LOS DE LA GUERRA DEL ABUELO, por Javier López Menacho


Entierro de Timoteo Mendieta

Los de las guerra del abuelo cada vez son más. Esos que menospreciaba Pablo Casado en una actuación aberrante impropia de cualquier representante público, tuvieron este fin de semana una victoria moral como hace tiempo que no tenía la lucha por la memoria histórica y democrática de este país.

Después de 78 años olvidado en una fosa, el sindicalista Timoteo Mendieta pudo ser enterrado ayer por sus familiares de manera digna, gracias a la ayuda de la Asociación para la Memoria Histórica, la financiación llegada desde Noruega y Ana Mesutti, la abogada bonaerense de la querella argentina contra los crímenes del franquismo.

Una victoria conseguida a contracorriente de un Estado capaz de condecorar a franquistas como Martin Villa, responsable de 35 muertes civiles y con una orden internacional de detención a su espalda, e incapaz de prestar la más mínima atención -y por supuesto, ningún presupuesto-  a quienes luchan por la dignidad de los 114.000 desaparecidos durante la represión franquista.

La jornada tuvo un ambiente tan emotivo como reivindicativo, culminado con el momento en que Ascensión Mendieta, hija del sindicalista, agradece su presencia a todos los asistentes. El medio CTXT le dio una cobertura y visibilidad especial.

 

Decía Pablo Casado en su célebre discurso de 2008 que la inmensa mayoría de jóvenes españoles eran del Partido Popular y aún no lo sabían. Una década después, al Partido Popular lo votan menos jóvenes que nunca -quizás porque Casado es la antítesis a la juventud española-, los pocos que los votan no lo dicen públicamente y su partido depende del voto de mayores de cincuenta años para no hundirse tras décadas de corrupción sistémica y desprecio a la memoria democrática del país.

Infografía aparecida en El País en junio de 2016.
Infografía aparecida en El País en junio de 2016.

No solo eso, en el mismo cuarenta aniversario de la democracia española, en las instalaciones del congreso se le rinde homenaje a las victimas del Franquismo, al tiempo que la figura del Rey Emérito pasa al ostracismo. Un mazazo hacia un revisionismo histórico ante el que no cabe ni un solo paso atrás.

Y es que, cuanto más se intenta enterrar la lucha por la memoria democrática del país -el célebre “hay que hacer borrón y cuenta nueva, no hay que remover el pasado”-, más sentido tiene persistir en ella. El caso de Timoteo Mendieta y su visibilidad puede ser algo más que una victoria esporádica por la memoria democrática del país, puede ser el punto de inflexión que necesitaba la causa en un momento de empoderamiento general de la ciudadanía. Las victorias épicas suelen generar empatía y adhesiones a la causa. Quizás, con ello, se genere también un comienzo para que miles de personas con familiares en las cunetas recuperen al fin su dignidad.

La Réplica

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