
Se fue calladamente. Silenciosamente lúcida. Quiso controlar su vida hasta el final, como lo pidió: “hasta que mi cuerpo aguante”. Si. Se nos fue. Ana Messuti era simplemente Ana, la Inmensa Ana. Magna persona, con muchas cualidades humanas: bondad y generosidad se dieron la mano en ella. Sacrificó lo que podría haber sido una jubilación placentera a través de Europa o en su tierra natal: Argentina.
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