14 de abril de 2017, por Salva Artacho


Ha transcurrido un año desde la anterior conmemoración (14 de abril del 2016) y nos plantamos en el “14 de abril de 2017” para volver a salir a la calle a reivindicar lo nuestro: La República.

Pero nos conviene reflexionar que ha supuesto para nosotros los republicanos el transcurso de ese año, que avances hemos tenido, si los ha habido, si podemos considerar que estamos llegando a la ciudadanía con nuestro ideario republicano…, en definitiva si la República la vemos cerca o lejos pese a nuestros deseos personales y sobre todo como la ven los ciudadanos que nos contemplan levantar las Banderas pero que todavía no forman parte del proyecto y son, la mayor parte del tiempo, meros espectadores.
Además de reflexionar hacia donde va “izquierda” parlamentaria, si nos ayuda a avanzar en los postulados que hemos heredado de la gran Revolución Francesa o si por el contrario confirman y afianzan, la restauración monárquica que dispuso en su testamento el dictador. Me voy a centrar en la primera parte de mi intento de reflexionar y no me cabe más desasosiego al ver el año transcurrido como se ha desarrollado, si somos o estamos en el camino para que los republicanos influyamos en el cambio que nuestra sociedad necesita para progresar en beneficio de la mayoría social injustamente discriminada y aperreada por los poderes públicos y las clases dominantes, si los republicanos abanderamos o estamos en disposición de hacerlo, sin complejos, la conquista de las libertades republicanas.
Y para mi reflexión, y con dolor, considero que los republicanos seguimos fallando, como motor político-social que anime a la ciudadanía a levantar la Tricolor con vigor y sin miedos, para comprometerse en esa ruptura democrática necesaria y alternativa que representa la República. Y es porque hemos mirado demasiado lo que otros hacen sin plantearnos un calendario autónomo que establezca las estrategias necesarias para mover a los ciudadanos a sentir que sus graves problemas y carencias no pueden solucionarse sin ese cambio que supone recuperar la República.
Deberemos afrontar y dejar claro que la grave situación económica que padece la sociedad en general, la corrupción y el trapicheo político, los desahucios, la precariedad laboral, el abuso patronal, los problemas de la educación pública, la sanidad que nos roban para privatizarla y convertirla en el gran negocio, el incumplimiento sistemático de sus leyes, la criminalidad machista sin fin, la fuga de cerebros por falta de cauces para la investigación, la bula fiscal e impositiva de la que goza la Iglesia, la parcialidad de la justicia, la nula atención a la memoria histórica republicana, la burla de la clase dirigente al gobernar solo para los intereses de las minoría pudientes…, deben ser abordados desde un planteamiento radical democrático, o lo que es lo mismo, yendo a la raíz de los problemas y esto solo se puede hacer desde la República, dejando claro que todo lo que nos proponen los ex-socialistas, la derecha y los nuevos partidos son “agiornamientos” o ligeras capas de pintura para disimular la situación de deterioro en la que está el régimen y de la que ellos son cooperadores necesarios en sus sostén.
Pero, claro, para que los ciudadanos nos entiendan y se sientan atraídos por nuestras propuestas nos tienen que encontrar en todos los tajos y lugares de lucha, ofreciendo la alternativa definitiva a las graves situaciones que vivimos-viven, superando la división, el capillismo y con un programa republicano unitario, creíble, abierto, sin dogmatismos ni pamplinas.
La República se convertirá en el gobierno de todos para con todos y para que llegue son necesarios los republicanos previamente organizados, capaces de pactar entre ellos un programa común de unidad popular, un programa que nace y se desarrolla en el seno de la sociedad, que nos permita ser reconocidos y a su vez conocedores de todas las necesidades de nuestro pueblo, siendo los abanderados de la libertad, la justicia y la fraternidad.
Salud y República.
Salva Artacho, republicano