Las luchas intestinas por el poder amenazan con hacer estallar PODEMOS-CANARIAS


En días pasados, la prensa local recogía la noticia de la dimisión de siete miembros del Consejo Ciudadano Autonómico de Podemos. A través de un comunicado conjunto, los dimisionarios acusaban a la secretaria general del partido en las Islas,  Meri Pita Cárdenes, de ejercer una suerte de dictadura bonapartista en la organización, con la ayuda de una pequeña cohorte de incondicionales. Estas renuncias se producían poco después de que también se produjera la dimision de  toda la dirección de Podemos en Tenerife, aduciendo idénticos motivos.  «Falta de democracia interna» y  supuestos «ataques a la libertad de expresión dentro de la organización».

De esta manera, se agravaba la crisis interna del partido en el Archipiélago, en cuyo Consejo Ciudadano Autonómico quedan actualmente tan solo 19 de los 35 miembros con el que arrancó su mandato. Pese a todo, el pasado sábado, Meri Pita recibía el apoyo del Secretario de Relaciones con la Sociedad Civil y los Movimientos Sociales a nivel Estatal, Rafael Mayoral,quien achacó esta tremenda sangría en el órgano de gobierno regional del partido a la «juventud de la formación y a la rapidez con que se constituyó su estructura».

EL «CLAN SAGASETA»,  SÍ SE PUEDE Y EL «DISIDENTE» JUAN MANUEL BRITO

En realidad, las acusaciones vertidas contra la secretaría general de Podemos Canarias, perteneciente al  llamado «Clan Sagaseta» – por el apellido de su ideólogo y «alma mater» el abogado Joaquín Sagaseta –  no son novedosas. Como único grupo organizado, y con contactos directos con los dirigentes de Madrid, este «Clan» no tuvo ninguna oposición significativa para hacerse con el control de Podemos en la isla de Gran Canaria. Sin embargo, los testimonios de los ciudadanos sin afiliación que acudían inicialmente a los círculos  apuntaron muy pronto no solo a la utilización por parte de este grupo – entonces denominado Canarias por la Izquierda- de viejas tácticas de  “política de pasillo” para torcer  las asambleas en su beneficio, sino también a las «malas formas” y la “actitud dictatorial de la compañera Meri Pita«.

Pero, más allá de la presunta personalidad autoritaria de la hoy secretaria general de Podemos en Canarias, lo cierto es que los que se está produciendo en la «formación morada» es, fundamentalmente, una encarnizada  batalla campal por lograr parcelas de poder en la organización, con la proyección correspondiente en las instituciones. Se trata, en realidad, de una lucha cainita entre grupos, más o menos afines, con una trayectoria histórica similar y  sin  diferencias ideológicas sustanciales. Las diferentes facciones en discordia no difieren en su visión reformista acerca del papel a desempeñar en las instituciones. La cuestión es mucho más elemental: en el gallinero de Podemos-Canarias  no hay espacio  para tal cantidad de gallos y gallinas.

¿OPERACIONES «ORQUESTADAS»?

De acuerdo con la  versión  del enfrentamiento ofrecida por la propia Pita, todas las dimisiones en el Consejo Ciudadano Autonómico obedecen a una operación orquestada por la formación política tinerfeña Sí se puede, que en días pasados realizó su presentación en Gran Canaria de la mano del consejero de Podemos en el Cabildo, Juan Manuel Brito.

Para constatar que la naturaleza de esta guerra  nada tiene que ver con hipotéticos enconamientos ideológicos, bastaría con recordar que los grancanarios y los tinerfeños ya crearon una amistosa coalición electoral antes de la aparición de Podemos, «Canarias por la izquierda- Sí se puede», a la que luego se sumaría «Socialistas por Tenerife», un grupo escindido del PSOE.

Posteriormente,  el desembarco como auténticos paracaidistas que los miembros de Sí se puede protagonizaron en los círculos de Podemos Tenerifeno solo fue avalado desde Madrid por el triunvirato Iglesias-Errejón- Monedero, sino también desde Gran Canaria por la propia Meri Pita.

Algo diferente es el caso del actual vicepresidente segundo y consejero de Podemos en el Cabildo, Juan Manuel Brito, adscrito a grupos que históricamente se han disputado con el “Clan Sagaseta–Pita” el mismo espacio político reformista, con parecidas pretensiones de ascenso en el plano institucional. Brito, próximo a Nueva Canarias, logró utilizar sus propios apoyos para arrebatar a los primeros una cuota de poder en Podemos en Gran Canariaque, a la postre, le serviría para situarse en el lugar que hoy ocupa en la primera institución insular. Sus similares objetivos y concepciones, no obstante, ya habían hecho coincidir a Pita y Brito en el pasado, por ejemplo, en su apoyo público a  María Victoria Rosell, en contra de las mujeres sindicalistas de ICprocesadas por la jueza por realizar un acto reivindicativo en la sede de la patronal de Las Palmas.

Para dar su salto a la política institucional, Brito se valió, igualmente, de la cobertura que como supuesto “activista social” le concedía ser la cara visible en Canarias de la  ONG Acción en Red. Sin embargo, la pasada semana, se conocía que, desde el mes de junio, la dirección estatal de esta ONG decidió romper con su «franquicia» en la isla, por la «mala praxis» del Consejero en el Cabildo. Más concretamente, por su intento de enchufar a su pareja como directora insular de Igualdad, a través de la consejera  María Nebot.Un hecho significativo que Brito había mantenido convenientemente oculto hasta la fecha.

SE ROMPE LA ILUSIÓN DE LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA

Sea como fuere, el cúmulo de navajazos traperos y golpes bajos que los distintos grupos aupados al carro morado se propinan a la vista pública, en  sus luchas por el medro personal, han terminado por mostrar que la presentación dePodemos  como una “herramienta para la participación y el protagonismo popular» no era más que un mero eslogan propagandístico elaborado para vender la nueva marca electoral.

Hoy, la mayor parte de los  ciudadanos sin adscripciones previas, y con escasa o nula experiencia política, que creyeron ingenuamente que podrían participar en una suerte de renovado 15M con una traducción político-institucional, han regresado masivamente a sus casas, tras toparse de bruces con la cruda realidad que invariablemente terminan imponiendo los trepas.

Relegados a votar por Internet mediante un click de ratón, las propuestas cocinadas por quienes realmente deciden la orientación de la formación, del mismo modo que se vota a los participantes de un reality show, el espacio institucional en el partido ha sido definitivamente ocupado por políticos profesionales, con o sin experiencia previa, que han encontrado en la nueva formación el mejor trampolín para su promoción social o económica.

Especialmente ilustrativa de la desmovilización de quienes en principio acudieron de forma masiva a los hoy desaparecidos círculos, fue la estampa del acto celebrado el pasado sábado en el CICCA por la dirección de Meri Pita Cárdenes, con la presencia de Rafael Mayoral. Una convocatoria que pretendía escenificar el apoyo de la “militancia” a la cuestionada dirección y a la que acudieron apenas una treintena de afines, movilizados expresamente para la ocasión. La visión del encuentro – con alguna extraña excepción – recordaba más a las «Cumbres nevadas» del Kilimanjaro que a una multitudinaria  confluencia de jóvenes generaciones dispuestas a cambiar las bases de esta sociedad. Todo parece, pues, «volver a su sitio». Los usurpadores de siempre se hacen nuevamente  con el timón de la nave. Como en el 82.

Canarias Semanal