
Los estudiosos de la criminalidad parecen de acuerdo en que el delincuente no nace sino que se hace, y el factor más determinante en ese proceso no es la clase social de la que se provenga ni el entorno en el que se viva o la educación que se reciba sino la ausencia de los códigos éticos que se interiorizan en la infancia y en la adolescencia. Los amorales tienen tendencia a pasarse el Código Penal por el forro y contra eso no vacuna vivir en palacios de techos altos ni cenar con cubiertos de plata. Seguir leyendo Borbones sin ley, por Juan Carlos Escudier





¿Saben qué es lo peor del último escándalo de






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