El rey Juan Carlos fue protegido por una célula ultrasecreta llamada «el pequeño Mossad»


En los años 80, dentro de los servicios de inteligencia militar, actuaba de manera independiente y sin ningún tipo de control una célula de poder alternativo que los demás componentes de dichos servicios no adscritos a la misma bautizaron «el pequeño Mossad»

En España, el Ejército siempre fue un poder absolutamente autónomo dentro de la estructura estatal, incluso ahora, en pleno siglo XXI. Lo podemos ver, por ejemplo, en cómo funciona la Justicia militar sin ningún tipo de control por parte del resto de poderes judiciales. Los servicios de inteligencia militares también han sido tradicionalmente muy independientes y, por tanto, han tenido un gran poder por el acceso ilimitado a la información.

En los años 80, dentro de esos servicios de inteligencia militares existió un grupo que iba por libre —hay quien dice que sigue vigente su presencia— compuesta por mandos altos e intermedios a la que se le llamaba «el pequeño Mossad» que era depositario de toda la información ultrasecreta, que se lograba tanto en España como en el extranjero, y la utilizaba.

Esta singular célula secreta, enquistada en el máximo órgano de Inteligencia del Ejército de Tierra, tenía sus propias fuentes de adquisición de informes y sus máximos dirigentes mantenían línea directa con el JEME y, a través de esta autoridad, con el Consejo Superior del Ejército en pleno. Esto no quiere decir que toda la información sensible de la que dispusiera el «pequeño Mossad» pasara automáticamente a disposición de las más altas autoridades del Ejército.

La célula ultrasecreta protegió durante décadas al rey Juan Carlos porque, tal y como indica el coronel Amadeo Martínez Inglés en su libro Juan Carlos I, el último Borbón, «toda la información reservada sobre la Casa Real española (sobre todo la concerniente al rey Juan Carlos y a su esposa) que llegaba a manos de la Inteligencia del Ejército, mucha de ella proveniente del CESID, quedaba como propiedad de esta célula de poder que mantenía celosamente custodiados los ultrasecretos MSCR (Máximo Secreto Casa Real) documentos audiovisuales y escritos relativos a la vida política, social, personal y familiar del jefe del Estado y su entorno más íntimo.

» Entre ellos, por ejemplo, se encontraban los famosos vídeos del chantaje de la vedette B. R. y de los que es muy probable que, en alguna caja fuerte del vetusto y bello palacio de Buenavista de Madrid […] todavía duerma el sueño de los justos alguna copia. El máximo órgano de información del Ejército siempre mantuvo muy buenas relaciones con el CESID y en este caso de los vídeos me consta que hizo valer todo lo que pudo esas buenas relaciones para «ir a rueda» del órgano que en su día se hizo con la mayoría del material existente, bien durante el asalto al domicilio de la actriz o bien en la «negociación» posterior del finiquito con la interesada, realizada con su mediación. Material que más tarde pasaría a un nivel de disponibilidad mucho más restringido, dentro de la citada institución de Inteligencia del Estado, y a soportes más adecuados para su explotación futura».

Diario16