Pedro Horrach (fiscal del caso Nóos): “La monarquía es una institución anacrónica y obsoleta”


El Caso Nóos que llenó tantas horas en las televisiones y en la prensa de este país comenzó a disolverse el martes 12 de junio “de forma satisfactoria” para Pedro Horrach (Sa Pobla, Mallorca, 1966).

Pedro Horrach, durante la entrevista.

Por fin pasará la página más angustiosa de su vida y se irá a dormir sin pensar en el “qué dirán de mí mañana”. El deterioro del exfiscal que enseñó su puño de acero a quienes especularon sobre los entresijos de una presunta negociación para salvar a la Infanta ha sido notable desde que comenzó la investigación. Sólo hace falta mirar sus fotos de hace cinco años. La salida a la venta de su biografía, escrita por Ana Martínez Aguirre, ha coincidido con la sentencia del Supremo y, cosas de la vida, Horrach ha vuelto a los focos de la actualidad para convertirse en la persona más requerida y criticada del país. “No hay pruebas ni motivos para hacerlo. No protegí a Cristina de Borbón. El dictamen me da la razón”, apunta. Pero lo importante para él es que esta sentencia significa el fin de la historia. Un relato que le ha dejado una profunda muesca de desolación.

Tras la confirmación de la sentencia, ¿se siente ganador en el caso Nóos?

No me siento ni ganador ni perdedor pero sí reconfortado. Y lo estoy básicamente porque el Tribunal Supremo ha ratificado los pronunciamientos de la Audiencia Provincial. Esta decisión me hace sentirme satisfecho aunque no en su totalidad porque la fiscalía, o sea yo, postulaba una pena superior y otros hechos delictivos pero, mire, han pasado ya ocho años de un procedimiento largo y de alguna manera había que poner fin al debate. Sólo me queda respetar la decisión del Supremo.

Entonces, ¿está satisfecho?

Si se refiere al contenido de la sentencia no estoy satisfecho. Sin embargo, sí me alegra que haya ratificado que la acusación popular, ejercida por Manos Limpias, actuó con temeridad en el juicio y de ahí que la sentencia de la Audiencia Provincial se le impusiese el pago de las costas. Creo que la decisión del Supremo me da la razón en el sentido de que no hubo indicios suficientes en ningún momento para sentar a la Infanta en el banquillo. Nada más.

Sin embargo, el juez José Castro ha calificado el fallo como “una sentencia de saldo”.

Siempre parece que surge algo que nos hace sentirnos insatisfechos, en este caso con las penas dictadas, pero le diré una cosa: Cuando todo esto comenzó, nadie podía imaginar que Iñaki Urdangarín acabaría sentado en el banquillo de los acusados y nadie hubiese imaginado que sería condenado a casi seis años de cárcel, como ha ocurrido. Comprendo que podamos compartir más o menos la sentencia pero nadie podrá decir que haya sido un proceso opaco porque ha estado sometido al escrutinio público desde la fase de instrucción hasta el juicio oral. ¿Alguien quería más?

El caso Nóos, ¿no ha sido un proceso sucio?

Ha sido extraño porque desde el momento en el que adquirió tanta trascendencia mediática se filtraron cuestiones puramente éticas que no tenían nada que ver con los hechos que se estaban investigando. Se traspasaron muchos límites y, oiga, yo no estoy para hacer valoraciones éticas. Mi función como fiscal anticorrupción era determinar si unos determinados hechos tenían encaje en un tipo delictivo. Pera nada más.

Usted ha repetido varias veces que no ha habido trato de favor a la Infanta Cristina de Borbón pero buena parte de la sociedad ha visto privilegios.

He intentado luchar contra este prejuicio pero me ha resultado imposible vencerlo. Cuando se instala algo así en la sociedad es muy complicado eliminarlo. Pero no por mucho repetir que hubo confabulación es cierto que existiera. Estoy un poco harto de teorías conspirativas un poco absurdas. Yo actué según mi leal saber y entender y con el mejor criterio profesional, y no hay más historia.

¿Y qué opina de que una parte de la sociedad sospeche que la justicia no es igual para todos?

Vamos a ver. En un proceso que ha sido público, donde se ha hecho una radiografía desde el minuto uno de una investigación que casi era retransmitida en directo pese a encontrarse aún abierta, ¿dónde está la confabulación? Si alguien me explica dónde se encuentra podré defenderme, pero lanzar al aire una afirmación de estas características es muy sencillo. Todo esto es absurdo. Oiga, mire, si usted hace una aseveración así tendrá que probarla, digo yo. Y si no la tiene es que no existe.

La revista Interviú publicó un documento confidencial mecanografiado por usted dirigido al exjefe de la Fiscalía Anticorrupción, Antonio Salinas, donde diseñaba la estrategia que debía seguirse para salvar de la quema a Cristina de Borbón

Si usted lee ese informe, que está publicado, verá que son reflexiones internas sobre una estrategia procesal determinada, algo muy habitual y común en mi profesión. El título del manual “Para salvar a la Infanta de Borbón” se lo pusieron los medios de comunicación.

Pilar Urbano también le acusa en su libro de conversaciones con el juez Castro de haber hecho dejación de su profesionalidad obligado por la disciplina¿Recibió presiones?

No puedo estar más en desacuerdo con esa acusación pero por más que lo diga, dudo que pueda llegar a la gente. Mis decisiones y responsabilidades en el proceso eran exclusivamente mías. No hubo presión alguna. Actué con aciertos y con errores, que seguro que los tuve, pero nadie condicionó mi decisión. Ni tuve sugerencias ni telefonazos. Es que no ha existido absolutamente nada.

¿Y no le importa haber quedado como el villano de esta historia?

Pues no es plato de buen gusto pero al final de todo este proceso se ha dictado una sentencia donde se absuelve a la Infanta en dos líneas y se impone el pago de las costas a la acusación popular, que fue la que la sentó en el banquillo, bajo una acusación temeraria. Sinceramente, creo que esto es darme la razón. ¿O es que le jueces también están conchabados en esta conspiración absurda de la que hablan? ¿Por qué se me acusa a mí de conspirador y no a los magistrados que han absuelto a la Infanta?

¿Tiene la esperanza de que algún día lejano se sepa la verdad que ha rodeado este caso?

Una vez instalado el prejuicio ya es imposible cambiarlo. Por mi parte intento pasar página y olvidarme de esta situación.

Un día de juicio usted exclamó en voz alta que estaba “sufriendo como un perro”. ¿Tan duro resultó el proceso?

Es que no fue un solo día sino varios que se prolongaron durante algunos años en los que tenía que ver, oír o leer que yo era un corrupto o un títere de la Casa Real. Esto es muy difícil de llevar.

En su opinión, ¿qué daños ha producido a la institución monárquica este proceso judicial?

Esta pregunta que me hace demuestra todo lo absurdo de la teoría de la conspiración. Por una parte se dice que mi actuación profesional ha conducido a un desequilibrio de la institución monárquica mientras que otros me acusan de intentar salvarla por el mismo comportamiento. Oigan, aclárense, por favor. Sobre los daños, pues no sé. A la vista están, son públicos y notorios. No tengo más que añadir.

¿Es usted monárquico?

La monarquía es la institución que tenemos, la que nos hemos dado todos los españoles. La respeto. Pero la cuestión no es si soy o no monárquico. A mí me parece una institución anacrónica en el sentido de que a estas alturas ser jefe del Estado dependa del nacimiento. Me resulta obsoleto y supongo que en el futuro cambiará.

De haber sido posible, ¿habría citado a declarar al rey Juan Carlos?

Pero es que no se planteó ni siquiera se investigó porque era inviable jurídicamente. ¿Si no hubiese sido jefe del Estado? Pues probablemente se le hubiera citado a declarar, sí. ¿En calidad de qué? Pues eso no lo sé.

A tenor de algunas informaciones publicadas, de inductor. Parece que amparó a Urdangarín en algunos de sus negocios.

Pero no se investigó porque no se podía. No había posibilidad de hacerlo. Y lo que no se puede probar, no existe. Otra cosa muy diferente las valoraciones personales que la gente pueda hacer desde fuera pero ahí no puedo entrar.

¿Quién es Pedro Horrach?

Es complicado definirme a mí mismo. Pero diría que he intentado cumplir lo mejor posible mi labor como fiscal durante 25 años y poco más puedo decir al respecto.

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