La única forma de compartir gobierno con la socialdemocracia es siendo parte de la misma familia


Desde que la presencia de Unidas Podemos en el gobierno se traduce en las encuestas (alma y razón de este tinglado que el régimen del 78 llama «democracia»), en un desgaste paulatino pero permanente, la cúpula de UP ha decidido marcar perfil propio. Esto es, hablar de un mero matrimonio de conveniencia (para que sus ventajas recaigan en el pueblo, dicen) intentando dejar claro que hay dos sectores en el mismo ejecutivo. 

Subyace en esa participación la idea central (y socialdemócrata) de que las cosas se cambian desde dentro y que el reformismo es la única posibilidad en el marco de la Unión Europea. Se ha pasado en poco tiempo del «psoe, pp, la misma mierda es» a ser bastón necesario para que el PSOE (y con él, el sistema capitalista) pueda caminar. La familia es la familia.

Un ejemplo es la futura candidata, Yolanda Díaz, procedente del carrillismo, que ha dejado elogios a la socialdemocracia y se muestra encantada de lucir modelitos en el Telediario, pero ante el posible batacazo ha retomado lo que los suyos creen es un matiz izquierdista, exigiendo 15 euros de aumento en el SMI (Salario Mínimo Interprofesional), reducción del recibo de la luz (obviamente sin hablar de boicots, expropiaciones o nacionalizaciones) y dando guiños al nacionalismo catalán para que mantengan su apoyo al gobierno. La estrategia histórica de algunos partidos comunistas en Europa de ponerse de rodillas para que la socialdemocracia los incorpore a los gobiernos, ha terminado casi siempre en absorción o autodestrucción, es el precio del encanto a corto plazo para tener poltronas y situar a conocidos, pero justificándolo todo con el repetido argumento de que se hace para favorecer los intereses populares pero, sobre todo, es la constatación del abandono de cualquier proyecto y acción revolucionaria. Si se les pregunta a sus herederos qué hay sobre la lucha contra el capitalismo, se mira para otro lado y se recurre al ojo y cuidado que si no nos apoyáis viene la derecha. Es el mismo cuento repetido una y otra vez. Aburren.

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