Mientras se van los mejores y las mejores y crece la indignación popular sin flema, sin fuerza aún, sin una decisión firme de despertar, me acuerdo de este título de un poemario tremendo del gran Alberti: “Desprecio y Maravilla”. Luego fue todo distinto, vino la foto con Aznar, como la rendición de bajar la cabeza ante un premio dinerario, ante el Borbón, de Goytisolo, como ahora la decepción final de ese Serrat baboso ante la Monarquía que llamaba a tirar a golpes el procés, las urnas, los intentos de expresión, él, incoherente hablando de una democracia que es con reyes como lo que se decía de aquél Fraga y sus bragas. No, pajarito que vuelas tan miserablemente, ya no nos vas a gustar.
Este verano y principio de otoño ha sido de despedidas.
Estoy en Paris para rendir homenaje y dar el último adiós a Daniel Serrano un republicano de Torre de Esteban Hambrán España. residente en Francia desde décadas, donde ha sido feliz, en Bovigny, junto a su mujer (mientras ella vivió) y a su hija Rose-Marie hasta sus últimos momentos. Había cumplido 104 años.
La novela “Memoria vigilada” que publiqué hace unos años se iba a llamar “Zapatos limpios sobre charcos de sangre”. Un gran renombrado de una gran editorial quería utilizar este nombre para otra obra aunque no le autoricé porque era para lo que era, para señalar clarísimamente lo que aún pervive: el cinismo de limpiar y seguir dando esplendor a una monarquía en decadencia, bien podrida y ostensiblemente insultante, mientras los huesos de los fusilados siguen ahí en las cunetas y llenan de sangre los zapatos, impolutos en apariencia, de tantos. Mientras la clase política vive en su mundo autista y el dinero sigue aumentando con las guerras y el caos se extiende en forma de autoliquidación del Estado, la estabilidad mínima de subsistencia y la ausencia de pensamiento racional.
Las calles de Madrid y de algunas otras ciudades siguen de manifestación en manifestación por lo que debía ser obvio, pero hay que seguir peleando: la sanidad pública, contra el fascismo y contra el genocidio del actual Israel gobernado por un sátrapa que ni es semita (consultar los magníficos artículos de Thierry Meyssan en red Voltaire y las conexiones con el nazismo del jázaro Netanyahu y qué son estos en diversas fuentes documentadas en YouTube como Alfredo Jalife, para saber la historia).
Cada vez se pone esto de peor color. O sea, más feo, más turbio y lo claro, se ve más de dar miedito.
Víctor Hugo en la muerte del Balzac dijo: “De ahora en adelante, las miradas no se dirigirán a las cabezas de los que gobiernan, sino a las de los que piensan…. Hoy la tristeza del pueblo es el pesar por la muerte de un hombre de talento. La tristeza nacional es las aflicción por la desaparición de un hombre de genio…”.
No parece que Sánchez vaya a dimitir salvo que se lo hayan requerido desde el teléfono rojo, que precisamente no es el teléfono de Lenin, sino el de los contrarios.
Por eso, la carta de nuestro presidente suena más a amarre de amor con sus electores y base ante las exigencias del Imperio, las actuales y las por venir, que él ya conocerá. Y un amarre no es un amor natural, que nace solo, o por comportamiento satisfactorio: es una trampa. Y las trampas se hacen cuando prevalece el “yo” y no el “todos” y el “vosotros”. Y algo le traiciona el inconsciente en eso cuando nos habla de un amor privado y no del que nos debe tener a los representados.
Tras la guerra de Troya, Ulises emprendió el regreso a casa. Entendíamos que eso harían los partidos de izquierda o lo que de ellos quedaba (en algunos casos, como es el del PSOE, claramente poco y/o pocos). Entendíamos que habían firmado lo que pudieron pero que eso no sería un cheque de rendición y en blanco para siempre al aparato nuclear franquista y de añadidura, al imperio capitalista con una penetración consentida.
Tras un periodo largo sin escribir, por accidente inoportuno, me encuentro con una realidad tan poliédrica y absurda y criminal que es difícil ordenar.
Prometí hablar de las revoluciones líquidas en mi próximo artículo, este, pero hay toda una paleta de distracciones varias que nos matan el alma y el cuerpo y se interponen en toda tarea productiva.
«Tanto Pedro como Yolanda son el mismo sonriente perfil del Sistema, hasta que demuestren lo contrario con acciones contundentes, solucionadoras, que permitan vivir a los ciudadanos como ellos aceptarían para sí y los suyos como vida digna, mínimamente digna siquiera. La democracia, su concepto, exige gobernar para el pueblo y todos los que conforman ese pueblo, emigrantes incluidos, por supuesto.»
Llegan las elecciones, las más fáciles y las más difíciles desde la Transición. Fáciles en cuanto a no dar a esta ola de calor más grados, descartar absolutamente a quienes ni siquiera debieron estar jamás en el Parlamento, en Ayuntamientos, en la contienda electoral, en el juego democrático cuando practican políticas abiertamente fascistas, de rapiña de poco a poco de la libertades. Y había modos de evitarlo. Los hay. No se quiere, así parece. A Hitler se le dio poca importancia y luego tuvieron que pararle los pies, ya sabemos cuántas vidas costó.
Descaradamente en Europa se ha optado por financiar nazismo, darle de nuevo alas, asentarlo en las naciones colonas del Imperio e ir tensando poco a poco la cuerda para generar conflictos internos, la implosión finalmente de Europa, quizá, pero, mientras, su absoluto servilismo y ahí están los avances de partidos nazis, sus gobiernos, sus actitudes, renaciendo. Racismo, homofobia, fobia a la cultura, a la mujer, a la ciencia. Lo que es todo esto: Marcha para atrás. Y paralelamente, el Sistema impone políticas de debilitamiento de la población, sumisión, control, represalias, en cada una de sus naciones intervenidas. Políticas que llevan a cabo supuestos partidos de izquierda. Se quiere, se busca, el choque, los climas de pre guerras civiles incluso, por si llegara el caso de que interesaran en cualquier país. Se azuzan los talones de Aquiles de cada país y se abona el terreno para desobediencias controladas y castigos paralelos.
En estos tiempos que no dejan de ser los que definió Gramsci en que surgen cada vez más monstruos, ha tenido lugar en el Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid un acontecimiento que resulta un respiro, aire, normalidad democrática. Ha sido el acto de apoyo y homenaje al compañero Marco Santos, cabo injustamente expulsado del Ejército por firmar un contramanifiesto al manifiesto que hicieron otros militares de apoyo al dictador Franco, muerto no sé hace cuánto pero muy vivo en los estamentos, que diría Galdós, los estamentos de arriba a los que no interesan ciudadanos conscientes sino borregos.
Hace unas fechas, con motivo del día llamado de las FAS, hubo en Motril (Granada) unos fastos de exhibición de nuestros tanques y armas y fragatas y el único portaviones que tenemos, ya del siglo pasado. Se explicó a la población lo que hacen nuestros militares por esos mares de Dios, se subió a la chiquillería y demás adultos a los barquitos y tanques (no sé si de esos que mi compañero el teniente Segura -expulsado del Ejercito por denunciar la corrupción-, dice que no funcionan para nada, a los que hay que empujar desde el culito, como también me explicó hace tiempo otro militar indignado por ello, vaya por el gasto pa ná de los presupuestos de todo el pueblo, mientras sigue la lista kilométrica de espera en Sanidad y tanta cosa…).
“Unámonos para garantizar a los débiles frente a la opresión, contener a los ambiciosos y asegurar a cada uno la posesión de lo que les pertenece; instituyamos reglamentos de justicia y paz a los que todos estén obligados a atenerse, que no haya excepciones respecto a nadie y que de algún modo reparen los caprichos de la fortuna sometiendo por igual al poderoso y al débil». Rosseau: “Discursos sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres”
No es hoy la derrota, compañeros, sino cuando fuimos, cuando somos, cuando sigamos siendo… parte del poder.
Los sin techo imrpovisan «viviendas» con tiendas de campaña en pleno centro de San Francisco, una de las ciudades más ricas de EEUU
Nada más llegar me enamoro, he de reconocerlo, tengo ansias por ver más, quiero comerme la ciudad, abarcarla, subir y bajar sus empinadas cuestas, pisar el puente naranja y el otro de Embarcadero, el puente de La Bahía, que en realidad descubro que me gusta más, que es el que añoraba, esperaba ver. Se va levantando la mañana en San Francisco.
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