Julio Álvarez del Vayo: una vida de luchador por la República, por Henry Farreny*


Julio Álvarez del Vayo y Olloqui nació en Villaviciosa de Odón (Madrid), el 9 de febrero de 1891. Licenciado en Derecho en Madrid y en Valladolid, prosiguió sus estudios en Gran Bretaña en 1911 (se afilia entonces al PSOE) y en Alemania (1913), donde conoce a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. En Berna, 1916, conoce a Lenin.

Álvarez del Vayo en una visita oficial en 1936 como Ministros de Asuntos Exteriores

Hasta la llegada de la República lleva una vida de corresponsal internacional de prensa, gran viajero, poliglota y militante.
En 1921 abandona el PSOE, al cual se reintegra años más tarde, cuando sus dirigentes (Francisco Largo Caballero, Indalecio Prieto) se comprometen con el derrocamiento de la dictadura de Primo de Rivera y la monarquía. En verano de 1930 se firmó el Pacto de San Sebastián que condujo a la insurrección fallida de diciembre (Sublevamiento de Jaca, ejecución de Fermín Galán Rodríguez y de Ángel García Hernández). Álvarez del Vayo está implicado en el Comité Revolucionario, pero no es arrestado.

Tras la proclamación de la República el 14 de abril de 1931, se le confió una misión diplomática en Alemania, y poco después fue nombrado embajador en México. En diciembre de 1933 resultó elegido diputado a Cortes (por Madrid) y fue reelegido en febrero de 1936.

Fue ministro de Asuntos Exteriores, desde el 4 de septiembre de 1936 hasta el 17 de mayo de 1937, en los gobiernos dirigidos por Francisco Largo Caballero. Y, desde el 5 de abril de 1938 hasta el fin de la guerra civil, en los gobiernos de Juan Negrín López.

Julio Álvarez del Vayo (a la derecha), ministro de Asuntos Exteriores

Desde este ministerio, con gran coraje, se enfrentó a la política de No Intervención, especialmente ante la Sociedad de Naciones, e intentó modificar las posiciones de Francia e Inglaterra. Defiende sin desfallecimiento la unidad de los republicanos alrededor de la línea de resistencia preconizada por Negrín: “Resistir es vencer”.

En febrero de 1939, una vez que los fascistas habían ocupado Cataluña, pasó a Francia con Azaña y Negrín. Poco después, este último y él mismo retornan en avión a Alicante, con el objetivo de evitar la caída de la República antes de que estallase la guerra –que ellos consideran ineluctable– entre Alemania y Francia. Pero no pudieron prever la traición del coronel Casado (5 de marzo, centrada en Madrid), que costó la vida a varios miles de republicanos fieles y provocó la entrada de las tropas fascistas en la capital el 1º de abril.

A pesar de las medidas policiacas tomadas por el gobierno francés para su localización, en enero de 1940 Julio Álvarez del Vayo consigue refugiarse en América del Norte (México, Estados Unidos). Desarrolla allí una gran actividad en defensa de la causa republicana, como hace Juan Negrín en Londres desde junio de 1940. Publica La guerra empezó en España (Editorial Séneca, México, 1940, 380 p.).

En 1944-1945 manifestó su apoyo a la UNE y sus guerrilleros, que emprendieron la Ofensiva de los Pirineos. En 1945, el PSOE y la UGT se parten en dos. En abril de 1946, en unas condiciones hoy condenadas, la fracción del PSOE encabezada por Indalecio Prieto, alentada por diversos apoyos occidentales que quieren avenirse con la España franquista, expulsa brutalmente a 36 dirigentes históricos del partido. Estos defienden el mantenimiento de la lucha por el restablecimiento de la República, sin negociar con la monarquía y sin renunciar a la colaboración con los comunistas.

Juan Negrín López, presidente del Consejo de Ministros de la República Española y Julio Álvarez del Vayo Olloqui, como ministro

Entre los excluidos están Juan Negrín y Julio Álvarez del Vayo, pero también Ramón Lamoneda Fernández (secretario general del PSOE desde 1936, ex diputado por Granada), Ramón González Peña (ex dirigente de la Revolución de Asturias –condenado a muerte por ello–, secretario de la UGT en 1936, ex ministro de Justicia, presidente del PSOE desde 1936) y otras figuras republicanas como Julia Álvarez (ex diputada por Madrid), Amaro del Rosal (secretario adjunto de la UGT en 1937) o el escritor Max Aub.
En 1948, la Internacional Socialista, bajo el influjo de la naciente guerra fría, refrendó las expulsiones.

En 1951 nace la Unión Socialista Española (USE), con Ramón Lamoneda como secretario general y Julio Álvarez del Vayo como presidente. En 1964, la USE participa en la creación del Frente Español de Liberación Nacional (FELN). Ese año coincide con el apogeo de los frentes de liberación nacional en distintas regiones del mundo. Desde el 1971, el FELN, el Partido Comunista de España (marxista-leninista), Vanguardia Socialista y otros grupos decididamente republicanos constituyen el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP).

A comienzos de marzo de 1975, Julio Álvarez del Vayo, como presidente del FRAP, propugna el desarrollo de la lucha armada contra el régimen franquista. Recordemos que Vietnam estaba entonces a punto de ganar la guerra contra los EE.UU., y que el año precedente, 1974, una insurrección militar había provocado la caída de la dictadura portuguesa de Salazar).

Julio Álvarez del Vayo muere dos meses después, el 3 de mayo de 1975, en Ginebra. No llegó a conocer las últimas ejecuciones ordenadas por Franco (3 militantes del FRAP y 2 de ETA fusilados el 27 de septiembre de 1975), ni la muerte del dictador (20 de noviembre de 1975) ni la coronación del rey Juan Carlos en lugar de la República esperada.

Su entierro en Ginebra fue precedido por una ceremonia a la que asistieron José Maldonado González, presidente de la República española en el exilio, y Fernando Valera Aparicio, jefe del gobierno en el exilio.

Treinta y tres años después de su muerte, un congreso del PSOE, convocado en Madrid, en 2008, retomó el tema de las exclusiones de 1946, y decidió que Juan Negrín (primer citado en la lista), Julio Álvarez del Vayo (segundo citado) y sus treinta y cuatro compañeros debían ser “objeto” de reconocimiento y homenaje públicos” del partido. Declaró que: “Recuperar la memoria histórica de Juan Negrín López y de sus 35 compañeros expulsados es, hoy, un acto de justicia y de dignidad socialista”.

La tumba de Julio Álvarez del Vayo y la de su esposa Louise, muerta un año antes que él, estaban amenazadas de desaparición. La AAGEF-FFI ha decidido tomar medidas de salvaguarda para protegerla durante algunos años, consiguiendo así un tiempo necesario para reunir apoyos de asociaciones, instituciones y personas dispuestas a contribuir para su conservación a perpetuidad. Y también para que se rinda el merecido homenaje a una gran personalidad de España, animado toda su vida por los ideales de libertad, no sólo de sus compatriotas, sino de toda la humanidad.

Salvaguardar la tumba de Julio Álvarez del Vayo

La España actual es ingrata con sus grandes hombres, los auténticos. Entre ellos, los exiliados. Por ejemplo, las modestas tumbas de Manuel Azaña y Juan Negrín en París todavía no han recibido la visita de un jefe de gobierno español en ejercicio. Ningún dirigente del Estado español se ha acercado hasta las pobres tumbas de los héroes de la Resistencia española en Francia, como las del general Luis Fernández en Chars o la de José Barón en Pantin. Por el contario, el presidente del senado francés visitó solemnemente Pantin el 25 de agosto de 2014.

La concesión registrada de la sepultura de Julio Álvarez del Vayo en Ginebra (Suiza) estaba a punto de caducar. La oficina de la AAGEF-FFI decidió hacer algo para evitar la consumación de un hecho irreparable. Vista la urgencia, decidimos pagar la renovación de dos concesiones por 5 años, a título de conservadores, tanto de su tumba como la de su esposa Louise, en la que está también la urna de su hijo Diego. Para ello, hemos desembolsado la suma de 590 francos suizos (1.484 euros). Es preciso ahora actuar para mantener estas sepulturas a perpetuidad y para rehabilitarlas dignamente. Actualmente no tienen ninguna inscripción, ni siquiera los nombres de los allí enterrados.

Con este fin, hacemos un primer llamamiento a las personas, asociaciones, instituciones: unamos nuestras voluntades y capacidades (contacto aagef@free.fr). Tomaremos otras iniciativas en relación con el CIIMER.

Por el momento, gracias a quienes quieran ayudarnos a hacer frente a los primeros gastos. (En los cheques: AAGEF, y en el dorso: tumba Álvarez del Vayo; dirigirlos a Jacques Galvan, 58 Chemin Pigeron, 31660 Buzet-sur-Tarn)

* Presidente nacional de AAGEF-FFI. Publicado en Bulletin d’information de Amicale des Anciens Guérrilleros Espagnols en France