La burda campaña de perfiles falsos que afecta a Sanidad cuesta unos 30 euros


Qué sabemos sobre los perfiles falsos que interactuaban con ...

Distintos especialistas en redes sociales advierten que el aluvión de “me gusta” lanzado por bots en Facebook podría ser un ataque para “desprestigiar” al Gobierno. Resultará prácticamente imposible determinar quién está detrás de este caso.

Una certeza y un mar de dudas. La certeza: Dasia Veith no existe, o no al menos la Dasia Veith que ha presionado “me encanta” una de las ruedas de prensa de Fernando Simón sobre el coronavirus. Las dudas: no se sabe ni se sabrá quién, dónde ni por qué creó a Veith ni a las restantes usuarias falsas de Facebook que en los últimos días presionaron “me gusta” –también “me divierte” o “me asombra”– en publicaciones realizadas por el ministerio de Sanidad en dicha red social.

Misterio absoluto… o no, depende para quién. Para distintos activistas, medios y políticos de derechas, ha sido el mismísimo ministerio de Sanidad quien ha diseñado esa campaña de apoyos falsos en las redes sociales. Su prueba (única, de momento) es un video anónimo en el que un hombre, cuyo rostro no aparece, muestra en la pantalla de su teléfono el listado de perfiles falsos que mostraron interés por determinados mensajes de Sanidad en Facebook.

“El Gobierno prefiere comprar likes a comprar mascarillas”, sentenció la diputada del PP Bea Fanjul en Twitter. “Sorprende el interés internacional que despierta Sánchez a las mujeres“, agregó. De hecho, el PP ha llevado este asunto al Congreso: según anunció la formación conservadora, ha presentado una batería de preguntas al Ejecutivo de Sánchez para conocer, entre otras cosas, “cómo es posible que una cuenta oficial del Gobierno pueda tener tal cantidad de apoyo de perfiles falsos o bots”.

Ahí está, precisamente, el quid de la cuestión. “Partiendo de la base que va a ser prácticamente imposible saber la verdad, quiero pensar que es un ataque externo por una simple razón: sería demasiado estúpido que el ministerio de Sanidad mantuviese a día de hoy esta estrategia”, afirma a Público el experto en Marketing Digital, Redes Sociales y Transformación Digital Juan Merodio, quien además ha asesorado a partidos políticos y organizaciones gubernamentales en esta área.

Merodio vivió en carne propia una situación similar. Hace tres años, un video suyo en Youtube fue objeto de un aluvión de “no me gusta” lanzado por perfiles falsos. “El sistema automatizado de Youtube detectó el video como ‘fraudulento’ y me lo quitaron. Tuve que reportarlo para que lo volviesen a subir”, relata.

Barato y anónimo

Ya sea para repartir envenenados “me encanta” o malintencionados “no me gusta”, lo cierto es que comprar perfiles falsos que hagan una u otra acción resulta sencillo, rápido y, sobre todo, barato. “Cualquier persona con 30 euros podría llevar adelante este tipo de acciones que hacen quedar tan mal”, afirma Emma Llensa, consultora en marketing digital.

En tal sentido, señala que lo ocurrido con los perfiles falsos que afectan al ministerio de Sanidad “puede ser una estrategia de la oposición o de cualquier graciosillo”. Del mismo modo, advierte que “cuando se adquieren este tipo de interacciones/seguidores no se puede elegir mucho y la calidad suele ser bajísima, por lo que el nivel de control sobre lo que estás comprando realmente es muy bajo”.

El ministerio también ha negado cualquier responsabilidad en torno a este asunto. En una nota de prensa, aseguró que había sido “víctima de actividad fraudulenta por parte de diversas cuentas aparentemente falsas que generan interacciones masivas en publicaciones concretas de la cuenta oficial de Facebook”.

“No tiene ningún sentido que Sanidad vaya por ahí comprando likes de esta manera, cuando son acciones fraudulentas. Tiene más pinta de alguien que busca hacer daño”, coincide en señalar el experto en publicidad en redes sociales Andreas Schou.

“Resulta difícil comprobar si es una estrategia que viene del Gobierno o si ha sido planteada desde fuera”, afirma por su parte el especialista en redes sociales Amel Fernández, quien destaca que puede tratarse de una “acción de propaganda” del propio ministerio o también que “cualquier otro lobby o ente interesado apueste por ese tipo de tácticas”. “Desde luego, no es una estrategia acertada, aunque se viene utilizando en política tanto dentro como fuera de este país desde hace ya varios años”, añade Fernández.

“Regular y natural”

A día de hoy, distintas páginas web ofrecen comprar esos perfiles falsos. “Sin importar cuál sea el número de me gusta o seguidores que tenga tu página de Facebook, con cualquiera de nuestros excelentes packs este número aumentará según el servicio que desees contratar”, señala una de las empresas que ofrece este servicio.

“Dependiendo de tus objetivos, puedes acceder a 10.000 likes (me gusta) de Facebook. La recepción de los servicios se realiza en un máximo 24-48 horas garantizado posteriores a la validación del pedido. Esto se hace de forma regular y natural”, destaca. En esa misma web consultada por Público también se pueden comprar apoyos falsos para Twitter o Instagram.

En esa línea, Llensa plantea una clara interrogante. “La pregunta es quién gastaría dinero en menoscabar la imagen de marca del ministerio de Sanidad”, apunta esta experta, quien destaca que los perfiles falsos utilizados en este caso “podrían haber sido comprados en el mercado negro de likes e interacciones con algún usuario falso, por lo que resulta imposible de rastrear”.

“Podría ser perfectamente un ataque, más aún con el contexto que estamos viviendo ahora”, señala por su parte Merodio. Por su parte, Llensa apunta que “se suele comprar a empresas que ni tributan en España”, por lo que “no hay rastreo, ni factura”. Además, “hay foros donde se compran este tipo de acciones a freelancers que cobran por Paypal, por lo que no puedes ni saber a quién se lo estás comprando”.

Schou relata que Facebook ha intentado tomar medidas para evitar esas campañas fraudulentas, “pero siempre alguien se las ingenia” para saltarlas. En este caso no se sabe, ni se sabrá, quién le dio al botón.

Público