¿Nacerá la República catalana? No es hora de titubeos, la izquierda estatal debería ayudarla en el parto


Como todo el mundo sabe, el Gobierno español está compuesto por miembros del PP, un partido que rezuma franquismo por todos sus poros. Decir esto no es una exageración, como sostienen algunos, y para opinar de esta manera nos sobran los motivos.

No debería sorprender, pues, que durante los últimos meses esté sacando a relucir su vena más reaccionaria, la del ordeno y mando para que nadie se mueva de esa parcela de ficticia democracia que nos asignaron, a golpe de represión y traición, con el llamado régimen del 78.

Se debe saber que, en ese momento, la mayoría de edad estaba en los 21 años. Eso quiere decir que los que hoy tienen menos de 60 ni siquiera tuvieron la posibilidad de votar a favor o en contra de la Constitución que alberga en su seno al ya famoso artículo 155. Dicho de otra manera, más del 70% de la población actual está sometida a una Carta Magna que le es absolutamente ajena. Sobra decir que, además, parte de ese escaso 30% votó en contra de la “obra maestra” que tanto defiende la reacción española. ¿Esto es acaso democrático? Cualquiera que no sea un necio conoce la respuesta.

Sucede que una nación integrada en el Estado español, sin que nadie les preguntara a sus habitantes si querían formar parte de él, ha decidido constituirse como República independiente. Pero sus espurios “amos” se niegan a concederle su innegable derecho. Y para intentar impedir su libertad no han dudado en recurrir a la más brutal represión en todas sus formas.

El Gobierno español ha echado mano de la Constitución del 78 para “legalizar” sus tropelías. Y miente, como hemos dicho, cuando repiten hasta la saciedad que son las reglas de juego que nos hemos dado.

Individuos e individuas, que en infinidad de ocasiones se mueven fuera de sus propias leyes, tienen la desvergüenza de decirles a los catalanes que “dentro de la ley todo, fuera de ella nada”.

Si nunca se hubiesen transgredido las leyes injustas, nunca se hubiera realizado el más mínimo cambio social en el mundo, mucho menos una revolución. En el Estado español existen algunos ejemplos. Salvando las distancias, el movimiento insumiso también vulneraba las leyes. ¿No se acuerdan cómo por ello bastantes jóvenes dieron con sus huesos en la cárcel? Pues bien, lo que perseguían lo alcanzaron: el intocable Servicio Militar Obligatorio dejó de serlo.

Puigdemont estaba convocado en el Senado, pero finalmente ha declinado la “invitación”. ¿Para qué iba a ir? El Gobierno sólo accede a hablar desde la rendición del adversario, y esa posibilidad no cabe en la mente de los independentistas.

Está claro que Rajoy y su equipo de gobierno quiere aplicar a toda costa el 155. Aplicar este artículo, dicen PP, PSOE y Ciudadanos, para luego convocar elecciones. ¿Piensan que de ser así las van a ganar? ¿Y si ganan los independentistas y se repite la historia? ¿Vuelta a empezar? ¿O es que acaso piensan ilegalizar a Junts pel Sí y a la CUP para poder ganar sí o sí? Si con la primera opción cosecharían tremendo rechazo del pueblo catalán, imagínense con la segunda. ¿Por qué se empeñan, pues, en hacer creer que esa es la solución cuando ni ellos mismos se lo creen?

La actividad de estos días es frenética. Hoy y mañana habrá pleno en el Parlament. La ANC ya ha convocado a su gente, que es muchísima, a una concentración en las afueras de edificio.

Cargados de razón, los independentistas aseguran que Rajoy y su Gobierno no les ha dado otra opción que proclamar la independencia. Por solidaridad y porque se beneficia del boquete que se está abriendo en el muro del régimen, la izquierda del Estado español debe ayudar al parto y al posterior desarrollo.

¿Nacerá de este pulso tan desigual la República catalana? Lo sabremos dentro de muy poco tiempo.

Insurgente