Empezaré por confesar que, desde hace largo tiempo, pero, sobre todo, desde que el PP anda facilitándonos las malas nuevas, duermo cogido a un diccionario de María Moliner y otro de sinónimos y antónimos.
Es difícil conciliar lo aprendido a través de tantos años de estudios y de trabajo con los enunciados que, bien Montoro, mal De Guindos, peor aún Sáenz de Santamaría, socarronamente la Cospedal o ininteliglemente Mariano Rajoy, aplican a sus recortes –que no ajustes, como a ellos les gusta decir- y a sus calificaciones para definir las aberraciones que están cometiendo con los servicios sociales y los impuestos: por ejemplo, «modificación de la estructura impositiva», según De Guindos, para comentar la subida del IVA, o «plan de estabilidad y reformas», para referirse a los sangrantes recortes sociales. Ahora, más que nunca, oyendo a estos bárbaros comediantes, empiezas a comprender la diferencia real que existe entre las enseñanzas de la escuela privada y la pública.
Tengo claro desde hace muchísimos años, que la verdadera política de la derecha española, cuando “pilla” el poder, es poner en manos de sus amiguetes todos los bienes públicos que puedan enajenar. Bien lo dejó demostrado el dictador en sus treinta y cinco años de expolio al pueblo, al que se lo endulzaba todo con la práctica exención de impuestos indirectos. Toda la infraestructura de España se hizo sin los españoles. Ahí sólo metieron la mano los allegados al régimen. Seguir leyendo Los cien mil millones











Basta un repaso a las hemerotecas o medios especializados, para situarse ante fechas, cifras, datos y, en especial, nombres de un verdadero enjambre de obscuros y siniestros personajes que, no sólo han llevado al sistema financiero a la ruina más rápida y espantosa, sino que han dejado a los ciudadanos del mundo en el esperpéntico fraude más clamoroso desde los remotos tiempos de los reyes y príncipes: la usurpación de la democracia.
La Federación REPUBLICANOS ya es una realidad dentro del marco político actual, que actuará en base a los intereses del pueblo y de la mayoría, denegando cualquier influencia dentro de sus objetivos a la monarquía heredada del franquismo, por la famosa Ley de Sucesión, y con la negación expresa al sistema electoral y «democrático» actual que somete a la clase trabajadora a la esclavitud moderna del neoliberalismo.
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