Sobre la celebración de viacrucis en el hospital general de Segovia


Desde la Federación Republicanos, en Segovia, apoyamos plenamente la nota que ha remitido Europa Laica al Gerente del Complejo Hospitalario de Segovia en la cual lamenta que dentro del recinto del mismo se celebren viacrucis todos los viernes de Cuaresma solicitándole “dé las órdenes oportunas para que deje de realizarse dicho acto litúrgico”.

Dicho acto y la misma existencia de capillas en los hospitales, como también es el caso, es un anacronismo. Al realizarse en una institución/edificio público es una imposición de una creencia a aquellos que tienen otras o bien no tienen credo alguno. Las creencias religiosas pertenecen al ámbito de lo privado y es ahí donde deben estar.

Mientras España no sea un auténtico estado laico este tipo de situaciones se seguirán produciendo. Un estado laico respeta las ideas religiosas de cada cual pero separa la Iglesia del Estado, conoce y reconoce el ámbito donde deben residir aquellas, es independiente de cualquier confesión religiosa y en él las autoridades e instituciones políticas no se adhieren públicamente a ninguna religión determinada, ni la promueven, ni las creencias religiosas influyen sobre la política nacional.

España está lejos de ser laico, ni tan siquiera un “Estado aconfesional”. Y es que “De aquellos polvos estos lodos”. Aquella “Transición” mantuvo uno de los poderes fácticos más oscuros: la Iglesia, concretamente la católica. La Constitución (artículo 16), que la cerró, establece un mandato de colaboración de los poderes públicos con las distintas confesiones que habrá de ser proporcional a la representatividad de dichas confesiones en la sociedad española. Ello conlleva a que el Estado, a diferencia de países como EE.UU. o Francia, donde está proclamada una laicidad en sentido estricto, no puede ser indiferente al hecho religioso. Todo lo contrario, el Estado, que en aplicación de su obligación constitucional debe tener en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y cooperar con la Iglesia Católica, lo promociona y fomenta.

Pero existe, para más inri, un hecho que sitúa las relaciones del Estado con la Iglesia Católica en una situación de preeminencia de ésta: los “Acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede de 1979”, los cuales fueron negociados en secreto por el entonces ministro de Asuntos Exteriores del gobierno de Adolfo Suárez, el católico Marcelino Oreja, y el secretario de Estado de la Santa Sede, cardenal Jean-Marie Villot. Las negociaciones comenzaron antes de que se aprobara la nueva Constitución y, aunque los mismos fueron firmados en el Vaticano el 3 de enero de 1979, estaban prácticamente cerrados antes de aprobarse la Constitución, por lo que se puede decir que son preconstitucionales.

Tenemos un “Concordato” que refuerza la ligazón que la Constitución del 78 establece entre el Estado y la Iglesia Católica, entre Trono y Altar, como expresión del dominio social y político de las castas reaccionarias, entre las que se encuentra la Iglesia Católica.

Todo esto es lo que hace que sea posible que se celebren este tipo de actos en un centro hospitalario público, que haya capillas y curas en ellos, en las universidades, en el ejército; que la religión sea una asignatura, con status in crescendo, en escuelas e institutos; y que todo ello sea pagado con el dinero que sale del bolsillo de todos los españoles.

Estas aberraciones y anacronismos solo se pueden corregir con un Estado Laico que, a su vez, exige otro orden constitucional y marco político.

Segovia, a 21 de marzo de 2017.

republicanos-segovia@hotmail.com  – federacion.republicanos.info