Estibadores. ¡No van a por ellos, vienen a por todas!


Estibadores. Trabajadores que día a día, y desde hace miles y miles de años, se encargan de la carga y descarga de la mercancía de los barcos en los puertos. Herederos de una profesión milenaria. Conocedores de siglos de explotación pero también de lo que significa estar organizados sindicalmente. Portan la experiencia y conocimientos de la profesión, pero también la fuerza que les ha permitido llegar hasta hoy como uno de los pocos sectores con derechos laborales sólidos.

Estibadores. Han plantado cara a la liberalización del sector y, con la defensa de sus derechos, denuncian el constante retorno de lo mismo: un nuevo  ERE encubierto que abre la vía a nuevas contrataciones precarias, la alquimia de un nuevo modo de desregular otro sector público y estratégico, la mecánica de beneficiar siempre a los mismos, de incrementar la brecha de la desigualdad entre quienes lo tienen todo y quienes no tenemos nada.

Estibadores. ¡Enchufados! gritan quienes piden liberalizar el sector para decidir directamente las contrataciones para poder pagar menos por lo mismo. ¡Enchufados! dicen quienes intercambian puestos a través de puertas giratorias. ¡Enchufados, privilegiados y antidemocráticos! califican quienes han obtenido su riqueza por herencia y disponen de la riqueza acumulada que hemos producido otros. ¡Déspotas y enchufistas! dicen quienes quieren ostentar el privilegio de contratar libremente por algunos pocos euros! ¡Privilegiados! gritan mientras piden que los estibadores cobren un 60% menos por trabajar 334 horas más al año. ¡Antidemocráticos! Dicen quienes piden que Puertos del Estado gane menos para poder llenar unos pocos bolsillos. ¡Déspotas! Argumentan quienes solo piden más beneficios y ganancias para sí, recortando, claro, los derechos  del resto.

¡Van a por ellos, sí, pero en realidad vienen a por todas!

En lugar de amplificar los gritos desesperados e indignados de que “no somos mercancía en manos de políticos y banqueros” y que ésta “no es una crisis, es una estafa, es el sistema”, asistimos absortos al linchamiento público de lo poco que queda: la lucha de los trabajadores por dignificar la vida y defender la dignidad. Una vez más, la culpa de la crisis la tenemos nosotros, por no querer acostumbrarnos a vivir sin derechos. Otra vez el chivo expiatorio es el mismo: quienes se resisten a perderlo todo.

Estibadores. Nos vuelven a enfrentar así a la realidad más cruel de este último tiempo: como, reforma laboral tras reforma laboral, hemos ido perdiendo nuestra capacidad de negociar convenios laborales justos y las herramientas sindicales para dignificar las condiciones de vida de la mayoría. Evidencian, así, lo que hemos perdido pero principalmente nos señalan cómo hemos llegado hasta aquí y por qué puerta.

¡Europa! ¡Europa! Gritan quienes solo miran a Europa cuando nos piden que el cinturón nos lo apretemos siempre los mismos. ¡Europa! ¡Europa! dicen quienes miran para el otro lado cuando Europa dice que desahuciar a familias sin casa va en contra de las normas comunitarias. ¡Europa, Europa! Gritan tapándose los ojos cuando Europa dice que no se puede agujerear el subsuelo de Doñana para colocar tubos de gas. Como si en estos días no hubiésemos escuchado otras alternativas para cumplir con las normativas europeas que no sean las de abrir la puerta a la precariedad.  ¿Es que no hay una alternativa pública al dilema?

La hay, pero no van a por ellos, vienen a por todas.

El diario