Enrique Santiago y el Marxismo-Trilerismo. ¿Dónde está la estrellita, aquí o aquí?, por LaRepublica.es


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El último número del Mundo Obrero contiene un suplemento sobre el XX Congreso del PCE consistente en un artículo de Enrique Santiago, próximo Secretario General, donde analiza los tres temas fundamentales sobre los que ha versado el Congreso. A saber: confluencia con la socialdemocracia (llamada “Unidad Popular”); relanzamiento del eurocomunismo (llamado “recuperación del marxismo-leninismo”) y renuncia a la ruptura con la UE y el Euro (llamada coordinarse con la izquierda europea).

Este XX Congreso visto en su conjunto podría bautizarse como el del palo y la zanahoria. En la primera parte del mismo, la zanahoria fue la “plena recuperación de las competencias del PCE, incluidas las electorales” y la salida de la UE-€. En esta segunda, la recuperación del marxismo-leninismo. Una parte de la militancia se comió (o nos comimos, que aquí nadie está por encima del bien y del mal) la zanahoria. Ahora vemos el palo.

Lo que caracteriza a los trileros es su habilidad. Sin embargo Enrique Santiago se le ve a la legua. En su artículo define el leninismo como “la doctrina política construida por los marxistas para conquistar el poder político accediendo a las instituciones propias del capitalismo para transformarlas en instituciones socialistas”. Eso no es el leninismo, es su antítesis. Pero sigamos, ¿cómo se conseguirá esto? Ay chiquillos, que pregunta, con Unidad Popular que “debe plasmarse en un acuerdo político que dispute la hegemonía institucional a las fuerzas del Régimen”. El reto de los comunistas es “vincular a este proyecto ilusionante al bloque asalariado. Como este es diverso debemos dirigirnos prioritariamente a aquellas personas en situación de exclusión social; a pequeños empresarios y comerciantes; a autónomos y profesionales y a una juventud de origen social diverso”.

Aunque a Pablo Iglesias no le guste nos vemos tentados a dar la palabra al camarada Enver Hoxa: “Los revisionistas consideran que hoy todas las clases y capas de la sociedad capitalista y en particular la intelectualidad se han igualado con el proletariado. A excepción de un puñado de capitalistas, para ellos todos los demás indistintamente, exigen cambiar la sociedad, de una sociedad burguesa en una sociedad socialista y para llegar a ello, según los eurocomunistas, es preciso reformar la vieja sociedad y no derrocarla. Hoy, dicen ellos, ha dejado de existir el proletariado de los tiempos de Marx y Lenin, las clases han cambiado y ya no son las que éstos han conocido y de las cuales han hablado. Actualmente, dicen los eurocomunistas, también la clase  burguesa como clase, se ha diluido, sus componentes se han transformado en «trabajadores» y toda la riqueza se ha concentrado en manos de una pequeña camarilla capitalista, que conserva y defiende esta propiedad. Georges Marchais, por ejemplo, ha «descubierto» que hoy en Francia la burguesía «como tal» ha quedado reducida a 25 grupos financieros e industriales, el resto son «trabajadores». Por consiguiente, recalcan los renegados revisionistas, el Estado burgués capitalista actual ha cambiado, ya que ha cambiado la propia sociedad, han cambiado las clases. Por lo tanto, arguyen ellos, Marx y Lenin, que no han conocido el Estado capitalista actual, totalmente diferente del de su época, preveían pues, otro papel distinto al actual para el proletariado, otro método para la toma del poder, otro sistema de lucha para pasar al socialismo”.

Cualquiera que siga los artículos de los brothers Garzón sabe de lo que estamos hablando. Si la clase obrera no existe o al menos no es el sujeto transformador, tampoco el socialismo y la dictadura del proletariado (que es lo CENTRAL del leninismo) son el objetivo. Ya lo dice Eduardo Garzón, en todo tiempo y lugar hay capitalismo, tenemos que luchar porque haya un poco menos de capitalismo. La única pega es que no son ideas de su brillante mente de economista, las toma prestadas del revisionismo de toda la vida. El eurocomunista y desaparecido Partido Comunista Italiano ya se le adelantó, cuando en 1979 proclamaba que: “Para realizar una sociedad socialista declaran no es necesaria una estatización integral de los medios de producción. Junto a un sector público actuará la iniciativa privada. Particular función desempeñarán la propiedad campesina libremente asociada; la artesanía; la  pequeña y media industria; la iniciativa privada en el campo de las actividades terciarias. En esta concepción del proceso de transformación de la sociedad en sentido socialista, debe existir una articulación del sistema económico que asegure una integración entre la programación y el mercado, entre la iniciativa pública y privada”.

Bien, y siguiendo con el artículo de Enrique Santiago, ¿cómo caminamos hacia un Movimiento que de cobijo a la izquierda rupturista?: superando Izquierda Unida y volcando los esfuerzos de los comunistas en “la construcción de un espacio de confluencia poroso, abierto y flexible que abandone la fórmula de partido político de IU”. Si a alguien le chirría esto, Santiago se pone épico: “nada tenemos que perder, y nuestro pueblo y en especial la clase trabajadora tiene mucho que ganar, nada más y nada menos que su emancipación”. Ole, ole y ole.

Bueno, pero nos queda la salida de la UE y el euro! Chaval, no flipes. Enrique te lo explica: “nuestra apuesta por su abandono requiere una simultánea estrategia común de las fuerzas de la izquierda europea y debe ser puesta en práctica simultáneamente en varios países europeos, lo propondremos en el PIE”. Es el perfeccionamiento de las tesis de Trostky: la Revolución ya no tiene que ser internacional sino además “simultánea”. Da para un chiste de Gila, la verdad.

En conclusión, el congreso de la recuperación del marxismo-leninismo y la implementación de la estrella en el logo se sustancia en el relanzamiento del carrillismo más clásico junto al trostkysmo más degenerado. Eso sí, con la asunción del centralismo democrático para que ninguna oveja descarriada ose cuestionar tales principios. Porque no nos engañemos, el centralismo democrático no es exclusivo del marxismo-leninismo. El centralismo democrático es disciplina, y por tanto, es como el ejército o la policía, puede estar al servicio del pueblo o utilizarlo para reprimirle.

Aquí la clave está en la confluencia porosa, abierta y flexible con la nueva socialdemocracia podemita. Decía Enver Hoxa que “los eurocomunistas pueden unirse a quienquiera que sea, a excepción de aquellos que luchan por el triunfo de la Revolución”. Los dirigentes del PCE no sólo no se plantean la unidad con otros partidos y destacamentos comunistas del Estado Español. Para cumplir su misión, tienen además que dinamitar el espacio de convergencia de los comunistas con otras gentes de izquierda y progresistas y un proyecto republicano, de clase, anticapitalista y federal como es Izquierda Unida. Hay que fundirse en algo mayor. Ya lo dijo uno de los precursores del eurocomunismo, Earl Browder, ex SG del PCUSA: “los comunistas prevén que sus objetivos políticos prácticos serán por un largo tiempo, y en todas las cuestiones fundamentales, idénticos a los objetivos de una mayor masa de no comunistas, por tanto nuestros actos políticos se fundirán en movimientos de mayor envergadura”. La propuesta siguiente de Browder era que “por eso, los comunistas disolverán su  propio partido político y encontrarán una forma organizativa diferente y nueva, y un nuevo nombre que se adapte mejor a las tareas del día y a la estructura política a través de la cual deben llevarse a cabo dichas tareas”. Ojo al dato.

Afortunadamente una parte de la militancia comunista y de la izquierda no comulga con ruedas de molino y la Historia nunca está escrita de antemano. La unidad de los marxistas-leninistas en un único Partido que lidere la unidad de la izquierda transformadora en nuestro país sigue siendo un objetivo por el que merece la pena luchar. Ahí si, Enrique, ahí si se juega nuestro pueblo la emancipación.

Comunistas de Vélez-Málaga / La Vélez Insumisa

LaRepublica.es

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