VILAGARCÍA DE AROUSA: El 1 de Mayo entre pensiones, igualdad y una profunda brecha sindical


Las diferencias entre la CIG y el resto de las centrales crecen, mientras la crisis de CC. OO. en Arousa llega a la calle

El asunto depende de la zancada que cada uno exhiba, claro está, pero entre los jardines de Ravella y la avenida de A Mariña tan solo median unos 250 pasos. Un paseo de dos minutos que, pese a su brevedad, se antoja infranqueable para las tres grandes centrales sindicales del país. Especialmente si de lo que se trata es de escenificar sus respectivas apuestas en la calle.

Ayer fue uno de esos momentos de alto contenido simbólico. El Primero de Mayo, el día del trabajo, es una fecha tradicional de reivindicación, pero también de fiesta. Ayer, en Vilagarcía, hubo mucho de lo primero. No tanto de lo segundo. Y no solo porque las diferencias entre las tres organizaciones lleven a la CIG, por ejemplo, a acusar a Comisiones Obreras y UGT de ser «sindicatos do PP», como rimaba una de sus consignas, sino también por el mal ambiente que reina en el seno de alguna de ellas. Comisiones, sin ir más lejos, es hoy, en Arousa, una mera sombra de lo que fue.

El caso es que los relojes se sincronizaron para que las dos manifestaciones que recorrieron el centro de Vilagarcía iniciasen su marcha a las doce. La CIG lo hizo desde la Casa do Mar, como ya es costumbre en la central nacionalista, mientras UGT y CC. OO. sumaban nuevamente sus fuerzas en Ravella.

En la mente de todos, las recientes movilizaciones transversales que han conseguido desalojar a la gente de los sofás y llevarla de nuevo a la calle para exigir un sistema público de pensiones dignas y la igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres. Ambas reivindicaciones añadieron combustible a los respectivos argumentarios del movimiento sindicalista, con un par de sustanciales diferencias en el caso de la CIG: la llamada a la huelga general en Galicia y una mayor capacidad de convocatoria que se vislumbró ya en las últimas concentraciones sobre las pensiones y ayer se confirmó. Mientras la organización nacionalista reunía a medio millar de manifestantes, las dos centrales estatales juntas apenas congregaron a trescientas personas.

Nada que no se pudiese sospechar previamente, habida cuenta de que UGT y CC. OO. parecen haberse conjurado para desmantelar sus respectivas estructuras en la comarca. A los ugetistas les da aire el regreso de gente como Pepe Vázquez. Pero el caso de Comisiones merece una reflexión en detalle. La dimisión de Celia Iglesias y de su ejecutiva, que ni siquiera llegaron a completar un año al frente de la unión comarcal, mantiene al sindicato en una especie de estupor permanente. Pese a lo anunciado, la cúpula de la central en Galicia no ha sido capaz de nombrar todavía una gestora que se haga cargo, no ya de su funcionamiento en Arousa, sino de algo mucho más importante: la gestión de la confianza de sus delegados y afiliados en las empresas de la comarca. Así, en ausencia de otros referentes en la cabecera, fue como Jesús Ángel Castro, el secretario de Formación del sindicato nacional, tuvo que tomar la palabra en Vilagarcía. Mientras, la ejecutiva dimisionaria invertía su pancarta como protesta y la megafonía servía una afónica Internacional. Mal presagio.

La Voz de Galicia

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