Hartos del consejero ‘telepredicador’ de Cifuentes: dimisiones tras “mandarlo a…”


Cuatro directores generales se han marchado en el último año tras desavenencias con Jesús Sánchez Martos, titular de Sanidad. Muchos le tachan de engreído, egocéntrico, dictatorial, maleducado…

“Vete a tomar por…”. Tras el improperio, un portazo y la carta de dimisión. Así terminó su relación un exalto cargo de Sanidad de la Comunidad de Madrid con el que fue su jefe de filas, el consejero Jesús Sánchez Martos, un hombre que no deja indiferente a nadie. Los ánimos están caldeados en este departamento, una de las carteras más sensibles del Ejecutivo de Cristina Cifuentes, que mueve el 43% del presupuesto regional. Hasta cuatro directores generales de la consejería se han marchado en el último año, cesados o tras presentar su renuncia, hartos de aguantar los modos y las formas de Sánchez Martos, al que muchos apodan el ‘telepredicador’ por su afición por tener sus minutos de gloria, siempre que puede, en los medios de comunicación y en las redes sociales.

Los profesionales del sector también se han hartado de él. Hace unos días el Colegio de Médicos de Madrid, la Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid (AMYTS) y la Asociación de Facultativos Especialistas de Madrid (AFEM) dieron una rueda conjunta para hacer público lo que era un secreto a voces: no se entienden con Sánchez Martos. “Parece que nada es de su competencia. Siempre se escuda en que no hay dinero, que manda la consejería de Hacienda. ¿Quién manda realmente en la sanidad? Como el consejero está más preocupado por su imagen mientras dice no tener independencia económica, no queremos hablar más con él. Queremos reunirnos con Cifuentes”, explicaron los portavoces de las tres organizaciones.

 

La verdad es que un tipo peculiar. Tanto que es capaz de interrumpir un consejo de Gobierno (el que celebra Cifuentes todos los martes con sus consejeros) porque recibe la llamada telefónica de un embajador y se lo tiene que pasar a la presidenta para que vea lo bien relacionado que está. “Ese es Sánchez Martos. Le encanta figurar, ser el protagonista, estar en el centro de la escena”, asegura un excolaborador. “Siempre tiene que ser el alma de la fiesta. El graciosillo, el que se empeña en vacunarnos cuando llega la campaña de la gripe”. Otros lo definen como “un ‘showman'”, que ha llevado a la consejería sus guiños de cuando era tertuliano e incluso reportero en Telemadrid. “Soy un enamorado de la comunicación”, repite a menudo.

Su curriculum está lleno de referencias a los medios. Fue director de la sección ‘La Salud al Día’ que se emitía en el magazine informativo ‘Buenos Días Madrid’ de Telemadrid; asesor médico del programa ‘En Días como Hoy’ de RNE; colaborador del programa ‘Cara a Cara: La tarde en Directo’ de CNN; asesor médico del programa ‘Vive la Vida’ de Telemadrid; autor y director de programas divulgativos en Canal Vivir, Radio Nacional, Radio Exterior, Onda Madrid, Radio Intercontinental; colaborador y columnista de Revista Médica, Redacción Médica y Actualidad Médica.

A pesar de esta fulgurante carrera en los medios, el ambiente en la consejería no es el mejor. De hecho, es el departamento del Ejecutivo que más cambios ha sufrido en lo que llevamos de legislatura. Cuatro directores generales (uno con rango de viceconsejero) se han marchado por enfrentamientos con el consejero. Se trata de Luis Fernández Hermida, Emilia Sánchez Chamorro, Julio Zarco y Yolanda Fuentes. Uno de ellos le llegó a mandar “a tomar por…” tras una agria reunión, según ha podido saber El Confidencial de varios testigos presentes. “Lo visto trabajando con él sale de toda medida”, explica uno de ellos. “Pueden hablar desde el rencor. Cada uno tiene su verdad”, rebate otro alto cargo que sigue en la consejería.

El neurólogo Luis Fernández Hermida, exdirector general de Inspección y Ordenación, fue el primero en abandonar el barco. Cesado a petición propia el 19 de abril de 2016, se marchó antes de que Sánchez Martos le destituyera. Luego fue el turno de Emilia Sánchez Chamorro, exdirectora general de Planificación, Investigación y Formación, que también cesó a petición propia en noviembre de 2016. La relación ya llevaba un tiempo deteriorada, sobre todo después de que el consejero defendiera la idea de que la renovación de la tarjeta sanitaria (por robo, perdida o deterioro) debía ser gratuita, sin pagar la tasa de 10 euros. “No lo consultó con la consejería de Hacienda. Se metió en un jardín complicado y no le gustaron las críticas”, señalan desde el Gobierno regional. “Ese es uno de los problemas de trabajar con él, que cree que sabe más que nadie. No suele aceptar consejos”, afirma otro excolaborador.

Yolanda Fuentes Rodríguez fue cesada como directora general de Salud Pública en enero de 2017. También tuvo graves encontronazos con el consejero. Especialista en medicina preventiva, su rostro se hizo famoso durante la gestión médica de la crisis del ébola. Era la subdirectora médica de La Paz y formó parte del comité de especialistas nombrado por el Gobierno central. “Ella fue la que echó a los medios de comunicación del hospital para que las ruedas de prensa, que se hacían a diario, se organizaran fuera del centro. “Algo que al consejero, entonces tertualiano en Telemadrid, no le gustó”, recuerda un periodista. A pesar de ello, ya en el Gobierno, Sánchez Martos aceptó el fichaje de Yolanda Fuentes. Era una profesional joven con proyección.

De izquierda a derecha, Luis Fernández Hermida, Emilia Sánchez Chamorro y Julio Zarco. A la derecha del todo, Yolanda Fuentes. (redaccionmedica.com)
De izquierda a derecha, Luis Fernández Hermida, Emilia Sánchez Chamorro y Julio Zarco. A la derecha del todo, Yolanda Fuentes. (redaccionmedica.com)

Pero estaba, en cierta medida, marcada. Su área es además una de las más complicadas. Antes de la llegada al poder de Cifuentes, Salud Pública no era una dirección general, sino una subdirección que dependía de Atención Primaria. Este invierno, con la vacunación de la gripe, hubo ciertos problemas heredados de la anterior etapa que terminaron costando el puesto a Fuentes. ¿Qué paso?. Normalmente todos los años Sanidad siempre pierde algunas vacunas en la custodia del frío. Y todos los años, lo normal era también destruir las vacunas que sobraban. Pero Salud Pública decidió este invierno que nada de destruir. Los pliegos del contrato permitían devolver las sobrantes al fabricante y que este le reintegrara la diferencia.

Pero un técnico del departamento, ya jubilado, no ejecutó la orden de devolver las vacunas sobrantes para recuperar el dinero debido a la dinámica de trabajo que se arrastraba de otros años. Las vacunas se destruyeron y Sánchez Martos encontró la excusa perfecta para prescindir de Fuentes. De hecho, la consejería abrió una auditoría interna para reflejar en un informe qué pasó realmente con las vacunas que sobraron y calcular el perjuicio económico a las arcas públicas. El último en irse fue Julio Zarco, exdirector general de Coordinación de la Atención al Ciudadano y Humanización de la Asistencia Sanitaria. También dimitió en febrero de este año tras serias desavenencias con Sánchez Martos. Volvió a su plaza de médico y a sus clases en la universidad.

Prolijo en la redes sociales

De momento, el viceconsejero Manuel Molina templa las aguas. Exportavoz del PP en Fuenlabrada, es un hombre de consenso, con mucho mejor talante y muy querido por el equipo de la consejería. Inspector médico, acumula una dilatada experiencia en la administración sanitaria, ocupando cargos de responsabilidad con anteriores consejeros como Manuel Lamela, Juan José Güemes y Javier Fernández-Lasquetty. Es el hombre del partido, el hombre de confianza de Cifuentes. Muchos se preguntan por qué sigue Sánchez Martos al frente de la consejería. Los rumores sobre su relevo aparecen y desaparecen como el Guadiana. La respuesta es que la presidenta regional no quiere crear una minicrisis de Gobierno innecesaria.

“Las minicrisis ya las crea él solo”, asegura otro excolaborador. Muy prolijo en las redes sociales, sonado fue el malestar que generó entre los sindicatos cuando no hizo nada por impedir el cese de María Goretti Pacheco, enfermera responsable del centro de salud San Blas, en Parla, que alertó en Twitter de la falta de vacunas en su puesto de trabajo. Sánchez Martos entabló una conversación por ella para interesarse por el problema. Al día siguiente fue destituida. AFEM ya le acusó de gestionar la consejería “a golpe de tuit”. En marzo de 2016 tuvo que pedir disculpas públicamente después de que la delegada de la Asociación Hiru Hamabi de daño cerebral infantil, Paloma Pastor, saliera llorando tras una reunión con él, acusándole de un trato “denigrante, humillante y autoritario”.

Jesús Sánchez Martos, en otro acto de su consejería.
Jesús Sánchez Martos, en otro acto de su consejería.

Según el relato de Pastor sobre la reunión a la que acudió con otras dos compañeras, el consejero se dirigió a ellas “como si fueran niñas pequeñas que no supieran hacer su trabajo. Las trataba como si fueran tontas, como si fueran ineptas. Estaban atemorizadas, como estábamos atemorizados todos los que estábamos allí porque su tono era durísimo, agresivo”. Varias de las fuentes consultas aseguran que a veces su empatía emocional dista mucho de ser la mejor. “Si le caes mal, te machaca. Y no le importa hacerlo en público”. Otras fuentes no lo ven así. “Es una persona disponible y cercana. La puedes llamar a cualquier hora del día”.

Los sindicatos no ven con malos ojos un relevo. “Sabe lo justo de Sanidad, solo busca el gran titular. No tiene el peso para dirigir una consejería que gasta más del 40% del presupuesto”. La verdad es que como médico ha ejercido poco. Comenzó como celador en el hospital Niño Jesús mientras estudiaba enfermería. Obtuvo la Diplomatura. Y luego, mientras trabajaba de enfermero sacó la licenciatura en Medicina y el Doctorado. También es Catedrático de Educación para la Salud de la Universidad Complutense de Madrid, investigador principal en el Programa de Doctorado de la Escuela Universitaria de Enfermería, Fisioterapia y Podología de la Complutense y “profesor colaborador en diversas universidades españolas e internacionales”.

El confidencial