El aumento de la concentración de la riqueza y el temor a un estallido popular, por Alfredo Zaiat


Los estallidos sociales son generalizados. En Chile, Ecuador, Colombia y Haití, en América Latina; en Líbano e Irak, en Medio Oriente; en Hong Kong, en Asia; en España y Francia, en Europa. Las protestas sacuden diferentes partes del mundo. Millones de personas en las calles por diferentes razones, con un denominador común: el descontento social.

“Hay una lucha de clases, de acuerdo, pero es mi clase, la clase rica, la que hace la guerra, y estamos ganando” (Warren Buffett)

Warren Buffett, uno de los hombres de negocios más ricos del mundo, fue quien dejó al desnudo, en la forma más brutal, la magnitud de la desigualdad que domina la actual fase del capitalismo global: “Hay una lucha de clases, de acuerdo, pero es mi clase, la clase rica, la que hace la guerra, y estamos ganando“, escribió, aún antes de la grave crisis mundial de 2008.

Patriotic Millonaire

Es una organización en Estados Unidos integrada por ricos que proponen la suba de la carga tributaria a las personas con fortunas. Lo hacen preocupados por la creciente concentración de la riqueza que estaría poniendo en jaque la convivencia democrática.

Se formó en 2010 y para ser miembro el requisito básico es tener ingresos de más de un millón de dólares anuales o bienes equivalentes a cinco millones.

En la declaración de principios, publicada en su página web, se presentan en forma provocativa como orgullosos “traidores a su clase”.

Dicen que son líderes empresarios e inversores con elevados patrimonios que se han unidos preocupados porque la “concentración de la riqueza y el poder en Estados Unidos es desestabilizadora”.

Plantean que la misión de Patriotic Millonaire es construir una nación más estable, próspera e incluyente mediante la promoción de políticas públicas orientadas a un salario digno para todos y un sistema fiscal equitativo.

Morris Pearl, ex ejecutivo de la firma financiera BlackRock, se retiró hace cuatro años del negocio de Wall Street para liderar Patriotic Millonaire. En una reciente entrevista afirmó: “A mí no me gusta pagar más impuestos, no es que lo disfruto, pero quiero vivir en un sistema en el que haya mayor igualdad”.

También señaló, en línea con la corriente económica que promueve el crecimiento vía mejorar la demanda, que “si aumentamos el salario, vamos a aumentar el consumo y con esto se incrementan las ganancias, lo que, a su vez, va a generar más inversión”.

Para agregar que “la prosperidad del país comienza con una clase media y una clase trabajadora prósperas porque ellos son muchos consumidores. Y es gracias al consumo del conjunto de la población que hay crecimiento económico”.

Para evitar confusiones, indicó que “quiero dejar en claro que no lo digo desde una posición anticapitalista. Soy capitalista, gano dinero invirtiendo, pero el concepto mismo de democracia está en juego porque este minúsculo grupo de multimillonarios utiliza el dinero para incrementar su poder político y usa ese poder político para incrementar su riqueza”.

El 1%

Esa descripción de cómo se han desarrollado las sociedades en las últimas décadas resulta reveladora para comprender que los actuales estallidos sociales no son imprevistos, sino que expresan la acumulación de un hastío social por la creciente y persistente desigualdad.

Hasta Bill Gates, el segundo hombre más rico del mundo, escribió en su blog: “Soy consciente de que las groseras desigualdades continúan separando a los afortunados de los desafortunados en todos el mundo”.

La cuestión de las desigualdades sociales, la diferencia cada vez más amplia entre el patrimonio de los ricos y el de los pobres, ha adquirido mayor relevancia en el debate público, pero también en el ámbito intelectual. Un hito en el mundo académico por su enorme impacto es la investigación “El capital en el siglo XXI”, del economista francés Thomas Piketty. Este apuntó el desinterés que había hasta ahora entre economistas sobre este tema y en su estudio de largo plazo.
Basado en rigurosas fuentes demostró que gran parte de la riqueza mundial se concentra en el 1% de personas. La ONG Oxfam reveló que, en 2019, 2153 multimillonarios tenían más riquezas que el 60% de la población del planeta.

En base a datos publicados por la revista Forbes y el banco Crédit Suisse, esos ricos tienen más dinero que los 4600 millones de personas más pobres del mundo.

Otro dato contundente brindado por Oxfam: la fortuna del 1% de los más ricos del mundo corresponde a más del doble de la riqueza acumulado de los 6900 millones de personas menos ricas, es decir el 92% de la población mundial.

Nick Hanauer, uno de los millonarios de Estados Unidos, detalló que en 1980 el 1% poseía el 8% de la renta nacional mientras que el 50%, el 18%; ahora esa relación es 20% y 12%, respectivamente.

Piketty menciona varias veces en su libro que sociedades tan desiguales no serán estables, y que necesitarán altos niveles de coerción para mantenerse o lograr convencer a la población que esas desigualdades son naturales.

América Latina

Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) explicó en el “Panorama Social de América Latina 2019” que “la igualdad es el fundamento del desarrollo”.

Mencionó que “hoy constatamos nuevamente la urgencia de avanzar en la construcción de Estados de Bienestar, basados en derechos y en la igualdad, que otorguen a sus ciudadanos y ciudadanas acceso a sistemas integrales y universales de protección social y a bienes públicos esenciales, como salud y educación de calidad, vivienda y transporte. El llamado es a construir pactos sociales para la igualdad”.

La CEPAL propone que es necesario crecer para igualar e igualar para crecer. La superación de la pobreza en la región no exige solamente crecimiento económico; éste debe estar acompañado por políticas redistributivas y políticas fiscales activas.El documento destaca el crecimiento de los estratos de ingresos medios, aunque estos siguen experimentando diversas carencias y vulnerabilidades, tanto en relación con sus ingresos como en el ejercicio de sus derechos.

Entre 2002 y 2017, la participación de los estratos de ingresos bajos en el total de la población disminuyó de 70,9% a 55,9%. Ese porcentaje incluye a las personas en situación pobreza extrema, pobreza y en estratos bajos no pobres.

A su vez, la participación de los estratos de ingresos medios (divididos en medios-bajos, medios-intermedios y medios-altos) creció del 26,9% al 41,1%.

De esta forma, el 76,8% de la población de América Latina pertenece a estratos de ingresos bajos o medios-bajos. En tanto, las personas pertenecientes a los estratos de ingresos altos pasaron del 2,2% al 3,0%.

Pacto social

Estos datos de la CEPAL muestran que los ingresos del 1% más rico de la población siguieron creciendo en estos años. También que hubo una ampliación de los estratos de ingresos medios, fenómeno estrechamente asociado con la tendencia de reducción de la pobreza y la pobreza extrema que predominó en la región entre 2000 y 2014.

Esto se tradujo en la mejora de las condiciones de vida y el incremento de las expectativas y demandas sociales de una proporción importante de la población, pero que, al mismo tiempo, no fue capaz de atenderlas en la dimensión esperada y tampoco de eliminar una serie de vulnerabilidades.

Estos estratos de ingresos medios siguen enfrentando distintas vulnerabilidades:

  • bajo nivel educacional,
  • baja calidad de la inserción laboral,
  • baja cobertura e insuficiencia de las prestaciones en el sistema de pensiones.

Son los sectores sociales que han salido a ocupar el espacio público, en inmensas movilizaciones populares, demandando recortar privilegios de los ricos y mejorar su calidad de vida.

Después de un quinquenio de lento crecimiento, las carencias estructurales de la región se han vuelto más evidentes y su solución es parte de las demandas de amplios grupos sociales, en particular de las nuevas generaciones.Estas demandas incluyen el rechazo a la persistencia de la cultura del privilegio en sus múltiples dimensiones, en particular las vinculadas a la concentración de la riqueza, el acceso segmentado a servicios públicos y culturales de calidad, y la falta de reconocimiento de la dignidad de los individuos y las comunidades.

El actual es un período de cambios geopolíticos globales, gran descontento social y creciente polarización, acompañados en muchos casos de un proceso de deslegitimación de la política y un creciente rechazo a formas tradicionales de organización y expresión de intereses.

Estos factores precipitan en algunos casos cambios políticos de envergadura y el cuestionamiento de consensos forjados en las últimas décadas, de signos distintos, algunos de los cuales han representado avances en la agenda de derechos e inclusión, en tanto que otros han contribuido a la reproducción de desigualdades, exclusiones y distintas formas de vulnerabilidad.

Para apostar decididamente por la igualdad, se requiere establecer un nuevo pacto social que consolide acuerdos entre diversos actores, brindando legitimidad y solidez a políticas y reformas estructurales transformadoras.Un pacto social para la igualdad es un pacto orientado a la redistribución del ingreso y otros activos, así como al reconocimiento de identidades y autonomías diversas y a la superación de la heterogeneidad estructural. Entre otros elementos, ello demanda un pacto fiscal para avanzar en la equidad distributiva y en la sostenibilidad de la protección social.

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