
El estado profundo es en realidad un estado superficial y corrupto de la vida. La canalla habitual que comienza por casas reales y ricachones con todos los poderes, nos imponen en titulares de prensa como si nada, como si fuera un escaparate de cualquier otro producto a consumir, de moda, la pederastia, el secuestro de la democracia y la guerra, la pobreza en derechos conquistados durante décadas con grandes sacrificios por la clase obrera y la mentira como norma de ir por este campo de minas mundial de puntillas, mirando para otro lado y rezando para que no nos explote a nosotros bajo los pies pues si fuera al vecino, ¿qué importa?
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La tradicional cesta de Navidad, tan popular y apreciada por los asalariados, viene sufriendo, y mucho, las consecuencias de la crisis económica. En la última década, el presupuesto destinado por las compañías a estos obsequios se ha visto reducido cuando no suprimido.
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