El lugar de Iraq en el Gran Juego entre EEUU e Irán, por Nazanín Armanian


Manifestación pacifista en Miani (Florida, EEUU), contra la guerra contra Iran. EFE/EPA/CRISTOBAL HERRERA
Manifestación pacifista en Miani (Florida, EEUU), contra la guerra contra Iran. EFE/EPA/CRISTOBAL HERRERA

Si desde el 2003, EEUU y la República Islámica de Irán (RII) han cohabitado en Iraq, compartiendo el poder sin casi ningún roce, ¿qué ha provocado de repente un enfrentamiento directo entre ambos en el suelo del país herido? La curiosa convivencia ha hecho que, por ejemplo, haya un aparato de inteligencia que realiza actividades “anti iraníes”, y otro, el Ministerio de Información que hace lo contrario. ¡Calculen cuántos agentes dobles puede cruzarse en un mismo edificio en un país corrupto!

A mí me gusta la paz”, respondió Donald Trump a la pregunta de si iba haber un ataque militar contra Irán por el asalto a la embajada de EEUU en Bagdad. El presidente hasta hoy ha resistido a las presiones de los NeoCon, Israel y el complejo militar-industrial, que han recurrido a multitud de provocaciones para empujarle a la guerra. Israel después de atacar las bases de las fuerzas proiraníes en Siria hasta 200 veces en los dos últimos años, empezó el julio pasado lanzar misiles sobre las milicias irano-iraquíes de las Unidades de Movilización Populares (UMP) en el territorio iraquí. El último, el 29 de diciembre, en el que también participó EEUU, matando a 24 de sus hombres.

“Anoche tomamos unas medidas para detener una guerra» es la enigmática frase que pronunció Trump justo después de asesinar a Gasem Soleimani, y dado a que Teherán no tenía ningún plan para enfrentarse con EEUU, ¿estaba refiriéndose a que impidió un masivo ataque de Israel sobre las sedes de la UMP en Iraq, lo cual hubiera provocado una gran guerra implicando a Irán y EEUU? Si es así, ¿Es posible que el presidente de EEUU haya ofrecido la cabeza del jefe iraní de la red anti-israelí de Quds («Sagrada», nombre árabe de Jerusalén»), a cambió de que Tel Aviv renunciara a tal locura? Después de la Operación Babilonia del 1981, en la que Israel bombardeó un reactor nuclear de Iraq, es la primera vez que vuelve a atacar este país, y con total impunidad, como de costumbre. ​Israel tiene prisa para acabar con Irán, no está seguro de la reelección de Trump, y los demócratas han prometido rescatar el acuerdo nuclear con Irán si recuperan el poder en noviembre. John Kerry recordó al Congreso que fue Netanyahu quien aconsejaba a EEUU invadir Irak, con falsos argumentos.

Trump necesita el dinero del lobby judío para su campaña electoral. En 2016, el magnate judío de casinos Sheldon Adelson le donó 25 millones de dólares con la condición de que se enfrentase a Irán, y si es con la bomba nuclear, mejor, habia dicho.   “Mantener a las fuerzas militares de EEUU en Oriente Próximo, ya no es por el petróleo; es para proteger a Israel”, confesó Trump en noviembre de 2018, aunque no reveló los motivos de esta extraña relación de pareja.

La televisión iraquí informó que Soleimani cayó en una emboscada: había sido convocado para ir a recoger un supuesto mensaje de EEUU depositado en sus contactos en Bagdad. Según el general iraní Ali Fadavi, Trump habia enviado un mensaje a Teherán pidiéndole “proporcionalidad en su represalia”, lo que justamente iba a hacer, aplicando la Ley del Ojo por Ojo: matar a un alto cargo de EEUU, que no a cientos de ellos en una guerra. En esta línea, el diario Independent en persa afirma que el ataque de Irán a las bases de EEUU en Iraq había sido pactado y su personal había sido evacuado antes de los disparos.

Aun así, esta guerra tiene su “lógica” y este tipo de pactos no podrá impedirla. La guerra económica, política y psicológica contra Irán entra en su fase bélica, aunque de momento de baja intensidad.

¿Qué busca Irán en Iraq?

Cientos de años antes de naciera EEUU, los actuales territorios de Iraq eran una provincia del Imperio Persa, y Bagdad («Jardín de la Justicia» en persa) era un paraíso terrenal. Irán lo pierde al imperio otomano en una guerra en el siglo XVI, y los otomanos lo entregaron al imperio británico en la Primera Guerra Mundial. Será en 1979 y con la revolución iraní cuando EEUU organiza una serie de golpes de estado en la región, asegurando sus intereses: en Iraq, eleva al poder a Sadam Husein, jefe de la inteligencia y el asesino de miles de comunistas y de otros demócratas iraquíes, mientras otro mandatario profundamente anticomunista, ayatolá Jomeini, es trasladado desde Francia a Irán, país con una poderosa izquierda y una amplia frontera con la URSS. La recién instalada teocracia de extremaderecha, tras abortar la revolución democracia, se enfrenta a tres enemigos: la Unión Soviética, Iraq e Israel. Éste último   toma en serio la intención de Jomeini de cruzar Iraq con sus tropas para llegar a Jerusalén y devolverlo a los musulmanes (que no a los palestinos). Al no ganar la guerra del 1980-1988 a Saddam, la RII abandona este sueño y asigna a la Fuerza de Quds la misión de proteger al régimen islámico de Israel con un cinturón de seguridad -extendido desde Afganistán a Iraq, pasándolo por Siria, Gaza y el Líbano, mientras convierte el pragmatismo y el realpolitik (con Israel y EEUU) en sus principios de la política exterior. Y allí está la llamada “dilema de seguridad”: ¿No es justamente este expansionismo del chiismo iraní uno de los motivos de las amenazas a la seguridad de Irán?

En 1991, al desparecer tanto Saddam Husein como la URSS, la RII consigue ampliar su influencia por toda la región, incluido Iraq. Que Bush instalara en Bagdad una teocracia chiita fue un regalo de Alá para la RII y una pesadilla para Israel, Turquía y Arabia Saudí. Muchos de sus nuevos mandatarios habían estado exiliados en el Irán de Jomeini, aunque, al contrario de otras potencias extranjeras, la RII no solo ha trabajado entre la élite iraquí para conseguir favores, sino que también ha creado media docena de milicias que organizan a decenas de miles de hombres armados, y una vasta red social y religiosa ante la que se presenta como una “alternativa benigna” al dominio de EEUU.

El nivel de la influencia de Irán en Iraq es tal que el 30 de octubre, el primer ministro Abdul Mahdi – rostro de la kakistocracia iraquí-, declaró que iba a dimitir para adelantar las elecciones parlamentarias. Cambió de idea dos días después, tras un encuentro con Soleimani en Bagdad: resistirá ante las presiones del “enemigo”, refiriéndose a decenas de miles de manifestantes sin agua, sin luz, y sin trabajo.

Iraq es el mayor socio comercial de Irán, donde la RII neutraliza las sanciones impuestas por Trump, y es desde donde accede a Siria, y de allí al Líbano y Palestina. Ninguna medida hará que la RII disuelva a la Fuerza Quds, a pesar de que se enfrenta a la peor crisis política y económica da su historia. De momento, seguirá la misma política que en Siria: no contestar a los ataques de Israel y EEUU, más allá de lo necesario de cara a su base social. La prioridad de los ayatolás en Iraq es impedir un gobierno hostil.

Iraq en los proyectos de EEUU

La caída de Pahleví demostró a EEUU que los títeres no se salvan de la sublevación popular. De modo que Henry Kissinger presentó su doctrina de Dual Containment Policy «la política de la doble contención»: habría que frenar el desarrollo económico, social, político y militar de Iraq e Irán, -las principales reservas de hidrocarburo del planeta, ubicados en las proximidades de la URSS y China-, condenándoles al subdesarrollado para así poder someterlos a largo plazo. ¡Vale! ¿Cómo conseguirlo?

Entre 1980 y 1988 imponen a ambos países una devastadora guerra, que mata a un millón de jóvenes, deja mutilados a millones y destruye gran parte de las infraestructuras de sus países. Tres años después, coincidiendo con el fin de la URSS, EEUU lidera el ataque de unos 40 países al diminuto Iraq en una gran guerra de patraña y anuncia el Nuevo Orden Mundial, dirigido por capitalismo estadounidense. En 2003, remata la misión con el objetivo de:

  • Encontrar una salida a la deuda externa de EEUU.
  • Animar el negocio de armas que dejó de ganar dinero con la desaparición del “enemigo rojo”.
  • Privar a los palestinos del único país árabe que le defendía; Saddam fue un déspota y hombre reaccionario, pero también fue un firme antiisraelí. Con su ejecución, el país judío consiguió acceder al petróleo iraquí, a través de la región kurda.
  • Convertir a Iraq, ubicado en el corazón de Oriente Próximo, en una colonia, instalando allí la embajada más grande del mundo, desde donde los siniestros John Negroponte (el promotor del Batallón 3-16 en Honduras) y Robert Ford organizarán el “divide y gobierna” mediante los Escuadrones de Muerte chiitas y sunnitas, para hundir el país en un caos controlado que dura hasta hoy. Ford, luego, fue enviado a Damasco en enero del 2011 como embajador de EEUU: ¿no fue en esta fecha cuando empezaron a estallarse los coche bombas y la guerra contraen Siria? EEUU cuenta en Iraq con 12 bases militares. Después, EEUU-Israel desmantelarán otros estados árabes: Libia y Siria.

Sin embargo, EEUU no ha conseguido desnacionalizar los 112.000 millones de barriles de petróleo iraquí. Es más, China es el principal comprador de su crudo, y desde 2014 también es el mayor inversor extranjero en el país y su principal socio comercial. Washington no perdonará a Mahdi, por convertir a Iraq en el primer país de la región en firmar un preacuerdo con Beijín para integrarse en el megaproyecto de la Ruta de la Seda.

EEUU puede perder a Iraq, como lo hizo con Pakistán, uno de los pilares de su dominio en Asia Central: violó su soberanía enviando sus drones que mataron a miles de personas “buscando al espíritu de Bin Laden”, y humilló a sus mandatarios: el asalto a la supuesta casa del terrorista saudí fue la guinda, con la que provocó la quema de decenas de convoyes de la OTAN que transportaban alimentos y municiones a los 300.000 soldados en Afganistán. Al final, el “País de los Inmaculados” (así significa Paquistán en persa y urdu) dio un giro radical hacia China.

A EEUU le será imposible expulsar a la RII de Iraq, salvo que 1) consiga colocar en el poder a un hombre fuerte-sunnita-anti iraní, quien tras provocar un baño de sangre se haga con el poder absoluto en todo Iraq, o 2) envíe, de nuevo, a miles de “yihadistas” sunnitas, y tras una larga guerra civil divida el país en mini estados.

La gran guerra entre EEUU e Irán solo empezará cuando Washington o Tel Aviv crucen la Línea Roja de atacar el territorio iraní, mientras, su campo de batalla seguirá siendo el suelo de otras naciones, sobre todo Iraq.

Público