Ser demócrata en Europa está unido de forma indisoluble a ser antifascista. Algo que en España la herencia franquista de la transición impide ver con claridad

Jan Kubis y Joseb Gaczik son dos héroes del pueblo checo. Consiguieron ese honor tras atentar contra Reynhard Heydrich, director de la Oficina Central de Seguridad del III Reich y acabar con su vida en el marco de la Operación Antropoide. “El carnicero de Praga” murió el 4 de junio de 1942 por las heridas causadas después de que Kubis y Gaczik lanzaran una mina antitanque modificada contra el vehículo en el que viajaba el jerarca nazi. Seguir leyendo El derecho a celebrar la muerte de Carrero Blanco, por Antonio Maestre
En esta ocasión, la ignominiosa visita de nuestros vendedores de muerte, encabezada por Felipe VI, es mucho más grave que 









La crisis del sistema

En nuestro país, cuando se ha pretendido dedicar calles y honores a perpetradores de atentados y agresiones contra víctimas de otros tipos de violencia, se ha legislado para impedirlo, y la intervención de la Justicia y de los responsables políticos ha sido inmediata y contundente. Las víctimas del franquismo seguimos soportando el insulto y la humillación de ver calles y plazas de nuestro país dedicadas a los asesinos de nuestros padres y abuelos; a quienes nos encarcelaron y nos torturaron. Creemos -coincidiendo con las recomendaciones al Estado español de los organismos internacionales de derechos humanos – que las víctimas del franquismo son merecedoras del reconocimiento legal y de la consideración que se les niega, simplemente la misma que es exigible hacia las víctimas del terrorismo o del Holocausto, por ejemplo.
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