Los niños necesitan salir, por Enriqueta de la Cruz


Querido Pedro Sánchez: me llamo Inti y vivo en Córdoba. Estoy muy aburrido y me gustaría salir a la calle por lo menos 30 minutos. Si se cumple esto, te lo agradezco.

Así de claro, así de escueto, explica un menor su necesidad al presidente del Gobierno.  Su carta es una de muchas, forma parte de una campaña que circula por las redes: #SoloUnRatito. Las cartas de los menores  (cada día se suman más), están alojadas en la siguiente dirección

España, país excepción en tantas cosas, que gestiona su tragedia como puede, como los demás países, no es igual en algo incomprensible: no deja salir aún a los niños del tremendo confinamiento impuesto por la pandemia y tan largo y negativo para la salud, excesivo ya para ellos, largo en parte por las malas previsiones de tantos gobiernos (anteriores y posteriores) y la falta de material.

Los niños y sus características, que no son, como bien apunta la periodista Fallarás en un excelente artículo publicado ayer 16 de abril en el diario on line Público esos encantos obedientes que se portan genial; no tienen por qué serlo, ni excepcionales ni nada, solo niños que esperan que todos los políticos aligeren sus propios deberes para que ellos no paguen el pato.

Madres se están uniendo y preguntando por la excepcionalidad en esto de España, como de otras cosas. Salir a hacer algo de deporte, estirar las piernas, no encontrarnos fuerzas represoras por cada esquina, no es un capricho, es una necesidad y, además, a estas alturas de confinamiento, un derecho para no perder la cabeza, para nuestra salud mental aparte de física.

Hemos demostrado, el pueblo, los ciudadanos, los niños, nuestra capacidad y esfuerzo; los políticos deben esmerarse, buscar test, confinar lo necesario, limar esa manía de alejar a nuestros mayores manu militari de cariño; dejar de aplicar tablas rasas, ir a por los test, sí, para permitir seguir su camino a los ya inmunizados; explicar las cosas sin meliflueces, dejar de tratarnos como a peleles, como a gentecilla que no entiende, que no digiere, a la que hay que ir a calmar, con lenguajes de teleserie infantil de los años franquistas que creíamos superados. Hay que pedir que se superen los que nos representan, también en las formas.

En las almibaradas conferencias de prensa, en las militarizadas conferencias, sí, como en las series cuarenteniles, no se abordan tantas situaciones: casas minúsculas, bajos con ventanas cuya altura del ojo son los zapatos de los transeúntes que ahora ni pasan, habitaciones realquiladas  interiores y sin apenas ventilación, cuartuchos y chabolos sin intimidad, exposiciones de menores a violencia de género entre cuatro paredes de 20 o menos metros, y a otras situaciones para nada de esos burguesitos que algunos se imaginan regla general. También tiendas de campaña o ni eso, porque se ha multado a mendigos y se han impedido tiendas de los sin techo, mientras se permiten campañas hirientes para cualquier ojo sensible de padres ángeles manipuladores de la miseria ajena, su negocio…

Lo que nos sobran son almíbares e imposiciones. Lo que nos hacen falta son medidas claras, explicaciones nítidas y no engañosas de las medidas que se adoptan y de sus excepciones; periodistas que pregunten lo que todos nos preguntamos y gobernantes que respondan en el amplio sentido de la palabra. Son nuestros servidores, no otra cosa, por más encorbatados, rimbombantes y escoltados que nos salgan. Y, por cierto, también, y como el agua, nos hace falta una oposición digna de aspirar a próximos gobiernos, no algarabía de arrabal, amenaza golpista y punible si van a más…