Fosa de Porreres: historia de un pueblo enterrado, por Mikel Elejondo


por Mikel Elejondo. El pasado mes de noviembre (2016) se realizaron los trabajos de excavación de la  fosa de Porreres (Mallorca), que permitieron la recuperación de 55 cuerpos de republicanos asesinados, en 9 fosas. Los trabajos se interrumpieron por la existencia de un mausoleo sobre parte de las fosas, y se espera que continúen en cuanto se resuelvan los procedimientos burocráticos necesarios para trasladar los nichos.

-Cuando se hablaba de mi abuelo, en nuestra casa siempre se hacía un silencio muy grande, y era como si estuviese allí mi abuelo, no sé cómo explicarlo, era una cosa muy extraña, hasta que comprendí que era una persona desaparecida.-

Entrevista a Mª Antonia Oliver París. (Portavoz de Memoria de Mallorca, forma parte de la comisión técnica de la Ley de Fosas y es familiar de represaliados)

-Me llamo Mª Antonia Oliver París, y soy nieta por parte de madre de Andreu París Martorell. Mi abuelo, que era de Inca y de profesión zapatero, fue el último presidente de un sindicato de zapateros que se llamaba “La Justicia”, donde confluían anarquistas, socialistas, republicanos… En febrero del 36 fundó, junto con otros compañeros, el Partido Socialista de Inca: “Agrupación Socialista de Inca” y fue su vicepresidente. Ya en el año 19 ya lo habían detenido por unas revueltas sociales en el pueblo, se los  llevó la guardia civil con otro compañero, atados, a Palma y los encerraron durante 6 meses. Cuando salieron libres, sus compañeros decidieron ponerles un coche para la vuelta, y fueron recibidos en el pueblo como héroes. Era una persona conocida, destacada, significada. Mi madre, Antonia París Llompart, siempre nos contaba, mientras nos peinaba, a mi hermana y a mí, cosas de su padre, sin rencor ni nada, pero no podías evitar ver, por cómo lo contaba, la pena que sentía, y nos decía “Es teu padrí nomia Andreu París Martorell ¿T’en recordaràs? No l’oblidis” i “Era molt bon homo i el varen matar a sa guerra” y nos decía “Tot i que ell no havia anat a cap guerra…” y yo me quedaba un poco despistada y no entendía muchas cosas, pero tenía la sensación de que habían cometido una injusticia grande con mi familia, aunque no me hablasen mucho de ello, yo tenía esa sensación.-

-Cuando se hablaba de mi abuelo, en nuestra casa siempre se hacía un silencio muy grande, y era como si estuviese allí mi abuelo, no sé cómo explicarlo, era una cosa muy extraña, hasta que comprendí que era una persona desaparecida. No entendía por ejemplo el día de Todos los Santos, muy tradicional en Mallorca, donde la gente lleva flores a sus muertos. Aunque no fuese muy religiosa mi familia, en esos días íbamos de Palma a Inca a llevar flores a nuestros antepasados. Y recuerdo que mi hermana y yo jugábamos por el cementerio, todo lleno de flores, tan bonito, y mi madre decía “Mira que no tenir un puesto on dur una flor a mon pare…” y claro a mí eso me llamaba mucho la atención, aún sin entenderlo. Y recuerdo especialmente una vez que estábamos en el cementerio, uno de esos días, y vi un lugar donde había muchas flores, preciosas, como un espacio central y me acerqué y, las cosas de los niños, le pregunté a una señora “¿I qui és que s’ha mort?” y me respondió que no, que no se había muerto nadie, que era para los que murieron en la guerra… Claro, imagina, yo fui disparada a donde mi madre “Mamà, mamà, que aquí hi ha un puesto per posar flors al padrí” y ella muy seria me dijo “No, no, no, ¿Veus que posa allà? CAIDOS POR DIOS Y POR LA PATRIA” i es teu padrí no va caure ni por dios ni por la patria”. Esas cosas, aunque yo fuera tan pequeña, se te van quedando. Mi madre decía “Quan poguem el cercarem” y “Quan poguem, els seus companys ens ajudaràn a trobar-lo…”-

-Con el paso de los años, con mi madre ya anciana, llegó la democracia y no se hizo nada por las víctimas. Lo que sí hubo fue un pacto de silencio y de olvido. Pero en ese momento no era consciente, era joven, tenía 17 años y reclamaba lo que el resto de la gente: libertad, libertad para los presos políticos, porque los que estaban encerrados eran los antifranquistas, no los otros. Se pidió la amnistía para los presos, pero después me di cuenta de que era una trampa, porque firmar la Ley de Amnistía de 1977 supuso en realidad crear las bases de lo que ahora usan como excusa los jueces, para no juzgar a los criminales y torturadores que todavía están vivos. Se amnistió a todos, a los presos políticos antifranquistas, y también a todos los funcionarios y represores. Y yo siempre me pregunto ¿Cómo puede ser? Si a una persona la amnistían es porque ha sido condenada. Alguien que nunca ha sido investigado, ni condenado, ni juzgado, no puede ser amnistiado. En todo caso que sean juzgados y luego ya veremos si se les amnistía o no. Para mucha gente esa ley supuso una trampa.-

-Sin darme cuenta pasaron los años, me casé, tuve hijos y mi madre que ya estaba muy mayor seguía con esa pena… hablaba de él y decía: “ell tenia idees socialistes, volia un món més just, jo em seia vora d’ell quan treballava, i em feia lletgir el diari per que jo aprengués, i deia que era important l’educació…” yo intuía que mi abuelo era un hombre de izquierdas, pero no tenía idea de en qué partido militaba, ni qué hizo, todo eso lo fui investigando después y fui encontrando toda esta historia detrás.-

-La de mi familia es también la historia de mi abuela, Catalina Llompart, una mujer que se quedó sola con cinco hijos pequeños, el mayor era mi tío Andreu, mi madre tenía 11 años y los demás eran más pequeños, la más pequeña, Catalina, tenía 8 meses. A mi abuelo lo detuvieron en julio, estando mi abuela embarazada, y estuvo 7 meses encerrado en la prisión de Inca, después también detuvieron al republicano Bernat Mateu (marido de su hermana, la también militante Tonina París, con quien tenían un hijo). A él lo mataron también. La familia estaba destrozada, al hermano de Bernat, alcalde de Inca, también lo fusilaron, tras el mismo juicio de Emili Darder (Alcalde de Palma).-

-Llegado un momento, a mi padre lo dejaron libre, no se sabe muy bien por qué. Pero como los falangistas se dedicaban a ir a las casas de los republicanos y tirotearlos, dejándolos ahí tirados, la familia decidió que los varones se entregaran a la Guardia Civil. Como mi abuelo tenía experiencia con las detenciones, sabía que la Guardia Civil llevaba un registro, cosa que  la falange no hacía; la falange cogía a la gente, la interrogaban y luego aparecían muertos por ahí. Se entregaron en el mes de agosto, tras nacer la pequeña, que tenía sólo 10 días. A partir de ahí estuvieron encerrados en la prisión de Son Domingo de Inca. Mi abuela se puso a trabajar, y entre lo poco que cobraba y el pequeño huerto sobrevivían como podían. Mi abuela no quería que su hijo mayor, de 13 años, fuera mucho por la prisión, porque estaba alterado, nervioso, y temía que algún falangista le provocase, porque incluso los niños recibían represión. Como a las mujeres las respetaban más, y mi abuela trabajaba, mandaba a mi madre a llevarle la comida, y ella iba allí muy orgullosa, aunque se metieran con ella.-

-Al cabo de unos meses trasladaron a mi abuelo a la prisión de Can Mir en Palma, que según los documentos militares se denominaba Ses Estacions, pero en realidad no era una prisión, era un almacén de madera llamado Can Mir, el actual cine Augusta, habilitado como centro de reclusión porque no había capacidad para más presos en la isla. Un lugar terrible. Mi madre se trasladó a casa de otra tía suya, que vivía en Palma, y seguía llevándole la comida, la ropa limpia y demás cosas a mi abuelo. No le permitían verlo, pero una vez, a través de unos barrotes lo vio asomarse y le preguntó si estaban todos bien. Poco después se extendió el rumor de que había presos que eran puestos en libertad, pero no volvían a casa.-

¿Ya se hablaba de las desapariciones entonces?

-Sí, porque mi abuelo estuvo bastante tiempo en prisión. No fue de los primeros que “sacaron”, de quienes se pensaba que salían en libertad de verdad. Pasados unos meses ya se sabía de qué iba la cosa. En diciembre del 36 empezaron a permitir que las familias llevaran comida y ropa a los reclusos. Mi madre escuchaba historias de otras familias. Recuerda eso, escuchar decir “I no ha tornat” pero era una niña y no entendía lo que pasaba.-

-Pero un 12 de marzo del 37 llegó mi madre a la prisión y un guardia al que conocía de verlo a diario le dijo que lo habían soltado: “Nina, que ja han moiat al teu pare, o sigui que ja no fa falta que vinguis, que l’han posat en llibertat”. Ella se lo creyó totalmente en aquel momento, y fue toda contenta, imagino que no era fácil encontrar un teléfono en aquella época, pero recordó que una tía suya trabajaba en un lugar cerca de la estación, fue allí y la dejaron llamar. Y mi abuela tampoco tenía teléfono, pero mi madre fue lista y llamó a la fábrica donde trabajaba. Cuando se puso al teléfono y le contó que soltaron a mi abuelo, mi abuela se puso a llorar y llorar, y mi madre le preguntaba “¿Mamà i per qué plores? ¿Per qué fas això? ¿No t’estic dient que l’han moiat?” y mi abuela contestó que no se moviese de ahí, que iba a coger el tren para Palma.-

-Mi madre no sabe cuánto tiempo estuvo esperando, pero empezó a pensar que era raro que su padre no la hubiera esperado para que estuviesen juntos, empezó a cavilar, a darle vueltas a las cosas, y finalmente mi abuela llegó, con la hermana pequeña en brazos y otras mujeres del pueblo. Una de ellas era Josefina Sancho, que tenía tres hijos encerrados con mi abuelo, jugadores del Constancia F.C, también del partido socialista, militantes de Art i justícia, y zapateros. Ese día fueron a muchos sitios, mi madre no lo recuerda bien porque era pequeña, y no conocía Palma muy bien, iban preguntando en diferentes lugares, en Gobernación Civil, preguntaban a gente con uniformes militares, a falangistas, requetés, esos con gorra roja, y claro las miraban como si estuvieran locas, y mi abuela les preguntaba “¿I on l’heu tret? ¿I on l’heu moiat? ¿I per què ell?…”-

-Una vez le pregunté a mi madre qué día recordaba como el peor de aquella época, y me contestó que ese día “Per que s’en reien de la mamà, i jo m’hen donava compte de que aquets homos… jo tenia sa percepció, de nina clar, de que aquets no eren bons, a qui noltros li demanaven no eren bona gent, jo veia que passava algo raro i que al papà a lo millor el tenien aquests”. Todo esto me lo contó mi madre, y a partir de ahí yo empecé a investigar, y encontré documentación de la entrada de mi padre en Can Mir, pero no encontraba la documentación de dónde lo sacaron, dónde lo mataron.-

-Al tío Bernat, también lo “sacaron” el 17 de marzo. Mi madre siempre decía que después de él no hubo más, y efectivamente, después del tío creo que hubo una sola “saca” más el 18 de marzo. Esto lo sabemos porque las familias nos lo cuentan, y después lo cuadramos, las salidas, las fechas, hemos encontrado documentación de entradas y salidas, también hay salidas verdaderas, pero los inqueros no están. Hay entrada pero no salida. Esto es muy difícil, como mi madre decía: “ningú mos contestava, i encara ningú mos ha contestat”. En estas fosas se dio una doble muerte, porque no solo los mataban, sino que encima lo negaban a las familias, las dejaban desamparadas.-

-Le hicieron mucho daño a mi familia. Durante los años de la posguerra, los primeros hijos de viuda no estaban obligados a hacer el servicio militar, en aquella época era duro, 3 o 4 años, y se suponía que ellos eran el sustento de la familia, pero como no teníamos ningún certificado de defunción, mi tío Andreu tuvo que hacerlo. Una vez mi tío fue en bicicleta hasta Porreres, porque en el pueblo un falangista que se apellidaba Busquets, le dijo que a los inqueros los llevaron a Porreres para matarlos. Era la única pista que tenía. Y se fue en bicicleta de Inca a Porreres, a la iglesia de San Felip Neri, a pedir un certificado de la muerte de su padre, y le dijeron que no sabían nada y que de certificado nada. Mi abuela, aunque necesitaba mucho a su hijo, se negó a firmar un papel que le ofrecieron los falangistas, en el que declaraba haber visto muerto a su marido. Ella dijo “No, jo no l’he vist mort i no firmaré cap paper”.-

Portón trasero del Oratori de la Santa Creu, con agujeros de bala de las ejecuciones.
Portón trasero del Oratori de la Santa Creu, con agujeros de bala de las ejecuciones.

-Y bueno, sobrevivieron como bien pudieron, mi madre se puso a coser en una casa, precisamente las hermanas Sancho le enseñaron a coser. Contaba que la señora Sancho tenía siempre los ojos rojos de llorar, imagínate con tres hijos muertos de esa manera. Mi madre y sus hermanos vivieron marcados, hijos de rojos les decían. De mi madre, que trabajaba en un taller, le decían a los dueños “No contratis a n’aquesta que no saps de qui es filla”. Una total marginación. No podían llevar el duelo, el capellán no les dejaba usar duelo. Mi madre poco a poco fue comprendiendo que su padre no volvería, que lo habían matado, que las quería mucho y era imposible que se hubiera ido, o que, como les decían, se hubiera ido con otra, no era posible. A veces se idealiza a los muertos, y yo le preguntaba a mi madre cómo sabía que era tan bueno mi abuelo, y ella me decía “Jo m’en donava compte ¿Saps com m’en donava compte? Perque sa gent que venia a ca nostra i que ens enstimaven… sa manera que me miraven a jo, jo savia que era bona persona, i em deien: ¿Tú ets sa filla de n’Andreu París eh?, i me miraven molt bé, veia que era un bon homo”.-

-Todo esto llevó a un movimiento, una lucha, mi abuela murió con esta angustia, mi madre todavía la tiene, y finalmente ha llevado a una verdad que nos muestran los huesos que encontramos aquí en Porreres.-

Se ha abierto una fosa en San Joan, otra en Porreres, Palma no es practicable, ¿Hay más fosas para abrir? ¿ Cuál podría ser la próxima?

-Hay un mapa de fosas hecho, unas son practicables, y otras no, hay algunas bien documentadas, aunque pequeñas, como la de San Joan, por eso empezamos allí, porque era una fosa viable y bien registrada. Hay que estudiar cuál puede ser la próxima más viable, ahora, bajo mi punto de vista, debería ser aquella donde haya familiares que lo soliciten. No es tan importante la cuestión de enterrar a los familiares, sino de desenterrar, porque cuando los desentierras los estás sacando de donde los pusieron sus asesinos, y no se merecen estar allí. No puedo soportarlo, y de esta manera estamos ganando la partida, si los sacamos. Ellos tenían ideales, tenían principios y finalmente han tenido razón, porque lo que querían era una democracia como la que tenemos ahora.-

Para saber más sobre la excavación de las fosas de Porreres:

Conferencia de Francisco Etxeberría en Porreres (video)

Artículo Fosas Porreres VICE

Historia de un pueblo enterrado (I) Revista AntrópikA

Historia de un pueblo enterrado (II)   Revista AntrópikA

Andreu París Martorell (Activismo político)

Fotografías: Mikel Elejondo Oddo y archivo familiares.

Antropika