Madrid parecía muerto, o dormido, domesticado, resignado tras veinte años de gobierno del Partido Popular, arrasado por la especulación urbanística, la corrupción galopante y la manipulación informativa diseñada y planificada desde Telemadrid. Madrid, convertido en laboratorio del neoliberalismo, ocupado e invadido por los señoritos engominados de la calle Génova, estaba sin pulso, casi cadáver. El Madrid del ¡No pasarán!, la capital de la gloria, la ciudad cantada por Neruda, Alberti y Machado, la tumba del fascismo, el rompeolas de todas las Españas, aquella gesta heroica de la guerra civil quedaba muy lejana. Madrid había perdido el nervio popular capaz de detener al fascismo durante tres años.
Pero sólo era una apariencia. El genio de Madrid estaba vivo, presto para la lucha, resistía tras las victorias electorales de la derecha rancia y ultramontana. Se organizaba en los barrios populares, como una ciudad clandestina. Faltaba la señal para que toda la energía acumulada estallara, inundara de luz las calles de la capital que el fascismo creía definitivamente dominada. Seguir leyendo MADRID ANTIFASCISTA, por Carlos Hermida




por Pedro A. García Bilbao. Vale, ocupamos el congreso… ¿Y luego, qué? Se cita al personal delante de las cortes ¿Y? ¿Cuál es el plan? ¿Algún mensaje para los diputados? ¿alguna idea sobre cómo negociar la rendición de la policia?¿Quién se ocupa del catering? No debería ser grave la cosa. 300 guardias civiles tomaron el congreso y no fueron procesados: es más, salieron sin rendirse, con sus armas en la mano y luego se incorporaron a sus unidades, donde siguen. Vale, es ironía sobre un hecho tan cruel como real. 







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