Cinismo subrogado, por Antón Losada


Ciudadanos ha presentado una regulación basada en el cinismo para proteger y amparar los derechos del comprador en un mercado salvaje

La gestación subrogada constituye un asunto tan complejo como inquietante. Se entiende la humanidad de amparar el deseo, no el derecho, de ser padres de quienes querrían pero no pueden por razones médicas, aunque sin duda parece más discutibles la necesidad o la urgencia de otorgar cobertura legal a la paternidad exclusiva de un famoso o un futbolista.  

Aún más se entiende la desconfianza de quienes ven en la gestación subrogada un negocio basado en la mercantilización del cuerpo de la mujer, la explotación de la miseria y la necesidad de los más pobres por parte de los más ricos. Si tienen alguna duda sobre si eso sucede o no, solo busquen en Google “gestación subrogada precio” y comprobarán que no hace falta sumergirse en el Internet profundo para ver el lado oscuro de un negocio basado exactamente en la explotación de los favorecidos sobre los desfavorecidos.

Albert Rivera y Ciudadanos acaban de presentar una propuesta para regular la gestación subrogada apelando a la necesidad de abrir el debate público en España. “O sea que tu cuerpo es tuyo para abortar, pero no para gestar desinteresadamente el hijo de otros. Ya”, tuiteaba con su inteligencia habitual ese mismo día Juan Carlos Girauta, uno de los portavoces estrella de Ciudadanos; sin duda como ejemplo de ese debate urgente pero responsable que pretenden abrir. “Ya sabes… ¡¡Nosotras parimos, nosotras decidi… ay que no!!” contestaba el diputado Félix Álvarez, Felisuco, otra estrella naranja. Los dilemas éticos, morales, sociales y jurídicos que plantea la gestación subrogada resultan de tal calibre que se hace especialmente molesto ver cómo se intenta aprovechar la desesperación de unos y otros para sacar tajada de cualquier clase.

La frivolidad y el oportunismo en política tienen su gracia; el cinismo, no, siempre resulta peligroso y siempre acaba en desgracia. La gran coartada de la propuesta naranja se basa en añadir a todo el calificativo de “altruista”, como si así se esfumaran los problemas y la complejidad por arte de magia. Solo desde el cinismo más absoluto se puede sostener que regular una supuesta “gestación subrogada altruista” resuelve el problema, abre un debate mínimamente útil sobre la cuestión o va a servir para proscribir un negocio basado en la explotación.

Este debate necesita verdad en tiempo real y llamar a las cosas por su nombre. No cinismo subrogado, medias verdades o trampas como llamar “compensación económica por las molestias” a lo que todos saben que será un precio. En la vida real, salvo más que contadas excepciones, no existe tal cosa como la llamada “gestión subrogada altruista”. En la vida real solo es la gestación subrogada por alquiler con otro nombre que la vuelve más soportable y políticamente correcta. En la vida real no funciona el altruismo, funcionan organizaciones opacas y de difícil identificación que se lucran ofreciendo gestaciones subrogadas al mejor postor en cuerpos de los que solo sabemos que se hallan en la más absoluta desprotección.

“No hay derecho a que uno tenga que gastarse 150.000 dólares, hipotecarse e irse a Estados unidos para ser padre o madre”, proclamó solemnemente el líder de Ciudadanos en la presentación de un propuesta que, paradójicamente, limita la subrogación a mujeres españolas o residentes legales en España. “¿Quiénes somos nosotros para decirles a los demás que no pueden ser padres?”, remató dramáticamente para defender una propuesta donde, al parecer, si se arroga el derecho de decírselo a quienes no hayan cumplido los 25 años, no hayan sido madres con anterioridad, tengan antecedentes penales o carezcan de una situación socioeconómica estable.

Ciudadanos no ha presentado una propuesta para regular las gestación subrogada y proteger a padres e hijos de las dramáticas consecuencias de un negocio oscuro e ilegal. Ha presentado una regulación basada en el cinismo para proteger y amparar los derechos del comprador en un mercado salvaje.

El Diario