La última trinchera


La trinchera de la traición. Un grupo de arqueólogos excavan en la Ciudad Universitaria de Madrid, el punto exacto donde se consumó la traición a la II República Española, donde el general Matallana firmó la rendición de la heroica ciudad de Madrid, nunca conquistada por las fuerzas fascistas.

El equipo de arqueólogos trabajará todo el mes de julio en la Ciudad Universitaria de Madrid. ÁLVARO MINGUITO

Para consumar tamaña traición, Matallana y otros conspiradores agrupados alrededor del coronel Segismundo Casado (entre los que destacan el socialista Julián Besteiro y el anarquista Cipriano Mera) no dudaron en levantarse en rebeldía contra el gobierno republicano que ya luchaba contra la rebelión fascista. Así, desde el interior y doblemente traicionada (mientras sus últimos defensores, comunistas, aún trataban de salvarla hasta el último minuto) murió la II República en ese punto exacto de Madrid.

Como dato a destacar, la excavación arqueológica es considerada una actividad con financiación pública, pero la realidad es que se sufraga únicamente con las aportaciones de varios estudiantes estadounidenses a través de sus costosas matrículas universitarias. Cosas de España. A continuación la noticía.

El grupo Arqueología de la Guerra Civil Española, adscrito al CSIC, vuelve a excavar en la Ciudad Universitaria de Madrid. En esta ocasión repite localización debido a la importancia histórica del lugar y a la cantidad de objetos recuperados el año pasado. El Asilo de Santa Cristina fue el emplazamiento donde la República capituló oficialmente.

En este lugar, a mediodía del 28 de marzo de 1939, se produjo uno de los hechos más importantes de la historia de España en el siglo XX. Justo en este punto, la ciudad que aguantó dos años y medio de asedio por parte del ejército franquista depuso las armas, capitulando oficialmente.

El momento fue captado a través de una fotografía. En ella se puede ver al jefe del Ejército de Centro republicano, Alfredo Prada, y al general Manuel Matallana, junto al coronel franquista Eduardo Losas, a escaso metros de las ruinas del Asilo de Santa Cristina, en la Ciudad Universitaria de Madrid. “En la imagen se ve a los oficiales haciendo el saludo militar y después se van caminando y se dirigen por la trinchera hacia la retaguardia franquista”, cuenta el investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Alfredo González-Ruibal, señalando a un punto a apenas unos pasos. “Es como la última trinchera de la guerra civil, es tremendo”.

Los oficiales republicanos Alfredo Prada y Manuel Matallana capitulando ante el coronel franquista Eduardo Losas.

La trinchera en cuestión, que comunicaba el Asilo de Santa Cristina con las líneas sublevadas, más allá del Manzanares, comienza a escasos metros de donde el grupo Arqueología de la Guerra Civil Española —liderado por González-Ruibal— ha comenzado a trabajar esta semana. Se trata de uno de los lugares de especial interés que el grupo no consiguió excavar, por falta de tiempo, en su campaña del año pasado en el mismo lugar.

BÚSQUEDA DE TESOROS

El equipo, uno de los más punteros del Estado en arqueología del conflicto, ha vuelto al pequeño bosque hoy olvidado y encerrado entre el Hospital Clínico, la Fundación Jiménez Díaz, el Museo de América y facultades de las universidades Complutense y Politécnica para recoger los tesoros que el año pasado no pudieron sacar a la luz.

Insignia de la Falange encontrada el pasado año en la excavación ÁLVARO MINGUITO

“Es el sitio más interesante en el que hemos excavado”, expone González-Ruibal. No es decir poco. En su currículum se encuentran emplazamientos cruciales de la guerra en los frentes de Aragón, el Ebro, León, Guadalajara y el Alto Tajuña, así como campos de concentración y de trabajos forzados en Castuera (Badajoz) y Bustarviejo (Madrid).

Una granada de mano encontrada durante las excavaciones. ÁLVARO MINGUITO

Por supuesto, sus tesoros, aunque tienen mucho de historia, no están hechos de oro. De hecho, lo más preciado es, a priori, todo lo contrario. “El año pasado lo mejor apareció al final y no lo pudimos excavar: un basurero con gran cantidad de material”, explica el investigador. Ante la falta de tiempo, optaron por sellarlo para volver más tarde. Ahora se disponen a abrir de nuevo y tienen esperanzas en el resultado: “Creemos que nos vamos a llevar sorpresas y van a salir cosas muy interesantes”.

Toda la zona ha resultado de especial interés para los arqueólogos. “En los edificios que excavamos, que están muy arrasados, resulta que hay una zona que se ha conservado bien. Es como una especie de depresión donde se acumularon muchos restos de la guerra”, señala González-Ruibal.

Los trabajos tienen lugar en el lugar donde se econtraba el Asilo de Santa Cristina. ÁLVARO MINGUITO

En este espacio, donde han encontrado bien conservados refugios antibombardeo, aparecieron objetos personales como un crucifijo o una alianza de plata, además de restos de comida que permiten conocer qué se llevaban a la boca los soldados franquistas que poblaron el lugar durante más de dos años, una lengua de tierra de zona nacional rodeada de tropas leales a la República que quedó prácticamente estática durante toda la guerra, al frenar las fuerzas del Gobierno democrático el intento de tomar Madrid desde el oeste en noviembre de 1936.

PROYECTILES DE LA COLINA DE LOS LOCOS

Otros objetos más asociados a la guerra no podían faltar, como previsiblemente tampoco lo harán los artificieros de la Guardia Civil. Ya vinieron el pasado año para hacerse cargo de ocho proyectiles sin explotar de la treintena de bombas, granadas y proyectiles de mortero y artillería que aparecieron en el otro espacio donde va a trabajar el equipo de nuevo, una colina situada a unos cien metros de las ruinas del Asilo de Santa Cristina.

La excavación se financia con fondos que aportan estudiantes estadounidenses. ÁLVARO MINGUITO

“Es la única zona de la colina del Hospital Clínico que está tal cual, intacta. Por eso nos interesa tanto estudiarla, el resto de las laderas se transformaron completamente después de la guerra”, explica González-Ruibal, quien resalta que el espacio es “una especie de fotografía de lo que fue un campo de batalla perfectamente conservado”.

Uno de los proyectiles encontrados el pasado verano. ÁLVARO MINGUITO

La zona, un lugar muy castigado por los bombardeos de las baterías republicanas en la Dehesa de la Villa y el Cerro de los Locos y en la que incluso hoy se puede observar un enorme cráter producido por la guerra de minas, no necesita ser excavada debido a la ausencia de estructuras y edificios. Los profesionales se limitarán este año a realizar una prospección a muy alta resolución para obtener todos los objetos posibles, “desde una balita a un botón”, tal como apunta el arqueólogo.

EXCAVACIÓN PÚBLICA… SIN FONDOS PÚBLICOS

A pesar de la habitual visita de personal y cargos de diferentes administraciones, la campaña estival en la Ciudad Universitaria del grupo Arqueología de la Guerra Civil Española no contará, por segundo año consecutivo, con financiación pública, aunque se trate de un proyecto adscrito al Instituto de Ciencias del Patrimonio, con base en Santiago de Compostela y vinculado al CSIC.

Alfredo González-Ruibal, investigador del CSIC y coordinador de los trabajos en Ciudad Universitaria. ÁLVARO MINGUITO

Será así pese a la proposición aprobada en septiembre de 2017 en la Junta Municipal de Moncloa-Aravaca, para establecer “los mecanismos necesarios para colaborar con los proyectos de prospección y excavación arqueológica de los restos de la Guerra Civil en la Ciudad Universitaria, organizando también exposiciones, conferencias y otros eventos de interés en los centros culturales del Distrito que permitan dar a conocer los avances científicos realizados, así como instar al área u organismo competente a que incluya dichos proyectos entre los receptores de ayudas públicas”.

De nuevo será el dinero que aportan estudiantes estadounidenses el que sostenga la excavación. “Tenemos nueve estudiantes americanos que son lo que financian íntegramente el proyecto”, explica el director del mismo, “además de estudiantes de la Complutense haciendo prácticas que, obviamente, no tienen que pagar”.

El lugar es de importancia histórica: aquí capituló oficialmente la República. ÁLVARO MINGUITO

Los universitarios norteamericanos, llegados no solo de facultades de Arqueología, sino también de Periodismo, Relaciones Internacionales o Antropología, aportan algo más de 4.000 euros por la formación que adquieren en el equipo. “Para ellos es obligatorio hacer una serie de créditos prácticos en su carrera y tienen que pagar un montón de dinero, la universidad en Estados Unidos funciona así. Una asignatura les cuesta 6.000 u 8.000 dólares. Esto les cuesta 4.000 y pico, lo que es una barbaridad, pero no es tanto como pagan en su país e incluye la estancia, la manutención, etcétera”, explica González-Ruibal.

PRÓXIMO DESTINO: RIVAS-VACIAMADRID

Los estudiantes no se quedarán solo en la Universitaria madrileña. Además de la experiencia en la excavación, las clases y conferencias que recibirán y las salidas programadas por el equipo, el 25 de julio todo el grupo dejará el Asilo de Santa Cristina para, durante cinco días, prospectar en los restos del poblado de Vaciamadrid y del antiguo palacio Real que se situaba junto al pueblo, en la junta donde se unen los ríos Manzanares y Jarama, a 17 kilómetros de la capital.

El equipo se trasladará a final de mes a Rivas-Vaciamadrid para prospectar el antiguo poblado de Vaciamadrid. ÁLVARO MINGUITO

Se trata de una localidad hoy desaparecida que fue arrasada por los combates de la Batalla del Jarama. Como expone el director del proyecto, “la idea es hacer sondeos para tratar de ver si hay restos de la guerra y restos anteriores que nos permitan datar el edificio que hoy hay sobre el espacio donde estuvo el palacio real”.

Prepararán así el terreno para el mes de septiembre, cuando volverán al mismo emplazamiento para seguir excavando. También excavarán en una zona cercana: las trincheras republicanas situadas junto al puente de Arganda del Rey, antiguo paso sobre el Jarama de la nacional II hoy cerrado al tráfico, un lugar donde estuvieron muy activas las brigadas internacionales.

El Salto

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