El guardarropa de los ministros de Pedro Sánchez, por @PABLOMM


Seguro que algo habrán oído. El hombre conocido como M. Rajoy ya no es Presidente y el conocido como Pedro el breve ha resultado tener más vidas que un gato. El Palacio de la Moncloa tiene otro inquilino y junto a él, una terna de ministras y ministros conforman el nuevo Gobierno de la nación.

Josep Borrell, Pedro Sánchez, Luis Planas, José Luis Ábalos, Pedro Duque y Fernando Grande-Marlaska en la primera reunión de ministros en La Moncloa.

En estos tiempos donde rige la implacable dictadura de lo políticamente correcto, el líder del Ejecutivo ha tenido que cumplir en su gabinete con la pertinente cuota masculina. Mientras el tiempo dirá si están ahí por sus capacidades de gestión o simplemente para la heterogeneidad de la foto, analizamos los estilismos de los chicos de Sánchez, conscientes nosotros, y muy pronto lo serán ellos, de que en política un hombre tiene que cuidar su aspecto más incluso que su discurso.

Fernando Grande-Marlaska. Impecable, como el Guardia Civil que golpea a un detenido sin dejar rastro. Sencillo, a la par que elegante, ha sido una grata sorpresa descubrir que un hombre que padece de presbicia a la hora de investigar casos de torturas tenga tan buen ojo para seleccionar el fondo de armario. Asiduo de los colores oscuros, en tonos negro calabozo, la elección de su calzado tampoco es una casualidad. Empezó a utilizar los botines de tallo largo en su etapa como juez de la Audiencia Nacional porque, además de estilizar los tobillos, resultan fáciles de limpiar; apenas un par de pasadas con un trapo humedecido y ni rastro de la sangre de los confinados bajo su custodia. Aunque luce buena forma física, debería poner más empeño en reafirmar su zona pectoral, debido a que comienza a estar afectada por la inevitable fuerza gravitacional. Las mochilas al hombro que habitualmente utiliza son un buen aliado para esta tarea, pero lamentablemente, tras estrenar su cargo como ministro del Interior, se ha visto obligado a sustituirlas por la oficialista cartera ministerial. Una mala noticia para su figura que también dificultará en gran medida las labores de intendencia. Será interesante comprobar cómo se las apaña para meter en un espacio tan reducido la pierna de un militar. En cuanto al cabello, le recomendamos encarecidamente que abandone los productos de fijación capilar. Lacas, gominas y cera no son apropiadas para un hombre que afronta tamaña responsabilidad. Pero tranquilos, nada que un buen pinkwashing no pueda solucionar.

Josep Borrell. Ojiplático me hallo al comprobar que el nuevo ministro de Asuntos Exteriores, ingeniero aeronáutico, Máster en Investigación Operativa, Doctor en Ciencias Económicas y Catedrático de Matemáticas Empresariales, no conoce, sin embargo, ni las más esenciales reglas de comportamiento y protocolo. Tras el primer Consejo de Ministros, en la tradicional foto en las escalinatas de la Moncloa, tuvo el descuido, o la desfachatez, que dirían las malas lenguas, de presentarse con la chaqueta desabrochada. Hasta el más profano en la materia sabe que un hombre que presume de serlo debe abrocharse el primer botón de la americana mientras permanece en posición erguida, más aún cuando, a las edades de Borrell, que ya supera la setentena, hay ciertas partes de la anatomía masculina (casi todas) que están mejor al resguardo de las miradas indiscretas. Además, le recomendamos que prescinda de las corbatas excesivamente largas, pues resultan susceptibles de acabar descoloridas por el efecto corrosivo de una inoportuna salpicadura de desinfectante. Como hasta las ovejas más descarriadas merecen una segunda oportunidad, confiamos en que el ministro ponga más atención a los detalles en la compleja labor que le espera al frente de la diplomacia española.

José Luis Ábalos. Como diría mi muy apreciado Alfonso Rojo, “yo creo que te has puesto gordo y me imagino por qué”. La vida acomodada que disfrutan sus ilustres señorías se ha convertido en el peor enemigo para el recién nombrado ministro. El sedentarismo parece haber hecho mella en la ya de por sí poca generosa anatomía de un hombre que, para más inri, viste habitualmente camisas blancas. Como suponemos que las obligaciones que ahora asume no le permitirán dedicar demasiado tiempo a la actividad física y el deporte, le recomendamos suavizar su atuendo con colores oscuros y rayas verticales. Puede encontrar un buen espejo en Florentino Pérez, que a sus 72 años lució impecable en su toma de posesión como titular de la cartera de Fomento. Entre sus muchas tareas pendientes, señalamos como prioritaria la de “aligerar” sus generosas posaderas, o lo tendrá difícil para ocupar el sillón que le espera en algún consejo de administración una vez que cruce la puerta giratoria.

Pedro Duque. No es necesario vestir como un marciano para demostrar que ha sido astronauta. El flamante ministro de Ciencia, Innovación y Universidades parece un extraterrestre que acaba de llegar a nuestro planeta y, preso de la confusión, todavía estuviera sumergido en un proceso de aprendizaje. Parafraseando, como hace María Luisa Funes, fuente de inspiración de este artículo, a Sir Terence Conran cuando se refiere a los que no saben decorar, “acaba demasiado pronto de añadir detalles”. Cierto es que la percha hace mucho al traje y aunque Duque no es bastonero de quilates, no hay condicionante que pueda justificar su aspecto desaliñado. A estas alturas de recorrido vital debería saber que la primera impresión es la más importante y la suya, el día de su estreno en el Consejo de Ministros, no pudo ser peor. El traje era demasiado ancho y, sin embargo, las mangas demasiado cortas. Los zapatos tenían más de una batalla y la raya del pantalón se había multiplicado en una sucesión de arrugas como si de unos vulgares zaragüelles se tratasen. Aunque parece un vodevil de difícil solución, no todo está perdido. El marido de Consuelo Femenía tiene en esta a la mejor de las aliadas. Femenía, prestigiosa abogada con más de 20 años de experiencia en la carrera diplomática, no solo podrá aleccionar al novato ministro en los vericuetos más complejos de la vida pública, sino también en el todavía más difícil arte de la elegancia y el saber estar.

Luis Planas. Como dijo aquel alcalde, cada vez que veo los morritos del ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación pienso lo mismo. A pesar de que como le sucede a su compañero Ábalos Luis Planas ha ido ensanchando a medida que lo hacían sus responsabilidades políticas, mantiene ese atractivo de señorito de campo que ha moldeado durante su etapa en la Junta de Andalucía. Fue allí, en los condominios cortijeros del PSOE, al amparo de líderes del socialismo andaluz de la talla de los Alba o los Domecq, donde logró forjar un estilo propio, una impronta austera pero elegante, muy “ministeriable”, como si el cargo le estuviera esperando desde que la justicia le investigase por un caso de robo de agua en Doñana. Si algo necesita mejorar es la incipiente papada que descuelga de su cuello, una característica poco adecuada para la tarea que ahora afronta y que, además, se envilece con la corbata a la que le obliga el cargo. Le recomendamos, por tanto, cuando el protocolo lo permita, prescindir de ellas, o utilizar bufandas y chalinas para disimular sus imperfecciones.

Màxim Huerta. Aunque ya no es ministro, en los anales de la historia figurará como uno de los chicos de Sánchez, y por tanto, no le haremos el desprecio de excluirle de esta lista. El fugaz responsable de la cartera de Cultura y Deportes es un joven atractivo que, por contra, confía demasiado en sus virtudes. Siempre es positivo mostrarse seguro de uno mismo pero más le valdría pecar de prudente que de confiado. Fue otro de los que llamó la atención durante el primer Consejo de Ministros y no precisamente para bien. Un traje demasiado entallado que marcaba en exceso la lozanía de sus curvas, unos zapatos de los que olvidó quitar las pegatinas de las suelas y una corbata en tono verde oscuro que contrastaba en demasía con la tez blanquecina de su rostro. Ahora que tendrá más tiempo para la vida disipada, le recomendamos que aproveche las horas de asueto para curtirse un buen bronceado, por ejemplo, en su casa de veraneo en Alicante, pero siempre con precaución. Un factor 25 le mantendrá a salvo de los efectos nocivos del sol. Para que no lo olvide, el 25 es el mismo porcentaje con el que tributó a Hacienda en 2006, 2007 y 2008, cuando se creyó sociedad en lugar de persona.

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