En nuestro comunicado de 14 de noviembre, sobre los atentados en París, alertábamos de “que estos atentados van a reforzar las corrientes xenófobas y racistas que alarmantemente se extienden por el continente europeo, a la vez que van a servir de justificación a los gobiernos para reforzar la represión y cercenar los derechos civiles”.
Pues bien, uno de los sectores que están echando leña al fuego, que están promoviendo esas corrientes y, por ende, ayudando a poner una alfombra roja al recorte de libertades y a la represión son los prebostes de la Iglesia católica española.
El señor J. Ignacio Munilla, a la sazón Obispo de San Sebastián, utilizó abyectamente la tragedia y el dolor para apuntalar la ideología excluyente y xenófoba de su secta. Así, saltó cual resorte horas después de conocerse los atentados para apoyar las ignominiosas palabras de su cristiano colega, Antonio Cañizares. Se podía leer en su twitter que “El cardenal Cañizares fue injuriado por alertarnos del peligro. ¡Cuántas lecciones nos da la historia!”, y lo remata cínicamente con al hashtag “#PrayForPeace” (“oración por la paz”). Seguir leyendo La jerarquía católica: campeona de la reacción y la xenofobia, por Agustín Canales
Hoy 20 de noviembre se cumplen cuarenta años de la muerte del dictador y golpista Francisco Franco y el día 6 de diciembre se cumplirán treinta y siete años de la proclamación de la Constitución monárquica.
¿Quién era Pedro Serrano, el misterioso mensajero que llevó el Bando de los Alcaldes del 2 de mayo de 1808 hasta Badajoz? De entrada, un postillón no, ya que el cometido de los postillones era acompañar y guiar a los viajeros de una casa de postas hasta la siguiente en el itinerario postal y no podían, por reglamento, ir más allá. Creemos haber dado con la clave: se le cita en un documento del Archivo General de Simancas; se trata de un informe remitido en julio de 1810 por el presidente de la Junta Criminal Extraordinaria de Madrid, Domingo Agüero y Neyra, al ministro de Justicia de José I Bonaparte. En él se da cuenta del interrogatorio hecho a un tal Juan López, que acusaba a un boticario de Carabanchel Bajo, Juan Ortiz Caballero, de participar en partidas guerrilleras; este boticario fue detenido y declaró que, el 12 de julio de 1808, había participado con un tal Pedro Serrano, natural de Lucena (Córdoba) y convecino suyo, en el asesinato de varios franceses; incluso afirma que se presentaron en Andújar ante el célebre general Castaños para entregarle unos documentos interceptados a dichos franceses.
“Lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa, y por eso nos pasa lo que nos pasa” escribía en 1922 José Ortega y Gasset en su obra La España Invertebrada. Esta afirmación, rotunda en su complejidad sigue siendo hoy tan cierta como cuando fue escrita, aplicable a la sociedad en general pero en particular a la clase trabajadora.
El próximo 11 de septiembre los principales medios de comunicación de todo el mundo volverán a conmemorar los atentados que sufrió Estados Unidos el año 2001. Las televisiones mostrarán una vez más las imágenes en las que dos aviones se lanzan contra el World Trade Center y el posterior hundimiento de las dos “torres gemelas”. Los periódicos condenarán una vez más el terrorismo islámico y multitud de editoriales advertirán sobre la necesidad de reforzar la seguridad frente a los enemigos de la libertad. Sin embargo, otro 11 de septiembre quedará en penumbra, apenas se le dedicarán algunos comentarios en esos mismos medios que año tras año recuerdan a las víctimas estadounidenses. Nos referimos al golpe que el ejército chileno perpetró contra el gobierno de Salvador Allende y que instauró una brutal dictadura que asesinó y torturó a miles de personas. Ese golpe no merece tanta atención por el papel directo que tuvo la administración estadounidense. Y es que son muchos los periodistas que no quieren molestar a quien les da de comer. En un hipócrita ejercicio de doble moral, se condena el terrorismo que sufrió Estados Unidos, pero se ignora el terrorismo sistemático que ejerce este país contra los pueblos del mundo.



De nuevo dan el golpe. No tuvieron ni tienen suficiente con la venta de 2935 viviendas. Sin importarles lo más mínimo los inquilinos. Sin importarles lo más mínimo la razón de ser del Organismo Público, el Instituto de la Vivienda al que tanto empeño tienen en desmantelar, por no querer entender que las viviendas que gestiona este Instituto son viviendas de protección pública en régimen de alquiler, cuyo objetivo es favorecer a los ciudadanos con rentas más bajas que puedan adquirir o alquilar viviendas dignas, asequibles a sus posibilidades.
Por Carlos Quintero | 7 de mayo de 2014 |


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