Coronavirus en España: la película más grande jamás filmada


Estamos asistiendo a la película más grande jamás filmada. La emiten y la ruedan justo delante de nosotros con un guion al que ni Orwell ni Huxley ni Zamiatin se acercaron siquiera. Es un acontecimiento histórico en el que todo o casi todo lo que contemplamos forma parte de un gran decorado. Es ficción.

No, no quiero decir que todo lo que sucede con esa pandemia llamada Coronavirus sea mentira. El Coronavirus o COVID-19 causado por el SARS-CoV-2 es real, es contagioso y mata. Pero todo lo demás es mentira. Me explicaré.

Hasta la actualidad, 16 de marzo de 2020, el coronavirus ha contagiado en el mundo a 172.425 personas como mínimo –con toda seguridad ha contagiado a muchas más– y ha provocado la muerte de 6.668 personas, así como el ingreso hospitalario de varias decenas de miles de personas. Con datos oficiales, sabemos que este virus causa una mortalidad entre el 2% y el 4% de los casos registrados y supone complicaciones hospitalarias hasta en un 15%. Para más del 80% no es necesaria la asistencia hospitalaria para superar el virus.

Además, sabemos que se trata de datos registrados y que los contagios son mucho más numerosos, solo que la mayoría no son detectados. Se estima que la mortalidad podría situarse realmente en el 0,7%, o incluso menos. Por poner ejemplos (a fecha 16 de marzo): en Alemania hay 6.671 contagios y solo 13 muertos, el 0,19%; y en Corea del Sur, con 8.236 contagios hay 75 muertos, el 0,91%.

Es muy sencillo: es posible que haya contagios no registrados, pero es imposible que los registrados no lo sean. Por tanto, las tasas de letalidad más altas podrían deberse a un número menor de registros.

Ahora bien, ¿un virus que ha provocado 172.425 contagios y la muerte de 6.668 personas en dos meses en el mundo es el Apocalipsis? Ah, sí, lo olvidaba, olvidaba comentar que es muy contagioso porque tiene un RO o número reproductivo de 2,68, esto es, que cada persona contagia a 2,68 personas, por lo que al superar el 1 se expande. El ritmo de expansión sería más o menos equivalente al doble que la gripe.

Repito: ¿Es el coronavirus el Apocalipsis?

El coronavirus no es el Apocalipsis. Al Apocalipsis se acercaría el SARS, con una tasa de contagio o RO de 3 y una letalidad del 10%. El Apocalipsis sería un MERS, que tiene una letalidad del 30%, pero con una tasa de contagio mayor a la que tiene. El Apocalipsis también sería un Ébola con un 50% de letalidad y una alta tasa de contagio (que no tiene).

No solo eso, sino que en el mundo están en riesgo de fallecer de hambre más de 100 millones de personas al año y más de 821 millones sufren hambre crónica. Ese sí es el Apocalipsis. En total, 8.500 niños al día, unos 6,3 millones de niños menores de 17 años, fallecieron durante 2017 por causas evitables. Más de un millón y medio de personas fallecieron por diarrea y casi dos millones de niños no llegaron a cumplir los 28 días de vida debido a enfermedades curables. Esto sí es el puñetero Apocalipsis.

Sin ir muy lejos, el año pasado fallecieron 421.000 personas en España, cifra muy superior a las 340 muertes causadas hasta el momento (a fecha 16 de marzo).

Y si el Coronavirus no es el Apocalipsis, ¿por qué lo parece?

En primer lugar, porque el Gobierno español ha tenido una deficiente gestión para con la ciudadanía, economizando en todo momento el gasto y evitando tomar medidas contundentes por miedo a sus consecuencias políticas y económicas.

Ejemplos: China levantó un hospital en diez días, hizo controles términos masivos y utilizó tecnología para suplir sus carencias sanitarias; Corea del Sur realizó desde el primer día en el que se descubrió que el virus había llegado al país un total de 15.000 pruebas diarias; y Alemania también ha realizado un alto número de pruebas de detección –unas 35.000 a la semana–, ya que ello permitía iniciar los tratamientos en una fase muy temprana.

En cambio, España solo ha hecho 30.000 pruebas de detección desde que comenzó la crisis hace veinte días: lo que los coreanos en dos días o los alemanes en seis. Una terrible negligencia a mitad de camino entre la ineptitud y las ganas de evitar en la medida de lo posible gastar dinero.

Recordemos, además, que la sanidad privada, con la connivencia del Gobierno, estuvo realizando pruebas de detección del virus por cantidades obscenas (300 euros), cuando debería haber llevado días al servicio del Estado y del interés general. Estuvo haciendo negocio cuando debería haber prestado un servicio público.

El Coronavirus no es el Apocalipsis, es la mayor superproducción jamás rodada. Porque el Coronavirus no es un problema de salud, es un problema sanitario y es un problema económico. Es un problema del capitalismo salvaje entregado al neoliberalismo que ha terminado por privatizar la Sanidad Pública: en Madrid hay 33 hospitales públicos y 50 hospitales privados. Y no es un caso aislado como los del Partido Popular. O sí, es exactamente eso.

El problema no es que la gente se contagie y muera, lo cual, antes o después va a pasar como reconoció el ministro de Sanidad de Alemania, Jens Spahn –»se contagiarán del 60 al 70% de alemanes»–, el problema es que mucha gente se contagie, enferma y muera a la vez. Porque ello provocaría que la ciudadanía fuera consciente del deficiente sistema sanitario que le rodea. Un sistema sanitario que no es capaz de soportar ni siquiera una gripe contagiosa y que ante la menor inclemencia zozobra.

Y porque un elevado número de contagios pondría de manifiesto que el Gobierno no ha hecho lo que debería cuando debería: no ha realizado miles de test para detectar la enfermedad en su fase inicial como Corea o Alemania, ni ha realizado un esfuerzo económico contratando sanitarios y levantando hospitales como China cuando ha tenido tiempo más que suficiente, ni ha nacionalizado los servicios sanitarios cuando debió hacerlo. Por ello, ahora encierra a la ciudadanía en sus casas para evitar que los contagios desnuden el sistema.

Porque de no mediar este encierro, las escenas no serían propias del Apocalipsis, sino del bochorno: personas muriéndose en los pasillos, en sus casas sin atención médica o agolpadas a la puerta de los hospitales sin que las atiendan; sanitarios enfermos, agotados y superados; policías y militares en las calles para controlar las protestas ciudadanas. Tasas de mortalidad de hasta el 20 o 25% de los contagiados por no tener camas de cuidados intensivos para ellos. Escenas que dejarían en evidencia a la clase política, a las élites, a los medios de comunicación y al sistema neoliberal.

La cuarentena no pretende salvar vidas, o no como objetivo prioritario, lo que pretende es evitar el colapso del sistema. Que el Coronavirus mate importa un pimiento, como importa un pimiento que millones de personas mueran de hambre al año, pero que mate deprisa o cueste mucho dinero sí es un problema. El balance contable es el problema.

Imaginen el día que realmente tengamos un virus letal y contagioso: todos muertos.

Los medios de comunicación ruedan, como buenos cámaras que son, únicamente lo que se encuentra en el guion, por lo que obvian enfocar el gran problema: la ausencia de un sistema sanitario público y robusto. En parte porque ha sido privatizado para beneficio de las mismas élites políticas y económicas que pagan el salario de los periodistas que ruedan este filme. Y en parte porque han sido los políticos, en beneficio de las élites, los que han sido capaces de desmantelar el Estado de Bienestar expoliando lo público gracias a la complicidad de los medios de comunicación que han permitido que los ciudadanos voten lo mismo en cada sufragio que acontece con su perverso juego de rojos y azules cuando ambos son lo mismo en esencia.

El problema es que en España solo hay 4.400 camas de cuidados intensivos para una población de 47 millones de habitantes; el problema es que España tiene 3,9 doctoras y 5,3 enfermeros por cada 1.000 habitantes. Porque en Alemania hay 28.000 camas de cuidados intensivos, en Suiza y Noruega hay 17 enfermeras por cada 1.000 habitantes y en Cuba hay 8 doctoras y 8 enfermeros por cada 1.000 habitantes. Y porque en esos países hay dirigentes capaces, no ineptos a los que les escriben tesis o regalan títulos.

Porque si hablamos del coronavirus atemorizamos a los trabajadores y si hablamos del sistema sanitario atemorizamos a las élites y a los políticos.

Cierzo Digital