Algunas reflexiones sobre la enseñanza, por C. Hermida


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Lo que no pude durar en los Institutos de este país es que muchos profesores ejerzan su trabajo con miedo a los alumnos, a los padres, a los directores y a la Inspección. Sí, ese miedo existe; a las reclamaciones, a las denuncias, a la fiscalización de los inspectores; miedo a unos alumnos que se consideran en posesión de todos los derechos pero sin cumplir ningún deber; miedo a unos padres que, en vez de colaborar con el profesor, le  consideran un enemigo que suspende a sus hijos injustamente; miedo a unos Directores convertidos en correa de transmisión de las autoridades educativas 

Ahora que vuelve a hablarse de pacto educativo y de llevar a cabo nuevas reformas en la enseñanza, quizás ha llegado la hora de que los profesores se hagan oír de una vez y se conviertan en los protagonistas, en vez de soportar resignadamente los desafueros de burócratas analfabetos que jamás han impartido la docencia.

Hay que transformar radicalmente nuestro sistema educativo en las etapas de la ESO y el Bachillerato. Actualmente, los profesores están sobrecargados con un trabajo burocrático absolutamente inútil. Memorias, planes de mejora, adaptaciones curriculares, etc., todas esas montañas de papel no sirven para mejorar la calidad de la enseñanza y restan tiempo para  que el profesorado se dedique a lo que es su verdadera función: impartir buenas clases. A medida que aumenta la burocracia los alumnos cada vez escriben peor y tienen menos conocimientos. Los  llamados planes de mejora  tienen el efecto de empeorar las cosas.

Es imprescindible acabar con toda esa jerigonza esotérica elaborada por los psicopedagogos: estándares de aprendizaje, indicadores de logro… Camaradas, amigos, compañeros y colegas de profesión: he sido profesor de Instituto durante treinta y seis años, en la especialidad de Geografía e Historia, y me he jubilado sin saber ni aplicar ninguno de eso conceptos; tampoco me he leído ninguna programación, ni siquiera las que tuve que elaborar como Jefe de Departamento, y no ha pasado nada. Sí, lo que ocurrió fue que mis alumnos aprendieron Historia.

Es necesario reivindicar una enseñanza  basada en los contenidos serios y profundos, con un soporte pedagógico adecuado, pero es preciso desterrar de las aulas todo ese andamiaje seudopedagógico que han impuesto unos Departamentos de Orientación que, en vez de orientar en sus estudios a los alumnos, hacen recaer sobre el profesorado un sinfín de cuestiones que no son de su incumbencia. El profesor y la profesora dan clase, pero no son asistentes sociales, ni pueden resolver problemas que incumben a otros ámbitos de la Administración. A todos esos orientadores hay que decirles que, cuando detectan situaciones graves en algunos alumnos, tengan el valor de denunciarlo a la policía.

Reivindicamos las lecciones magistrales, tan denostadas por quienes en su momento diseñaron la LOGSE, que, dicho sea de paso, fue la ley educativa que está en el origen de los males que nos aquejan. Muchos de aquellos psicólogos y pedagogos que elaboraron aquella reforma que después ha tenido su continuación en la LOE y la LOMCE,  en realidad eran unos ignorantes envidiosos  que no sabían distinguir entre Velázquez y Monet, no habían leído la Crítica de la Razón Práctica, tampoco el Quijote, y se dedicaron a denigrar, entre otras cosas, al cuerpo de catedráticos, hasta conseguir su desaparición.

Muchos compañeros de profesión lo piensan, pero no se atreven a decirlo: hay asignaturas que son fundamentales y otras no tanto. Es intolerable que la Historia de la Filosofía sea optativa en segundo curso de Bachillerato, en la Comunidad de Madrid, mientras se estudia Economía de la Empresa. La Economía (lo que se enseña es puro neoliberalismo)  debe perder peso en la ESO y el Bachillerato y ganarlo las Humanidades.  Debe decirse alto y claro. Queremos un sistema educativo que forme ciudadanos críticos y no futuros trabajadores sumisos y consumidores compulsivos.

El bilingüismo es un fraude. Ni los profesores ni los alumnos son bilingües. Esta no es la forma de aprender inglés. Que se añadan horas para aprender un segundo idioma, que cambie la metodología, pero lo que no puede permitirse es que la Historia de España que se estudia en la ESO se imparta en inglés. Se rebajan los contenidos y, al final, ni se sabe inglés ni Historia, por poner el ejemplo de una asignatura. Es vergonzoso, además, que el profesorado bilingüe cobre un suplemento salarial que no reciben el resto de profesores, estableciéndose de esta forma un agravio comparativo. Y el colmo de los despropósitos es que interinos que han sacado un 1 ó un 2 en la oposición estén dando clase simplemente porque se necesitan profesores habilitados en inglés. ¡Nos podemos imaginar la calidad de sus clases!

Y hablando de oposiciones, el modelo actual es inservible. Ya está bien de conseguir plazas defendiendo una programación y una unidad didáctica, fase en la que opositores se dedican a contar al tribunal la legislación educativa,  lugares comunes y pedagogía de andar por casa.

No puede mantenerse ni un día más la figura de aprobado sin plaza. Es una falta de respeto y una burla hacia los profesores interinos que, habiendo aprobado la oposición, se ven obligados a presentarse una y otra vez hasta conseguir la titularidad. Todas las vacantes reales deben salir a oposición y otra cosa es que haya una lista de interinos para sustituciones temporales.

Los Directores tienen que volver a ser elegidos por los Claustros y responder de su gestión ante el profesorado. Los actuales directores y directoras, nombrados por las administraciones educativas, son la voz de su amo. Sumisos ante la Inspección, a lo que contribuye un sustancioso complementos salarial y la reducción de carga lectiva, y, en muchos casos, despóticos con sus propios compañeros.

La enseñanza privada concertada tiene que desaparecer. El dinero público no pude seguir destinándose a mantener colegios privados, en su mayor parte religiosos, y engrosar el negocio de la Iglesia. Si los padres quieren enseñanza privada, que la paguen. El cáncer de la enseñanza pública son los conciertos económicos con la privada.

Los profesores deben ser respetados y admirados  porque su función es vital para la sociedad. ¿Hay algo más noble y admirable que transmitir conocimientos? Los profesores van a los Institutos a impartir la docencia y deben hacerlo en un clima de respeto y disciplina. Los alumnos y los padres tienen derechos, pero también deberes. El profesor es el eje vertebrador del sistema educativo y tiene el derecho a ejercer su profesión sin coacciones ni amenazas,  a ejercer plenamente la libertad de cátedra.  Y si algún alumno no lo entiende, se le expulsa del Instituto, y si se trata de los padres, se les invita a que lleven a su hijo/a a la enseñanza privada.

La enseñanza pública necesita una reforma integral, pero no se logrará mientras la mayoría de profesores murmuran en la cafetería o se quejan de la situación, pero no se movilizan ni se afilian a los sindicatos de clase. Compañeros de la enseñanza pública: somos trabajadores, esto debe tenerse muy claro, y no clase media, como algunos se creen. El que se autodenomina clase media, porque tiene un adosado que le supone una hipoteca de por vida, lleva a su hijo a la privada concertada, y mira por encima del hombro a sus compañeros interinos, eses es medio idiota, o idiota entero.