En esta ocasión, la ignominiosa visita de nuestros vendedores de muerte, encabezada por Felipe VI, es mucho más grave que la realizada en 2012 por Juan Carlos I cuando intentó por todos los medios vender 275 carros de combate Leopard a los sauditas. Y lo es por varios motivos.
Hace unos días, Felipe VI manifestaba su compromiso contra el terror y lo hacía junto a María Dolores de Cospedal en lo que, evidentemente, se trataba de un respaldo a su política de aumento presupuestario. Aumento, dicho por otra parte, que no repercutirá en la mejora de las condiciones de vida de los militares ni evitará la muerte o el abandono de estos, sino que será dedicado a comprar y comprar y volver a comprar. Siempre, claro está, que no se dedique a costear veraneos o campos de golf para oficiales, que también puede ser. Seguir leyendo Felipe VI, un rey comprometido con el terror saudí, por Luis Gonzalo Segura*










La crisis del sistema

En nuestro país, cuando se ha pretendido dedicar calles y honores a perpetradores de atentados y agresiones contra víctimas de otros tipos de violencia, se ha legislado para impedirlo, y la intervención de la Justicia y de los responsables políticos ha sido inmediata y contundente. Las víctimas del franquismo seguimos soportando el insulto y la humillación de ver calles y plazas de nuestro país dedicadas a los asesinos de nuestros padres y abuelos; a quienes nos encarcelaron y nos torturaron. Creemos -coincidiendo con las recomendaciones al Estado español de los organismos internacionales de derechos humanos – que las víctimas del franquismo son merecedoras del reconocimiento legal y de la consideración que se les niega, simplemente la misma que es exigible hacia las víctimas del terrorismo o del Holocausto, por ejemplo. 
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