MARRUECOS: Nueva marcha en Alhucemas: la represión continúa en el Rif


El rey Mohamed VI ha prohibido a sus ministros que se cojan vacaciones hasta que no resuelvan el conflicto – La policía ha bloqueado las entradas a la ciudad para evitar que los vecinos del norte se unan a las protestas

El Movimiento Popular del Rif ha convocado esta noche una gran marcha en la ciudad marroquí de Alhucemas, que coincide con la fiesta del fin del Ramadán, para reclamar la liberación de los activistas detenidos. La policía ha bloqueado las entradas a la ciudad para evitar que los vecinos del norte se unan a unas protestas que ya duran casi ocho meses. El rey Mohamed VI ha prohibido a sus ministros que se cojan vacaciones hasta que no resuelvan el conflicto. En España, ya han llegado los primeros refugiados de Alhucemas que han pedido asilo político.

Omar, el rifeño que duerme y vende melones dentro de una furgoneta azul, explica a media mañana en perfecto castellano por qué este lunes debe ser un día diferente en Alhucemas. “En la despedida del Ramadán, los vecinos del norte vendrán y juntos saldremos a protestar a las calles para que el Gobierno y el rey nos escuchen de una vez“.

Al norte de Marruecos, en la parte oriental del Rif, coincidiendo con la fiesta de ‘Aid al-Fitr’ que marca el final del mes de ayuno de Ramadán, el ambiente cada día está más cargado. La indignación y la rabia de un pueblo que ya no tiene miedo caldea aún más el paisaje árido y pétreo. “Llevamos casi ocho meses manifestándonos todos los días para pedir derechos básicos y las autoridades responden encarcelándonos y torturándonos”, defiende el frutero Omar.

El Hirak (movimiento popular del Rif) ha convocado este lunes una gran marcha pacífica en Alhucemas para reclamar la liberación de los activistas detenidos. Los manifestantes hablan de más de 300 encarcelados en los últimos meses. Sin embargo, los centenares de policías y ‘mezjanis’ (paramilitares) que han tomado las calles de Alhucemas, no lo están poniendo nada fácil. En todas las carreteras y caminos de acceso a la ciudad, desde Beni Bouayach, Imzouren, Midar, Ajdir y El Aoui, la policía marroquí ha bloqueado la entrada organizando exhaustivos controles para evitar que la gente se una a la marcha. “No nos dejan entrar en la ciudad”, denuncian en redes sociales algunas de las personas que aguardan en su coche sin poder moverse.

“No van a poder con nosotros. Nos pueden encerrar y torturar pero nunca nos callarán”, grita Mohamed desde el barrio de Sidi Abid, el epicentro de las protestas en Alhucemas. Este chaval que habla un impecable castellano gracias a que ha estado viviendo en Moratalaz (Madrid), forma parte de uno de los dos grupos de jóvenes rifeños que este lunes encabezan las manifestaciones. Por un lado, están los que viven en Europa y que han vuelto a su país para apoyar las protestas. Como Assar, con un tatuaje en el pecho que pone “perdóname madre”, que ha vivido siete años en Málaga. “En Rabat, 100.000 personas salieron a la calle (el 11 de junio) solidarizándose con nuestras reivindicaciones. El país está con nosotros y hoy lo vamos a demostrar si nos dejan”, dice. También está Suni, que llegó hace tres meses desde Pontevedra. “Todas las noches están deteniendo a manifestantes y a periodistas de medios locales por contar la verdad de lo que aquí sucede. En las últimas semanas la policía está reprimiendo con más fuerza en otras ciudades de la región, como en Imzouren, donde se desarrollan las revueltas más violentas. Es una cacería”, asegura.

La otra vertiente de los jóvenes rifeños son los chicos pobres y en paro que viven en el norte de Marruecos y que advierten a España sobre las consecuencias que puede haber si esta situación continúa igual. “Si la represión sigue, y no atienden nuestras demandas en sanidad, educación y empleo, muchos tenemos pensado cruzar el Estrecho en masa durante la fiesta del cordero (septiembre)”, dicen algunos chicos. Un aviso a la península que ya se ha empezado a cumplir.

El jueves 15 de junio, a 55 millas de Motril (Granada), la Guardia Civil rescató a 12 inmigrantes de origen marroquí. Cuatro de ellos, nacidos en Alhucemas, pidieron asilo político argumentando que eran refugiados de la violencia y represión que hay actualmente en su tierra. Los expertos en inmigración señalan que las revueltas en el norte de Marruecos es una de las causas por las que las embarcaciones rescatadas en las costas andaluzas de han duplicado en estos meses.

Durante los últimos días de Ramadán, los activistas están haciendo un llamamiento a todo el país a través de las redes sociales para intensificar las protestas y pedir la liberación de los líderes del Hirak (el movimiento popular del Rif) encarcelados en Casablanca como Nasser Zafzafi, Mohamed Jelloul o la cantante Silya Ziani y de todas las mujeres y hombres detenidos por participar en las manifestaciones. Hace un par de semanas, el Tribunal de Primera Instancia de la ciudad de Alhucemas condenó a 25 activistas rifeños a 18 meses de prisión.

“Contamos con 280 abogados voluntarios que están defendiendo a nuestros hijos”, explica Ahmed, el padre del popular líder Nasser Zafzafi, desde su humilde casa en el barrio de Sidi Abid. Los 25 rifeños condenados, que fueron arrestados el 26 de mayo, han sido acusados de manifestarse sin autorización y usar la violencia contra la policía, entre otras acusaciones. A 125 kilómetros de Alhucemas, en la ciudad de Nador, otros ocho activistas fueron condenados a ocho meses de cárcel. Estas son las primeras sentencias de los cerca de 90 activistas que ahora están siendo juzgados.

“Aquí hay una ley del embudo contra una población acostumbrada a vivir en la oscuridad por sus circunstancias históricas”, acusa Ahmed. “Nos han dicho que somos violentos, que estamos financiados por Argelia y el Frente Polisario y que queremos la independencia. Mi hijo Nasser está preso por pedir un hospital para luchar contra en excesivo cáncer que hay en la zona, una universidad para que los jóvenes puedan estudiar y una inversión en infraestructuras para que nuestros vecinos no se maten en las carreteras”.

En la casa de los Zafzafi están convencidos de que las protestas van para largo y que cada vez más pueblos de Marruecos se levantarán apoyando al Hirak. Aún sigue muy presente el detonante del conflicto que fue la muerte en octubre del vendedor de pescado, Mohcin Fikriaplastado en el interior de un camión de basura después de que la policía le confiscara su mercancía. “A los empleados pesqueros responsables de su muerte sólo les condenaron a ocho meses de prisión”, denuncian los rifeños.

Las protestas que se iniciaron el año pasado en Alhucemas ya han llegado hasta Europa. En Madrid, ya son tres las marchas pacíficas que han habido en la capital apoyando al movimiento. Al igual que en Bruselas, París o Amsterdam. Caso especial es el de los Países Bajos, donde está la comunidad rifeña más grande de Europa. Marruecos ha llamado a consultas a su embajador en Holanda por permitir la residencia a Said Chaaou, activista que ha participado en las manifestaciones en el Rif. Desde el reino alauita le acusan de asociación criminal y tráfico de drogas. Said se defendió la semana pasada en un vídeo que emitió en directo en las redes sociales. “El pueblo del Rif ha salido a las calles con demandas justas y legítimas”, dijo.

El rey Mohamed VI, que aún no se ha pronunciado en público sobre la revuelta en estos meses, se reunió el domingo con su Consejo de Ministros en Rabat y ordenó a los diferentes ministros que no tomaran sus vacaciones habituales en verano hasta que no solucionasen los problemas en el Rif fortaleciendo el tejido económico de la zona. El monarca de 53 años, consciente del abandono y cruel represión que sufrió la región durante el mandato de su padre, Hassan II, solicitó reactivar el programa con una inversión de 6.500 millones de dirhams (590 millones de euros), para la construcción de carreteras, una universidad, un hospital multidisciplinar y una serie de proyectos sociales y culturales.

Los vecinos de Alhucemas, esa ciudad histórica de guerrilleros, están cansados de que sus manifestaciones pacíficas diarias acaben con enfrentamientos entre los antidisturbios de la policía marroquí y los manifestantes. Lluvias de piedras, gases lacrimógenos, cargas con porras, más detenciones. Dentro del juego del “gato y el ratón” que se tienen las autoridades con la población que sale a las calles. Bloquean las entradas y salidas de barrios, los manifestantes se mueven a otros, la policía les persigue, se vuelven a mover… “Y ahora, en verano, no lo van a poder parar porque regresan muchos de los nuestros”, avisa el joven activista Mohamed.

Los emigrados a Europa volverán en julio a su tierra. Se reencontrarse con los suyos, con la brisa del mar, los aromas a especias y cannabis. También con más de 150 familias a las que les falta algún primo o hermano al que han detenido.

EM