La monarquía española y el papelón de la prensa de papel, por José Antich


Valencia

Ningún diario de papel llevaba este lunes en su portada el primero de los casos de corrupción que tiene como protagonista a Felipe VI y que afecta a su escandalosa luna de miel por varios continentes, con un importe de alrededor de medio millón de euros, y abonado, según el diario británico The Telegraph, a medias por un empresario señalado como uno de los testaferros del rey emérito y por el mismo Juan Carlos I. Lo mismo ha sucedido con Televisión Española y con los telediarios. No es una anécdota esta situación sino el reflejo de una anomalía sobre cuál debe ser el papel de la prensa en una sociedad democrática y solo comprensible por la fragilidad de las cuentas de las respectivas empresas ante la caída de la venta de ejemplares y la publicidad. La prensa de papel se ha convertido así en un dique de contención para saber la verdad mientras se da la paradoja que las noticias que tienen que ver con la corrupción de la familia real española, esta también, sí acaban saliendo en las ediciones digitales, allí donde compite con otros medios de información y fuera del estanque de la otrora considerada prensa de referencia.

Por ahora, la única reacción de los conglomerados mediáticos españoles a la noticia que ha publicado el Telegraph ha sido la de El País, señalando que el palacio de la Zarzuela no iba a hacer comentarios; la del ABC, poniendo el foco en la princesa Corinna, ex amante de Juan Carlos I, como propagadora de la noticia; y la del comunicador Carlos Herrera de la COPE hablando de “una operación política para denigrar y debilitar a la Corona, y todo vale”. Es normal que no hayan querido ir mucho más allá ya que desconocen hasta donde irán saliendo cosas que pondrán en un brete a la familia real y que harán que cada vez sea más difícil impedir una investigación sobre el cobro de comisiones del rey emérito que, obviamente, ni empiezan ni acaban con el AVE a la Meca, que es donde ahora está puesto el foco. Mientras, diarios como el The Times titulaban la pasada semana, hablando de la familia real, “Sexo, mentiras y cuentas suizas” y se anuncian nuevas publicaciones en la prensa helvética de la vía de investigación que ha abierto la justicia del país alpino.

Es obvio que, pese a todos los esfuerzos, hasta el momento el deep state no ha conseguido dar con el botón mágico que ponga en negro todos los casos de corrupción que van emergiendo. Y también que entre aquellas cuatro paredes no hay la más mínima empatía con la situación actual, como demuestra, por ejemplo, el hecho de que tras la retirada de la asignación a Juan Carlos I que tenía los presupuestos de la Casa del Rey, y que surge de los presupuestos generales del Estado, nadie haya pensado que, ya que esta cantidad no va a tener destinatario, lo mejor era devolver los más de 160.000 euros al erario público. Pues no. La decisión adoptada ha sido incrementar el fondo de reservas de la Zarzuela para cubrir emergencias, como si se tratara de una familia normal agraciada con un ingreso derivado de un gasto que a partir de ahora no tendrá.

El profundo desgarro existente en España, que va mucho más allá de la monarquía, con muchas de sus principales instituciones señaladas por uno u otro motivo y en el que se unen la crisis territorial y la crisis económica, amplificada con una mala gestión de la pandemia, va a situar en el foco en los próximos tiempos a todos y cada uno de los actores. Por más que se pretenda esconder, los actuales reyes no van a poder estar en condiciones de intentar remontar el momento actual – suspenso claro en España y derrumbe total de valoración en Catalunya y Euskadi- sin un corte radical con el pasado y con las prácticas que ya empiezan a ser de dominio público. De no hacerse, el referéndum monarquía-república acabará siendo imparable en España.

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