Cuando empieza a narrar la tiranía de Caracalla, dice Edward Gibbon que, hasta entonces, los romanos habían contado con la peculiar ventura, y en los peores tiempos con el consuelo, de que en la virtud sus emperadores habían sido activos; y en el vicio, indolentes (“it had hitherto been the peculiar felicity of the Romans, and in the worst of times the consolation, that the virtue of the emperors was active, and their vice indolent”).
Afortunados ellos. Nosotros, tan sin ventura ni consuelo, tenemos un presidente que en el vicio se muestra infatigable, favorece a los poderosos, castiga a los más desprotegidos, arremete contra la educación y la sanidad públicas, recorta derechos a embarazadas, presos, inmigrantes y a todo aquel que no sea rico por su casa. En sus conjeturales virtudes (capacidad para templar gaitas gallegas, sentido común, pragmatismo o las que fueren) se ha entregado, en cambio, por completo a la pereza.
Cómo no voy a apoyar a Sánchez Gordillo. Cómo no voy a apoyar el robo de alimentos para repartirlos y la ocupación de fincas.
Lo incomprensible, lo mojigato y desvergonzado es ponerle peros, como ha hecho Izquierda Unida, en un rapto de cagaleras orteguiano-democráticas. Seguir leyendo A ver si ahora Cayo Lara va a resultar un intelectual, por Rafael Reig







por Pedro A. García Bilbao. Vale, ocupamos el congreso… ¿Y luego, qué? Se cita al personal delante de las cortes ¿Y? ¿Cuál es el plan? ¿Algún mensaje para los diputados? ¿alguna idea sobre cómo negociar la rendición de la policia?¿Quién se ocupa del catering? No debería ser grave la cosa. 300 guardias civiles tomaron el congreso y no fueron procesados: es más, salieron sin rendirse, con sus armas en la mano y luego se incorporaron a sus unidades, donde siguen. Vale, es ironía sobre un hecho tan cruel como real. 




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