimo «Karl Erler».

Discurso de Lenin en un Mitin en Protesta tras los Asesinatos de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo

Hoy la burguesía y los social-traidores están jubilosos en Berlín, lo consiguieron asesinando a Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo. Ebert y Scheidemann, quienes durante cuatro años condujeron a los trabajadores a la masacre por el bien de la depredación, ahora han asumido el papel de carniceros de los líderes proletarios. El ejemplo de la revolución alemana demuestra que la ”democracia” es sólo un camuflaje para el robo burgués y la violencia más salvaje.

¡Muerte a los carniceros!

— V.I. Lenin, Discurso en un Mitin en Protesta Tras los Asesinatos de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo

Las anteriores líneas fueron escritas ante el brutal y cobarde asesinato de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo por el gobierno de Ebert y Scheidemann. Estos carniceros, en su servilismo a la burguesía, permitió a los guardias blancos alemanes, los perros guardianes de la sagrada propiedad capitalista, linchar a Rosa Luxemburgo, asesinar a Karl Liebknecht disparándole por la espalda con el pretexto evidentemente falso de que ”intentó escaparse” (el zarismo ruso usó mucho esta excusa para asesinar prisioneros durante la sangrienta represión de la revolución de 1905).

¡Al mismo tiempo, aquellos carniceros protegieron a los guardias blancos con la autoridad del gobierno, que afirma ser inocente y estar por encima de las clases! No hay palabras para describir el abominable y asqueroso carácter de la carnicería perpetrada por presuntos socialistas. Evidentemente, la historia ha escogido un camino en el que el papel de los ”lugartenientes obreros de la clase capitalista” debe ser llevado al grado extremo de la ferocidad, ignominia y la vileza.

¡Dejad a aquellos simplones, los Kautskianos, hablar en su periódico Freiheit sobre una ”corte” de representantes de ”todos” los partidos ”socialistas”! (¡aquellas almas serviles insisten en que los verdugos de Scheidemann son socialistas!). Estos campeones de la necedad filistea y de la cobardía pequeño-burguesa, ni siquiera comprenden que un tribunal es un  órgano del poder estatal, y que la la lucha y la guerra civil que ahora en Alemania se libra precisamente por ver en manos de quien queda el poder: en manos de la burguesía, servida por los Scheidemann como verdugos e instigadores de progromos, y por los Kautskianos como glorificadores de la ”democracia pura”, o en manos del proletariado, que derrocará a los explotadores capitalistas y aplastará su resistencia . La sangre de los mejores representantes de la Internacional proletaria mundial, de los inolvidables líderes de la revolución socialista mundial, templará a nuevas masas de trabajadores animándolas a una lucha a muerte. Y esta lucha nos conducirá a la victoria.

Rosa Luxemburgo 1986