Juan Carlos I encargó en Zarzuela “crear una estructura” para ocultar dinero saudí en Suiza


El rey emérito Juan Carlos I, el abogado Dante Canonica y Corinna Larsen.
El rey emérito Juan Carlos I, el abogado Dante Canonica y Corinna Larsen. E. E.

“¡Dios mío, qué generosos han sido!, exclamó al recibir los cien millones saudíes” | “El Rey no estaba cómodo con la cuenta en Suiza… era una bomba de relojería” | “Me reuní con él en su palacio en numerosas ocasiones para decidir qué hacer con el dinero” | “Finalmente tomó la decisión de donárselo todo a Corinna en las Bahamas”.

Juan Carlos I pidió en su despacho del Palacio de la Zarzuela al gestor de fortunas Arturo Fasana y al abogado suizo Dante Canonica que le crearan “una estructura” en el país helvético para guardar allí, lejos del fisco español, una “importante donación” que iba a recibir del rey de Arabia Saudí.

Así lo reveló Dante Canonica en la declaración que prestó ante el fiscal de Ginebra Yves Bertossa, a la que ha tenido acceso EL ESPAÑOL. Bertossa sospecha que el rey emérito “ocultó cerca de 100 millones de dólares en Suiza” con la ayuda del abogado, de Fasana y de la banca Mirabaud, según la lectura de cargos que se refleja en el acta de la comparecencia del primero.

Que el nacimiento de lo que sería la Fundación Lucum se produjo en la propia residencia oficial del rey de España no es el único dato sorprendente de las manifestaciones de Canonica. El abogado también se refirió a las idas y venidas de Fasana a Washington y a Basilea después de que Juan Carlos I les facilitara “las coordenadas” del entonces embajador saudí en Estados Unidos, Adel Al-Jubeir, que iba a intermediar en la transferencia de los 100 millones de dólares USA. Un “pure gift” (puro regalo), según dijo.

Reproducción de la primera página de la declaración.

Reproducción de la primera página de la declaración.

La comparecencia de Canonica -abogado de la sociedad de gestión de fortunas de Fasana, llamada Rhone Gestion, también implicada en los casos Gürtel y Pujol- se produjo en Ginebra el 24 de agosto de 2018.

El primer encuentro

El letrado relató que conoció a Juan Carlos I a finales de 2007 o principios de 2008, cuando se lo presentó Fasana “de forma amistosa”. Canonica narró así ese primer encuentro:

“Conocí a Juan Carlos I en Madrid con Arturo Fasana en el Palacio de la Zarzuela. Nos explicó que su amigo, el antiguo rey de Arabia Saudita [Abdalá bin Abdulaziz al-Saúd, fallecido en 2015], quería hacerle una importante donación. Le pregunté cuánto dinero. Me respondió que no lo sabía“.

“Preguntó si existía la posibilidad de crear una estructura para recibir esta donación. Le respondí que era importante que supiéramos la cantidad y que también era importante crear una estructura totalmente transparente, es decir, que Juan Carlos I apareciera como beneficiario efectivo”.

Según Canonica, estaba “fuera de discusión” montar una estructura “opaca”. “Esto no era posible”, insistió. “Le indiqué que si los fondos eran depositados en un banco de Ginebra, habría todo un trabajo de due diligence [auditoría legal sobre el dinero] que hacer. Arturo Fasana planteó las mismas exigencias que yo”.

¿Transparente?

Bertossa no cree que el montaje de la Fundación Lucum fuera “totalmente transparente”, como dice Canonica, y le mantiene como investigado, al igual que a Fasana. Ellos eran, de hecho, los que figuraban como presidente y secretario de la Fundación Lucum. Fasana era el que administraba los fondos y realizaba los movimientos del dinero. El nombre de Juan Carlos sólo aparece en un formulario depositado en el banco.

Según Canonica, Fasana y él también le dijeron al rey que era “esencial” que les garantizara que no se trataba del pago de una comisión o de una retrocomisión. Este último concepto se refiere a una práctica ilegal consistente en que el adjudicatario de un contrato ofrece más comisión por obtenerlo y esa sobrecomisión va destinada al intermediario que le ha ayudado.

El fiscal suizo sospecha que los 100 millones de dólares entregados al rey de España pudieron ser una retrocomisión pagada por el consorcio de empresas españolas que resultaron adjudicatarias del tren AVE entre Medina y La Meca. Aunque la adjudicación no se formalizó hasta octubre de 2011, la licitación de ese macroproyecto, por importe de 6.736 millones de euros, se produjo en 2006.

Viaje a Washington

A Fasana y Canonica les bastó la palabra de Juan Carlos I: “Nos repitió varias veces que sólo era una donación del rey saudí”.

Juan Carlos I nos dio entonces las coordenadas del embajador de Arabia Saudita en Washington. Nos dijo que podíamos contactarle para saber el monto de la donación”, añadió.

Según el abogado, “le explicamos que no íbamos a abrir una cuenta bancaria hasta que recibiéramos la confirmación del embajador Al-Jubeir”. Fasana viajó a Washington “a reunirse con el embajador para obtener la confirmación de que era realmente una donación”.

‘Pure gift’

El gestor se reunió con Al-Jubeir en la propia legación saudí. “Confirmó que era de hecho un pure gift que ascendería a varias decenas de millones. Habló de una horquilla entre 20 y 100 millones”.

Fasana y Canonica crearon entonces la fundación. “Contactamos con un agente que nos sugirió varios nombres ente los cuales figuraba Lucum. Fasana era el presidente y yo el secretario”.

El gestor y el abogado aprovecharon sus “excelentes contactos” con el banco Mirabaud para abrir una cuenta a nombre de Lucum. “Mirabaud actuaba como banco custodio, con los fondos administrados por Rhone Gestion”.

Encuentro en una terminal

“Los fondos no llegaron de inmediato”, indicó Canonica. “Fasana fue contactado por el embajador Al-Jubeir, que quería saber si habíamos podido abrir una cuenta. A petición mía, Fasana se reunió con Al-Jubeir en Basilea, en la terminal de Jet Aviation, para darle los detalles del IBAN de la cuenta que habíamos abierto”.

Unos días después llegaron los fondos. “Fue entonces cuando descubrimos la cantidad exacta de la donación. Llamamos a Juan Carlos I, que se quedó atónito al saber la cantidad que se había pagado. Pronunció una frase como ‘¡Oh Dios mío! Han sido muy generosos'”.

El rey estaba “sorprendido, pero en ningún momento se sintió incómodo con la cantidad recibida“. “No es el tipo de hombre que se siente incómodo”, apostilló Canonica.

“Muchas veces” y “a solas”

A preguntas de Bertossa, el abogado indicó que no creía que Juan Carlos I haya ido al banco Mirabaud pero, en cambio, sí estuvo en las oficinas de Rhone Gestion. Incluso visitó el domicilio particular de Canonica y el de Fasana.

Éstos, por su parte, lo han visto “muchas veces” en Madrid “para presentarle el resultado de la gestión y para confirmar ciertas órdenes de pago. Estaba muy satisfecho. Juan Carlos I estaba solo cuando nos recibía“.

Corinna Larsen salió a relucir en la declaración. Inevitablemente, porque fue la perceptora de los fondos de Lucum, que le fueron transferidos en 2012 a una cuenta abierta a su nombre en Bahamas, en el banco Gonet.

La transferencia se produjo dos meses después del accidente que sufrió el rey durante un safari en Botsuana en el que también participó Corinna.

El 18 de abril de 2012, cuando abandonaba la clínica en la que fue operado de la cadera, el rey declaró: “Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir”. En el mes de junio siguiente hizo una transferencia de los fondos de Lucum a Corinna, con la que seguía teniendo intereses económicos en común aunque ya no habían vuelto a encontrarse desde Botsuana.

“Una bomba de relojería”

Según Dante Canonica, Corinna “estaba al tanto de la donación recibida por Juan Carlos I” procedente de Arabia Saudí.

El abogado de Rhone Gestion dio dos motivos por los que el rey decidió cerrar en 2012 la cuenta de la fundación y transferir los fondos a Larsen. De un lado, dijo, “no se sentía cómodo con la cuenta en un banco suizo. Además, en la medida en que el intercambio automático de información [bancaria entre Suiza y países de la UE] se estaba discutiendo e iba a tener lugar a medio plazo, la presencia de esta cuenta en Ginebra era una bomba de relojería“.

De otro lado, un nuevo socio de Mirabaud, Antonio Palma, de origen español, “nos hizo entender que la cuenta de Juan Carlos l presentaba un “riesgo reputacional” para el banco. Indicó que era preferible poner término a esta relación sin fijar una fecha límite”.

“Todo para Corinna”

“En aquella época, visité muchas veces el palacio en Madrid para discutir con Juan Carlos I y averiguar qué quería hacer con el dinero depositado en Suiza. Quería deshacerse de ese dinero porque tenía miedo de que se supiera“, prosiguió el abogado.

Finalmente, decidió “darle todo a Corinna”.

Canonica manifestó que quiso asegurarse de que era una donación “verdadera e irrevocable” y que no se trataba “de una transferencia fiduciaria o de un ‘portage'”.

Juan Carlos I y Corinna Larsen “me confirmaron en numerosas ocasiones que se trataba de una donación irrevocable. De hecho, cuando se ven los gastos hechos por Corinna en la cuenta Solare en el banco Gonet en Bahamas se constata que está gastando este dinero para ella, a un ritmo constante”.

Corinna adquirió una mansión en Inglaterra -que Canonica visitó- y transfirió “una enorme cantidad de dinero” a Estados Unidos.

Un poder al propio rey

Un dato relevante que el abogado suizo quiso destacar es que fue el propio rey de España el que esta vez firmó la orden de transferencia de todos los fondos a Corinna. “Yo no quería que los herederos de Juan Carlos I me reprocharan algún día esta transferencia, por lo que otorgué un poder sobre la cuenta a favor de Juan Carlos I para que él mismo ordenara esta operación”.

El rey emérito, según Canonica, no recibió ninguna otra donación en su cuenta ni el rey de Arabia Saudita ni de ningún otro dirigente o monarca extranjero. En la cuenta de Lucum en el banco Mirabaud figura, sin embargo, un ingreso de 1,9 millones de dólares en abril de 2010, procedentes del sultán de Bahrein, según declaró Fasana al fiscal Bertossa.

Canonica precisó que cuando se creó Lucum “redactamos un reglamento de la fundación que fue refrendado por el rey”. En él “se designaba al actual rey Felipe VI como heredero en el caso de la muerte de Juan Carlos I”.

El Español