Historia: ‘Macariuco’, el alcalde del 14 de abril


Por qué a Rivero le llamaban ‘Macariuco’ se comprende nada más contemplar su fotografía más famosa, en la que aparece encabezando una comitiva por las calles de Santander durante una visita de Pablo Iglesias –el del siglo XIX, no el del XXI–. En ella, el líder de PSOE parece adquirir dimensiones colosales, una altura casi de mito, mientras avanza entre una muchedumbre de obreros con gorra ladeada, mujeres de vestido negro largo con niños en brazos, oficinistas con sombrero y jovencitos con corbata y pantalón corto.

Macario Rivero, en la imagen, junto a Pablo Iglesias / Ilustración David Vázquez Mata

Claro que tiene truco, porque lo que agiganta el tamaño de Iglesias es la figura que camina a su lado, un tipo de pequeña estatura –su cabeza le llega por el hombro–, pero que llama la atención por la gorra de plato y el mostacho que cae como un voladizo sobre su barba negra y recortada. Un aspecto muy leninista, sino fuera porque el revolucionario ruso todavía no era demasiado conocido fuera de su país.

A pesar de su aspecto frágil, aquel pequeño hombre lograría una gesta al alcance de muy pocos: no sólo llegaría a ser el primer alcalde republicano de Santander, sino también uno de los escasísimos socialistas que han tomado el bastón de la ciudad en el siglo XX y lo que va de XXI.

Macario Rivero González nació en Santander en 1865, y pronto aprendió las artes de la tinta y el papel impreso, trabajando en distintas imprentas de la ciudad, hasta llegar a los talleres de ‘El Cantábrico’ hacia los años noventa. En un entorno de escasa formación, como era el mundo de los obreros a mediados del XIX, el oficio de tipógrafo suponía un contacto más estrecho con la información y, por ende, con las ideas sociales y políticas.

883 se fundaría la Sociedad de Impresores, Litógrafos y Encuadernadores de Santander –según el historiador Manuel Suárez Cortina, “la primera sociedad de resistencia constituida en la provincia”–, y serían los propios tipógrafos quienes poco más tarde, en 1887, los mismos impresores crearían la Agrupación Socialista de Santander, vinculada al PSOE.

El primero de mayo de 1890 encabezarían la primera ‘fiesta del trabajo’ celebrada en Santander. Finalmente, en 1891 conformarían también la Unión General de Trabajadores.

Afiliado de primera hora, Macario Rivero pronto entrará en la escena política y sindical. En 1899 el PSOE santanderino convocó un mitin en el Teatro Principal, al que se dirigía Pablo Iglesias cuando tomaron la famosa fotografía. Con la retórica de la época, denunciaría a los partidos burgueses mientras conminaba a los trabajadores a movilizarse para conseguir aumentos de salario y reducciones de la jornada laboral.

Como telonero del acto había intervenido Macario Rivero, en representación de la Sociedad de Impresores. El veneno de la política ya circulaba por sus venas.

Pero su camino hacia la política institucional iba a resultar largo y tortuoso. En 1905 concurrió a los comicios municipales por el sexto distrito, pero finalmente vencerían los republicanos, tras una campaña convulsa en la que incluso se llegó a apuñalar a un candidato socialista. No sería hasta 1909 cuando Rivero alcanzara el acta de concejal, junto a Eduardo Rado.

Aún habrían de transcurrir más de dos décadas –y varios cambios de sistema político– para que los socialistas accedieran al gobierno municipal. El 12 de abril de 1931 la Conjunción Republicano-Socialista obtuvo veinticinco votos frente a los quince de la Coalición Monárquica, unos resultados similares a los cosechados en el resto de capitales nacionales.

En la sesión celebrada tras la proclamación de la II República Española el 14 abril, Macario Rivero salió elegido alcalde por veinticinco votos contra catorce. Su rival sería Ernesto del Castillo Bordenabe, a quien acusaban de pasado monárquico, y que pasaría a la posteridad como ‘el Piquetas’, por su afición a derruir edificios cuando finalmente accediera a la alcaldía cinco años más tarde.

No resultaría precisamente sencillo el paso de Rivero por ‘La Casona’, en un momento de gran efervescencia política y social. La escalada de tensión sería imparable: en abril del treinta y dos un joven es tiroteado a la salida de un mitin de Gil Robles y la policía detiene poco después a varios anarquistas provistos de bombas de mano.

Su mandato en el consistorio santanderino terminaría de manera abrupta en mayo de 1932, cuando presenta su dimisión, incapaz de mediar en una huelga de los trabajadores del tranvía en la que socialistas y anarquistas. En 1934, un nuevo vuelco político le haría abandonar incluso su acta de concejal; tras la fallida intentona revolucionaria, el entonces alcalde Teodoro Gerez decretó el cese de dieciséis ediles, todos adscritos a partidos de izquierdas o republicanos: Izquierda Republicana, Unión Republicana y Federación Socialista Montañesa.

Entre ellos estaba, por ejemplo, Deogracias Mariano Lastra o el anterior alcalde, Eleofredo García. La medida represora tendría, sin embargo, consecuencias contraproducentes para el partido dominante, la CEDA, pues esas agrupaciones hasta entonces dispersas se unirían en el Frente Popular, que acabaría por arrebatar la alcaldía a los conservadores en las elecciones de 1936.

Su salud a partir de entonces se iría deteriorando, cayendo gravemente enfermo al comenzar la guerra civil. Tras serle amputadas las dos piernas, falleció el 30 de diciembre de 1936.

Diario Montañes

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