
Es célebre la frase acuñada por el historiador católico británico conocido como Lord Acton en la que atribuye al poder una característica universal, perpetua y, además, acumulativa: “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. O dicho de otra manera: toda persona que ejerce el poder acaba siendo corrupta en un grado proporcional al del poder que ostenta. En cierta ocasión, Acton replicó a un obispo que no podía aceptar la presunción de inocencia del Papa o del Rey, pues consideraba que los grandes hombres son casi siempre hombres malos. Esto es, moralmente corruptos. Seguir leyendo Entre una república nacionalista y otra insumisa, por Juan Antonio Cabello














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