
Quienes nacimos a mediados de los años 80 del siglo pasado fuimos criados en familias profundamente marcadas por la llamada “transición democrática” en general y la Constitución del 78, como guinda, en particular. Nuestros abuelos y abuelas había vivido en sus carnes la postguerra (y la represión de los vencidos en muchos casos) y nuestros padres habían crecido en el tardofranquismo colorido y cantarín que trataba de ocultar la siniestra sombra de las torturas y las palizas en comisaría (y algún que otro asesinato) a través de propaganda y el desarrollismo. Esas dos esencias se encontraron en 1978 con la oportunidad de hacer historia cerrando la tapa del ataúd de la dictadura (O eso decía la prensa, claro) a través de algo tan subversivo y morboso como el votar libremente. Naturalmente la cosa era impresionante y no podían quedarse al margen, en un sentido u otro, del acontecimiento. Seguir leyendo A 39 años de 1978, por J. Pérez Galindo












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