No parece que Sánchez vaya a dimitir salvo que se lo hayan requerido desde el teléfono rojo, que precisamente no es el teléfono de Lenin, sino el de los contrarios.
Por eso, la carta de nuestro presidente suena más a amarre de amor con sus electores y base ante las exigencias del Imperio, las actuales y las por venir, que él ya conocerá. Y un amarre no es un amor natural, que nace solo, o por comportamiento satisfactorio: es una trampa. Y las trampas se hacen cuando prevalece el “yo” y no el “todos” y el “vosotros”. Y algo le traiciona el inconsciente en eso cuando nos habla de un amor privado y no del que nos debe tener a los representados.
Tras la guerra de Troya, Ulises emprendió el regreso a casa. Entendíamos que eso harían los partidos de izquierda o lo que de ellos quedaba (en algunos casos, como es el del PSOE, claramente poco y/o pocos). Entendíamos que habían firmado lo que pudieron pero que eso no sería un cheque de rendición y en blanco para siempre al aparato nuclear franquista y de añadidura, al imperio capitalista con una penetración consentida.
El 14 de abril de 1931 nació la Segunda República en nuestro país. Este fue el contexto social y político que propició aquella proclamación, y estos fueron los hechos de aquel día
Tras un periodo largo sin escribir, por accidente inoportuno, me encuentro con una realidad tan poliédrica y absurda y criminal que es difícil ordenar.
Prometí hablar de las revoluciones líquidas en mi próximo artículo, este, pero hay toda una paleta de distracciones varias que nos matan el alma y el cuerpo y se interponen en toda tarea productiva.
El cantante, ‘alma de la Movida’, miembro de bandas emblemáticas de los 80 como Siniestro Total o Golpes Bajos y autor de canciones legendarias, fallecía la Nochebuena de hace una década
Castro –que instruyó el caso Nóos– e Yllanes –que estuvo a punto de presidir el tribunal– abanderan una iniciativa que pretende que el jefe del Estado se pronuncie, en su discurso de Navidad, sobre sus privilegios para que PP y PSOE aprueben una reforma constitucional
Estoy escuchando a Gerardo Iglesias (minero, sindicalista y diputado español por IU) en la presentación de su último libro. Una señora le pregunta acerca del peligro de cuestionar la democracia; le alega que «la democracia está en peligro». Gerardo le responde acerca de la gran transformación que deben sufrir los partidos, habla de los «aparatos de los partidos» como «aparatos o maquinarias electorales», de la instalación de algunas personas en las cúpulas de los partidos estatales.
Un silencio de muerte recorre ya muchas ciudades de Gaza entre cuyas ruinas solo flota la culpa, la inmensa culpa que no se borrará por siglos, la culpa de ese mundo que, por segunda vez, por no levantarse contra la barbarie, está permitiendo que las muertes se cuenten por decenas de miles, que otras tantas vidas estén dejando de ser tales mientras los pulmones inhalan el sucio aire contaminado por el estallido de las bombas que, noche y día, caen sin importar el objetivo. Movidas realmente por un único propósito: la muerte y el exterminio.
La voz, la palabra, el grito de un pueblo pidiendo ayuda y socorro resonaba en las calles y las casas del pueblo palestino mucho antes de que el pasado 10 de octubre Hamás realizara un ataque que terminaba con la vida de cientos de personas. Muchas preguntas quedarán en el aire en forma de sospechosas dudas acerca de si hubiera podido evitarse y por qué el servicio de inteligencia israelita, el más poderoso del mundo, no lo detectó a tiempo. Hoy quizás ya no importe siquiera responder.
Injusticia, desigualdad y pobreza son los tres pilares sobre los que se apoya ese escalofriante número de muertos que ha producido el último terremoto en Marruecos. La causa de ese horror no se explica desde el hecho natural de un tremendo terremoto que ha convulsionado las entrañas de la tierra en una zona que se sabe de alto riesgo y donde no era tampoco la primera vez que ocurría. La causa del desastre humano está en el propio ser humano, en esta sociedad impía, injusta y tan profundamente desigual. Dónde los que más tienen padecen la enfermedad de querer tener más hasta límites incontrolables, movidos por una total ausencia de fraternidad, de compasión, y un exceso de indiferencia, de crueldad.
Ayer se hacía pública, una vez más, por medios marroquíes, la llegada del Presidente del Gobierno en funciones a la ciudad marroquí de Marrakech. Con ello, Sánchez muestra una vez más su indiscutible apoyo a un decadente régimen que vulnera de manera sistemática, diaria e impune los Derechos Humanos del pueblo del Sahara Occidental.
Se cumplen en este mes de agosto tres aniversarios de la represión franquista: fusilamiento de Federico García Lorca (18 de agosto de 1936), matanza de Badajoz (14-15 de agosto de 1936) y fusilamiento de las “Trece Rosas” (5 de agosto de 1939). Los tres hechos se explican a la luz de los objetivos que perseguía el golpe militar de julio de 1936 y la guerra civil que desencadenó la sublevación.
«Tanto Pedro como Yolanda son el mismo sonriente perfil del Sistema, hasta que demuestren lo contrario con acciones contundentes, solucionadoras, que permitan vivir a los ciudadanos como ellos aceptarían para sí y los suyos como vida digna, mínimamente digna siquiera. La democracia, su concepto, exige gobernar para el pueblo y todos los que conforman ese pueblo, emigrantes incluidos, por supuesto.»
La apuesta de Pedro Sánchez por Yolanda Díaz como aliada preferente tiene como objetivo prescindir de la componente republicana y ajena al Régimen que se ha atribuido —de forma exagerada— a Podemos. La candidatura de Yolanda Díaz se llama sarcásticamente Sumar cuando se trata de una escisión.
Llegan las elecciones, las más fáciles y las más difíciles desde la Transición. Fáciles en cuanto a no dar a esta ola de calor más grados, descartar absolutamente a quienes ni siquiera debieron estar jamás en el Parlamento, en Ayuntamientos, en la contienda electoral, en el juego democrático cuando practican políticas abiertamente fascistas, de rapiña de poco a poco de la libertades. Y había modos de evitarlo. Los hay. No se quiere, así parece. A Hitler se le dio poca importancia y luego tuvieron que pararle los pies, ya sabemos cuántas vidas costó.
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