Democracia, agenda global y participación ciudadana, por Enriqueta de la Cruz*


La sensación creciente de indefensión, de desatención, de camelos, de abandonos por parte de quienes manejan la información y gestionan el voto que les regalamos, es poderosa.

A estas alturas de abril sigue la incertidumbre, siguen sin contarnos las conclusiones sobre el virus que nos roba la vida. Los científicos no aparecen de la mano de los gobiernos (como debía ser para nuestra tranquilidad que nos deben), aclarándonos como personas mayores de edad que somos y con criterio, qué es lo que ocurre con las vacunas, qué debemos saber, ya que de nuestra salud se trata. Nada, como si no existiera la comunidad científica. Por lo menos en este lindo país.

Los políticos, al frente, no comprometen una palabra. Dejan al arbitrio de Comunidades Autónomas las decisiones a partir del día 9 de mayo sin que nos informen acerca del por qué, dado que, que se sepa, la pandemia que nos tuvo encerrados dos meses (con su coste psicológico, golpe económico), no ha remitido… Dejan que las televisiones, con sus intereses, se ocupen de montar shows en función de shares convenientes y que saquemos conclusiones, sean disparates o no lo sean…

La verdad, cada vez se asemejan más ciertos políticos, casi todos, a gestores de empresa que no quieren pillarse los dedos con ningún mensaje cierto, con una orientación que les corresponde, con responsabilidad y coraje. Gestores al servicio de no se sabe qué, fuerzas a las que evitan contrariar para seguir en la foto, engordando ingresos. Echar el balón para adelante, dejar las cosas a interpretaciones de la gente, sin datos, sin posibilidad de tomarlas sobre bases sólidas, que no tenemos.

Cada vez más apegados a las encuestas del día, al resultado diario de las pruebas y errores de esos experimentos a que nos someten, a las respuestas que demos como simples números de voto útil a “serpientes de verano” que ponen en circulación (ya en cualquier estación del año), que si se acepta esto o lo otro, genial, un paso más en la obediencia de carneros conseguido y si no, pues se da marcha atrás (las caretas en la playa o no, los cambios en las edades óptimas para ciertas vacunas, un día retiradas y al otro inyectadas y al otro, vuelta a las dudas, tantas cosas…).

Cada vez más hipocresía y cinismo rebosante. Fotos y palabras donde y las que les convienen y hechos ciertos que no se corresponden, luego…

De un día para el otro comprobamos que, ya abril, pasados meses de presunto ataque de no se sabe quién, sigue sin funcionar el sellado electrónico del paro, que nuestros servicios de empleo (desempleo, mejor dicho) están hechos una zorrera. Te mantienen en vilo sobre si efectivamente el sellado sigue siendo automático (pues no lo arreglan) y no te dan explicación alguna previa, personalizada incluso, como debería ser. Ni post. De pronto, cambia el teléfono de atención en la CAM y te contestan por e-mail pasando la pelota a ese nuevo servicio que, tras una hora casi de espera, te contesta a medias sin decirte nadie la fecha de renovación de la demanda, absolutamente imprescindible para que no te quiten a golpe de injusticia tu derecho… Es solo un ejemplo.

A cientos de kilómetros te mandan a un hospital cuestionado, el Zendal, a personas vulnerables que viven solas y cuando manifiestan su justa queja y preguntan cómo llegar, una voz call les dice fríamente en plan El Padrino I,II y III juntos, que repitan lo que han dicho y si eso significa que no quiere vacunarse, que lo van a grabar (sacan conclusiones ellos solitos). Y luego, una vez llega el anciano a tomar por culo, descubre que le han borrado de la lista de vacunación…

Aún no se sabe por qué siguen los gastos de mantenimiento de hospitales vacíos que nunca se van a usar y no acaban de demolerse, como el Puerta de Hierro histórico que salvó tantas vidas y era puntero, por qué no se amplió simplemente, o por qué alas enteras del Ramón y Cajal siguen cerradas mientras se invierte en lo nuevo inacabado, lejano y no deseado por los contribuyentes, así… O por qué a un año de pandemia no se han seguido ejemplos de otros países más avanzados con buenos resultados o no se han dedicado unos hospitales específicamente al Covid y otros a otras dolencias de manera que éstas no maten personas, como pasa por desatención y saturaciones… O para que no haya riesgo de contagio a los sanos y que este se extienda…

No se ha contado el sinsentido de normas en contra dirección a lo que es atajar una pandemia y en contradicción con otras medidas que a la vez se imponen.

En nuestras calles, el bar con enchufe es pasado como si nada por los agentes de turno que se hacen los tontos ante la falta de caretas, los apiñados, los que bailan y escupen saliva a los demás, ante el dueño del local que tiene la música a tope, mientras se es escrupuloso con el que pillan fumando a distancia en la terraza en exteriores, con la señora que se coloca la careta porque se le empañaron las gafas y por un instante se la baja…

En nuestros aeropuertos y pasos de provincia, manda ancha con los que traen pasta fresca y euritos tutti plen mientras esperamos ver a familiares, solidariamente hemos evitado la Navidad, y no podemos ni menearnos… Mientras les creemos… Aún…

De otro día para el de más allá te enteras de que empresas privadas van a dar fondos y, por tanto a mandar en buena parte, si no en toda, en las políticas de igualdad, en nuestros maltratos como mujeres, en los cambios de género, en los adolescentes y niños… Con sus planes…

Mientras prosperan leyes interesantes como las de la Infancia o la muerte digna para los terminales, no sabemos qué significan aún la Agenda 20-30 salvo que han hecho unos titulares estupendos de El mundo feliz de Huxley. Ni qué significará para nuestras vidas el WAKE UP de marras o por qué lo promociona tanto Pedro J. Ni qué pasará con la Sanidad Pública o la Enseñanza laica y pública, como así debe ser si respetamos la Constitución. Derechos de todos a la enseñanza, estado aconfesional, derecho a una vivienda, a un trabajo.

La flexibilidad es para ellos, los de arriba, pues así en el trabajo flexible, que solo sirve a los intereses patronales, como en lo demás. Los datos en todo lo que pasa no se dan al ciudadano. En la Seguridad Social, por ejemplo, sobre la que una parte sí y otra no de las Comisiones Obreras se muestra a favor de auditoría, para ver cómo han levantado las perras de ahí, de ese fondo solidario y que tanto cuesta alimentar, y las han desviado a otros fines que nada tenían que ver con la hucha para vivir los últimos años algo decentemente… Tampoco bajan al común de los mortales la respuesta de cómo es que los propios sindicatos y políticos con tanta infor no se enteraron justo cuando vaciaban esas mismas cajas…

La Globalización también es para ellos, los de arriba, pues bien se perfila un mundo en que cada tribu y cada vez más individuos, estemos aislados, viviendo no en triple dimensión, sino en plano, viendo virtualmente a los compañeros, amigos, familiares, al albur de permisos para atravesar fronteras según les dé a esos gestores magníficos, encantados de haberse conocido y manejarnos tan bien, a golpe de experimento… ¡Cuando nadie puede limitarnos el paso en realidad!

Un mundo desigual donde la brecha aumentará en todos los sentidos, donde nos tratan ya como a ganado, amenazándonos de todas las maneras que se le ocurren a cualquier mierdecilla. Un mundo imponiendo planes hormonales como si fueran churros y vacunas –gran negocio de farmacéuticas que hacen imprescindibles, cosa de vida o muerte a propósito-, que previamente han sido cuestionadas por quienes las imponen, sin hablarnos claro, que decidamos libremente, o diciendo claramente que es lo que hay y aunque sea: “hay estos y estos riesgos, pero no queda otra, señores, señoras”. Con altura de miras, como estadistas…

Y aquí, mientras, para entretenernos y maltratarnos más, nos bromean con homenajes que blanquean el franquismo y la podredumbre: el último de la reina, acompañándola incluso, a una republicana ejemplar y por ello respetada, lavando a cara descubierta la imagen de la Corona y sus corrupciones. Nada menos que a Campoamor, que hizo tanto por el voto femenino. ¿Cuándo se votó a esta reina ni a ninguna? ¿Qué rojo lleva de traje?, ¿el de la sangre que costó siempre en la historia la Monarquía? ¿Qué burla es esta? ¿Hasta dónde va a llegar la amoralidad?

Nos dan el titular de que están viendo cómo solventar lo de la imagen nueva, limpia, ética de la Monarquía. ¡Nuestros representantes! Pero ¿ética y Monarquía? ¿Pero qué dicen?

La “democracia” tutelada y monitorizada sin que se note, sin apenas lágrimas… (que la otra inventada como cosa de libres por los mismos en otro periodo histórico ya no es la desea del poder), requiere obediencia ciega, corderitos, payasos, enteraos, que seamos cómplices contra nosotros mismos y seamos capaces de entrar en las duchas exterminadoras de los nuevos Campos de exterminio que nos proporcionarán, sin rechistar, creyendo que somos los más listos del mundo…

Mojigatos que no han dado palo al agua en su vida nos quieren sorprender con lo listos que son. Nos miran a “los viejunos” “prescindibles” “analógicos” con cara lela, sin escucharnos, ni oírnos, ni vernos… Más displicentes que los dictadores… Son los más güays y horizontales, cosa con la que toman el pelo, pero absolutamente, a los que pisan ya sin pudor y fuerte, jerárquicamente, sin piedad, sin empatía alguna.

Obedecen a la educación acolchonada que les hemos proporcionado y autoparidos por segunda vez al mundo, les deslumbran los sueldos, los oropeles, las reverencias, el poderío y las alfombras. Cunden y campan a sus anchas en la mala política actual, al dictado del mejor pagador, sin cuestionar el capitalismo que dicen combatir (algunos) sino afianzándolo, por lo menos en nuestros territorio. Y tendríamos que leer todos Papá Goriot, de Balzac. Hemos sido unos papás Goriot y hemos amamantado idolatrados hijos Sisís, con mucha Visa y poca claridad de lo que son las cosas en realidad…

A algunos (muchos) de esos jóvenes les evitamos disgustos y les hemos dicho miles de veces, condescendientes -orgullosos de que nos superaran-, que eran los más listos y los más guapos. ¡Y vamos a tener que decirles que paren, que son unos estúpidos, que ya está bien! Hemos sido una generación entre el franquismo, el postfranquismo rancio y la escasez y las ganas de que los críos no sufrieran y vamos a tener que decirles la verdad: de una vez.

Afortunadamente, otros muchos jóvenes se dedican a otras cosas de provecho general, nos salvan ya la vida en los hospitales, inventan, salen al exterior con esfuerzo, por sus propios medios, sin una queja, nos enseñan y nos enorgullecen; se ganan la vida honradamente, aguantan el maldito precariado, se defienden de él y más que lo harán; sobreviven con poco, progresan y se ocupan de que este mundo sea realmente mejor y para todos, no para unos cuantos… No solo para ellos y sus críos… No reprochan, aprenden, respetan, cuidan, aman, dimiten de la hipocresía y el cinismo, toleran, aman y avanzan de verdad en el cuidado del medioambiente, de los animales, de sus alumnos, de sus mayores… ¡De sus maestros! De su memoria… Sin lucrarse…

Pero algo pasa especialmente entre nuestros representantes supuestos, de los que también esos jóvenes dignos de respeto y orgullo a que me refiero en el párrafo anterior, tendrán que desvelar y dar la espalda, porque son otra tribu, simplemente, y más antigua que el orín: los oportunistas, lo trepa chepas… Y a la retranca y por cierto, yendo hacia atrás mil años…

Esa “La traición progresista” que retrata tan fabulosamente el periodista Alejo Schapire… en su trabajo con ese título, nos ha vuelto gilipollas. O eso se creen. Esos progres new ola de bobadas en los labios y peores intenciones, que, como bien dice él, cambiaron libertad de expresión por mojigatería y autocensura o censura directamente impuesta, por etiquetas con las que nos insultan a la mayoría con total impunidad; por aceptación de totalitarismos, de ideologías binarias, simplista, de buenos y malos, siendo mucho de lo que quieren hacer que traguemos, absolutamente inaceptable.

Los viejos, los pobres de este lado de la calle que es la de ellos, sobran. Los referentes, más. No les vamos a pasar a tanto listo por la izquierda. ¿Qué izquierda? Renuncian a ideología, defienden puritanitos y muy zen en apariencia, a los que mutilan clítoris y velan hembras, las apalean y las casan y violan de niñas, a pederastas y bestias, terroristas. Por ejemplo… Defienden las revoluciones de colores, a los que llevan la “democracia” de sus muertos a las puertas de hospitales privados y de pobreza para el que nace negro o sin recursos, y que la llevan a golpe de fusiles y de engañabobos a países donde intereses de drogas, estratégicos son los que les mueven… Como siempre…

Que nos quieren estigmatizar cuando se critica a los peores como si fuéramos fóbicos o racistas los que amamos todas las razas y respetamos culturas y disfrutamos la diferencia. Los que abrimos camino… ¡Es para morirse de risa! Si no fuera tan trágico. Y nos pretendieran tan paralizados…

Y sí, si vamos a seguir con la democracia, si nos dejan, si lo queremos así los que somos siempre más y siempre capaces de superarnos, de plantarnos, de mejorar con esfuerzo, tendremos que exigir, traer, una democracia realmente representativa, con respeto a la ciudadanía, en la que esta participe no cada cuatro años para inflar sueldos y mantener a tantos que han nacido de pie, que han sido elevados con puestos a medida, sin cualificación, solo por apellido, por secta representada, por morro, por ser buenos criados de amos que necesitan tapaderas, por trepas, por lameculos y tiralevitas, por meapilas, por sin escrúpulos.

Debemos elevar el nivel de nuestros políticos, pensar en el mundo que queremos y no en el que nos quieran meter de clavo, en nuestros jóvenes, pero con criterio y modos de vida dignos, formados, leídos; en nuestros científicos y personas imprescindibles como médicos, como maestros (subirles el sueldo, afianzarles, amarles, estimarles…). Debemos dejar la mojigatería, el seguir a los que no nos convienen, lo que no nos conviene.

Debemos dejar de creer en los de los falsos curriculums y no avalarles; debemos dejar de creer en los que nos proponen enfrentamientos en las calles a palos, en los que escenifican descalificaciones al oponente político con el que luego anuncian pactos; en los que hacen mítines al lado del fascismo, comparten espacio con él y no les hacen el vacío; en los que nos proponen soluciones totalitarias, castradoras, transformadoras de nosotros en cosas, los que nos cosifican y nos cuentan como número y no nos nombran.

En los que tienen una receta para los demás y una muy diferente para ellos mismos…

Debemos dejar de creer en gestos y exigir hechos, examinarlos.

Debemos despegarnos de eslóganes y comenzar a preguntar significados. Exigir respuestas. Todos los días. Organizarnos, contarnos qué hay detrás de las siglas y de tantos y tantos organismos y organizaciones civiles. Tener el valor de abrir las cajas de Pandora, que no hay solo una… ¿Para qué valen? ¿qué necesitamos? ¿qué realmente queremos…?

Por cierto, en las maravillosas agendas, en los planes no se ve cultura por ningún lado, quizá quieran que no pensemos, que no hablemos, que no les hagamos sombra… Pero por supuesto, se equivocan…

*Enriqueta de la Cruz, periodista, escritora