Somos la nación del Valle de los Caídos, de las calles y estatuas dedicadas a asesinos, de «periodistas» y políticos que defienden públicamente a un maldito dictador

La noche de Reyes murió un hombre bueno. José Alcubierre pasó cuatro años y medio en el campo de concentración nazi de Mauthausen, donde vio cómo su padre, Miguel, era asesinado. Nunca fue reconocido como un héroe por el país que le vio nacer. Ni él ni los miles de compatriotas que, por defender la libertad, acabaron en el peor de los infiernos creado por el ser humano. José murió como todos ellos: olvidado e ignorado por su Gobierno, por sus políticos, por su país. José era español.






Un libro reconstruye la vida de un joven militante del PCE(M-L) que murió por ingestión de ácido en 1973 tras ser torturado por la Guardia Civil. El interrogante sobre la muerte (¿suicidio o asesinato?) es el último cabo por atar de un relato de represión, violencia y ocultación por parte del franquismo. Martos agonizó durante 21 días en un hospital de Reus sin que nadie avisara a su familia y hasta fue enterrado en una fosa común a sus espaldas







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