«Los Pactos de la Moncloa articularon el esqueleto del Estado; lo increíble en política es no saber dialogar»


«Los Pactos de la Moncloa articularon el esqueleto del Estado; lo increíble en política es no saber dialogar». José Antonio Pérez Gallego (Martín Muñoz de la Dehesa, 1934).
 Profesor de Sociología y Ciencia Política, fundador de la Academia Studio y hombre comprometido con las libertades y la izquierda. Fue senador constituyente, elegido en 1977 (por 21.563 votos, el 8,76% de los segovianos), siendo el primer político socialista que logró un escaño en la Cámara Alta.

— ¿Cómo recuerda aquellos comicios constituyentes?
— Fue una situación curiosa y políticamente muy real, porque había un miedo tremendo a presentarse. No vaya a pensarse que cualquiera estaba dispuesto; ahora sí:hay tiros por estar e ir en la lista. Era una situación realmente diferente; ¡hasta en las asociaciones de vecinos había que rogar a la gente que se presentara!. La mayor parte no quería, sencillamente por miedo. Aquellos comicios se vivieron sin ninguna experiencia democrática, porque había sido barrida desde la segunda República. Se vivió con emoción y con ánimo enorme porque, pese al miedo, había unas ganas de luchar por la Democracia muy extendidas y, a mí, me apoyó el Partido Comunista.
— Pero usted se presentó por el PSOE.
— Me afilié al PSOE en 1975, en un tiempo en el que había que optar y comprometerse. Ya había un foco democrático fuertemente comprometido. El PCE aconsejaba en sus mítines que me votaran, porque en honor a la verdad, las relaciones que he tenido con el PCE fueron siempre, y siguen siéndolo, muy cordiales; incluso hubo un momento en el que estuve dudando si ir con el PCE o con el PSOE. A lo mejor me equivoqué.
— ¿Quién le pidió que se presentara al Senado por el PSOE?.
— Miguel Ángel Trapero y Javier Reguera, ambos. Tuvimos una cena amistosa y me tenían preparados los papeles. Tenía claro que era el momento de comprometerse; había que implicarse y por eso me decidí.
— ¿Por qué se decantó por el PSOE?
— Tanto el PCE como PSOE utilizaban el término marxismo y me decanté por el PSOE porque en los Estatutos del Partido de Pablo Iglesias, en aquel tiempo, el PSOE sí era marxista, y creí que siéndolo ambos, el PSOE tenía -y subrayo lo de ‘tenía’- un matiz más humanista que el PCE. Esa fue mi decisión, pero como algún comunista amigo mío me hizo saber después: ¡a lo mejor me equivoqué!.
— ¿Cuándo lo perdió?
— Mi opinión es que el PSOE dejó de ser socialista muy poco después de las elecciones del 77. Es evidente que había dos grandes corrientes y se vio ya en el 28º Congreso, cuando Felipe González pronuncia aquella lapidaria frase de: ‘Primero hay que ser socialista y después marxista’ en un enfrentamiento con el desaparecido Luis Gómez Llorente, un segoviano al que recuerdo con profunda admiración.
Ya militaba entonces en el PSOE y aquel era el segundo Congreso socialista que se celebraba tras al muerte del dictador Franco y el primero después de las elecciones generales en las que se vio que el PSOE se consolidaba como la segunda fuerza más votada.
Finalmente se rechazó la propuesta de Felipe González que fue quien propuso renunciar al marxismo como ideología oficial socialista. Es como decir que hay que ser católico y después cristiano. El PSOE, a día de hoy ha dejado de ser socialdemócrata, porque si lo hubiera sido no hubieran surgido otras corrientes políticas muy necesarias.
— ¿Hasta cuando militó en el PSOE?
— Me dí de baja en el PSOE y en UGT a principios del 80, cuando me dí cuenta de este giro y de otros. Tenía suficiente justificación para ello, sin entrar en otras consideraciones. Fue la baja de un militante más.
— Hablemos del papel que jugó el Club Studio, que presidió durante años.
— Fue un aglutinante de la oposición durante los últimos años del Franquismo y primeros de la Transición. Lo recuerdo con absoluto cariño. Cualquiera en la vida tiene muchas cosas de las que arrepentirse y pocas de las que estar orgulloso. En mi caso, si hay algo de lo que estoy racionalmente orgulloso, sin vanidad, es del Club cultural Studio. Fue el autentico foco democrático de Segovia y, también, un poquito en Cuellar y otro poco en Nava de la Asunción. Funcionó muchos años pero sobre todo, subrayaría, fueron años decisivos de cambio y contribuyó a ver y saber mirar de otra forma. Hay que darse cuenta que estamos hablando de su fundación hace más de medio siglo, de ahí que su papel fuera determinante en los últimos años de la dictadura. Creo honestamente que cumplió la función para que se creó en 1961, con el fin y la ilusión de instruir y educar en la transmisión de valores éticos y democráticos, en una época muy necesitada de ambos.
— Tengo entendido que los integrantes de las candidaturas progresistas eran o habían sido miembros del club Studio.
— Sí, en las elecciones de aquel 15 de Junio de 1977, todos los candidatos de la izquierda eran socios o simpatizantes del Club Studio. Primero se creó como academia y club, en 1961, con el apoyo de los alumnos en un pequeño local de la calle San Juan. ¡Imagina cómo era Segovia en los sesenta!. Al principio fue fundamentalmente deportivo y aquellas competiciones y entrenamientos daban mucha vida, pero es que, además, se alcanzaban incluso unas marcas deportivas muy importantes. Y sin medios de ninguna clase, teníamos equipos de piragüismo en la Alameda y se hacía remo; de alpinismo con subidas frecuentes a la sierra, y de fútbol, con gente que además de pasarlo bien, eran muy buenos deportistas.
— ¿Cómo convivían con las ‘fuerzas vivas’ de aquel momento?
— Mientras las actividades del Club Studio fueron deportivas, las fuerzas vivas, ¡un poquito muertas!, (sonríe con sorna) no nos miraban muy mal. La academia alcanzaba unas cotas de eficacia y resultados extraordinarios, con cerca de 150 alumnos. Cuando el grupo de socios comprometidos comenzó a hacer valer la frase de ‘hay que hacer algo’, entonces empezaron a mirarnos con recelo y, por mandato legal, la autoridad ejercía el in vigilando con una eficacia abrumadora. Nos pintaban la fachada; nos difamaban, pero pese a todo el club era un lugar de libertad donde se planteaban debates de altura y se estudiaba profundamente. Fue una época en el aspecto político extraordinaria y apasionante; de gran riqueza para su alumnado muy variopinto, por cierto, para todos y por tanto para la sociedad.

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