UN MANIFIESTO PARA LAS TRABAJADORAS


.“La cuestión de la emancipación de la mujer es una criatura del nuevo tiempo”. C. Zetkin. 

El 8 de Marzo se instituyó como jornada de lucha en el II Encuentro Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague en el año 1910, a propuesta de Clara Zetkin. Esta fecha conmemora las luchas obreras, especialmente la huelga de la fábrica Cotton Textile Factory en Washington Square, Nueva York, en cuyo incendio murieron 129 trabajadoras.

Las feministas socialistas del siglo XX que instituyeron la conmemoración del 8 de Marzo, situaron la lucha de las mujeres en el seno de la lucha de clases, poniendo de relieve con ello el complejo entramado de discriminaciones que sufren las mujeres trabajadoras. La gran mayoría de las mujeres no pueden encontrar la emancipación en la precariedad de sus empleos dentro del sistema capitalista, con salarios bajos, condiciones penosas y la doble jornada laboral y doméstica.

Clara Zetkin en 1896 escribiría:

“Por ello la lucha de emancipación de la mujer proletaria no puede ser una lucha similar a la que desarrolla la mujer burguesa contra el hombre de su clase; por el contrario, la suya es una lucha que va unida a la del hombre de su clase contra la clase de los capitalistas. Ella, la mujer proletaria, no necesita luchar contra los hombres de su clase para derrocar las barreras que ha levantado la libre concurrencia. Las necesidades de explotación del capital y el desarrollo del modo de producción moderno la han desplazado completamente en esta lucha. Por el contrario, deben levantarse nuevas barreras contra la explotación de la mujer proletaria, con las que deben armonizarse y garantizarse sus derechos de esposa y madre. El objetivo final de su lucha no es la libre concurrencia con el hombre, sino la conquista del poder político por parte del proletariado. La mujer proletaria combate codo a codo con el hombre de su clase contra la sociedad capitalista. Todo esto no significa que no deba apoyar también las reivindicaciones del movimiento femenino burgués. Pero la consecución de estas reivindicaciones sólo representa para ella el instrumento como medio para un fin, para entrar en lucha con las mismas armas al lado del proletario.”

El 8 de marzo quedará ligado a la historia y al socialismo para siempre, fueron las mujeres rusas las que iniciaron la revolución de febrero (8 de marzo en nuestro calendario) haciendo caer el zarismo e iniciando el proceso que culminaría con la revolución de octubre, el hambre y las penosas condiciones de las trabajadoras y trabajadores y del pueblo ruso en general encendería de la mano de las mujeres la mayor revolución de la historia hasta la fecha.

Es indudable que a lo largo del siglo XX hemos asistido a mejoras sustanciales, muchas de ellas inspiradas por la revolución de octubre, y  en lo que igualdad se refiere entre mujeres y hombres, sería absurdo negar la conquista del voto o la presencia de las mujeres en todos los niveles de enseñanza.

Pero el capitalismo tiene límites muy definidos que evitan la plena igualdad entre mujeres y hombres, no sólo porque estas conquistas se circunscriben a un determinado número de países, sino porque el capitalismo termina modulando y moldeando las conquistas en su propio beneficio: el mero comercio.

Vivimos en una sociedad donde la conquista de la “libertad sexual” se convierte en objeto de negocio y de consumo, se antepone la libertad de ganar dinero a costa de la esclavitud de las mujeres y se le llama “derecho a prostituirse” o “derecho a alquilar el vientre”. En nombre de la libertad los cuerpos de las mujeres son usados y desechados sin ningún pudor. España es uno de los países donde más prostitución se consume y se presiona, insistentemente, en la regularización para hacer del tráfico de seres humanos un negocio legal. La violencia ejercida contra las mujeres en la prostitución no se detiene ni ante las niñas tuteladas por el Estado, no cabe ante el caso de abusos a menores en Baleares más que la denuncia y pedir responsabilidades a quienes deberían haber protegido a las jóvenes más vulnerables de nuestra sociedad. no podemos por menos que defender desde la terquedad más absoluta la abolición de esa esclavitud llamada prostitución.

De igual modo, se degrada el “respeto” cuando es invocado para imponer el velo a las mujeres de religión musulmana y se anteponen los preceptos religiosos y las costumbres medievales a laicidad y los derechos humanos, se defiende como hecho cultural la opresión de las mujeres. No debemos olvidar, que no es casualidad que grupos religiosos integristas sean financiados y utilizados para controlar y desestabilizar zonas geográficas ricas en recursos naturales, sin importar la guerra y la destrucción que imponen y que afecta a hombres, niños y sobre todo mujeres. En nombre de la religión asistimos al saqueo y la destrucción en Siria, Líbano o Irak. Si algo ha sido una tradición en el feminismo ha sido y es su lucha contra la guerra, tradición, que  merece la pena conservar y no la del velo islámico.

Queda mucho por avanzar Ley Contra la Violencia de Género no ha conseguido parar la sangría de feminicidios en nuestro país que en lo que va de año alcanza la cifra de 13 mujeres asesinadas por sus parejas al finalizar febrero, hemos tardado años en poner el foco de atención en los hijos de las mujeres asesinadas. Las leyes no sirven para nada si no se las dota presupuestariamente para que puedan cumplirse, para atajar el feminicidio es necesario cambiar la sociedad, se necesita educar en igualdad y respeto desde la infancia, garantiza la seguridad de las mujeres amenazadas y servicios comprometidos con  la erradicación de la violencia. Nada de eso es posible sin la implicación de todos los estamentos del estado…

Se nos coloca en un nivel de inferioridad por nacer mujer, se justifica nuestra condición biológica para establecer jerarquías, niñas a las que se las somete a la ablación porque sólo son cuerpos para el matrimonio. Por ello, rechazamos absurdas teorías de género que niega nuestra condición de mujeres biológicas y mostramos nuestra solidaridad con las personas transexuales, que necesitan de atención y ayuda en su difícil situación.

Somos y seremos trabajadoras, pero seguimos cobrando menos, la brecha salarial se sitúa en un 22% menos en detrimento de las mujeres, pero sobre todo las mujeres ocupan el 75% de los empleos a tiempo parcial, el 18,8 % de las trabajadoras cobran menos del SMI. La doble carga que supone la familia supone que se acepten estos empleos, para compatibilizar familia y trabajo, esto aleja a las mujeres de la independencia económica.

Es imposible alcanzar la emancipación de las mujeres en el capitalismo, sólo en el camino del socialismo será posible la igualdad entre hombres y mujeres.

 Encenderemos, de nuevo, la chispa que prenda la revolución.

Asociación Clara Zetkin